LIBROS PUBLICADOS POR Eduardo García Carmona...

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lunes, 29 de septiembre de 2025

La otra pesca: el black bass o "el bocazas" como es conocido este pez...

 

"El bocazas"


 “Tocando cielo” para pescar Black Bass en la presa de Chira (Gran Canaria)…

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 


No es la primera vez que acudo a la presa de Chira, en la isla de Gran Canaria, para pescar el Black Bass. Espero que no sea la última y que, lo mismo que hemos hecho mi amigo, Manuel Montes (dep), y yo, sean muchos más los aficionados que puedan hacerlo dentro de un ecosistema controlado, con un desarrollo sostenible y donde las posibilidades de una presa como Chira pasen, de ser sólo para agua de riego o abastecimiento, también para el desarrollo de una zona deprimida e, incluso inhóspita, donde la agricultura y la acuicultura sean el estandarte o bandera de progreso. Va por ti amigo Montes que en gloria estés.


Quien más, quien menos sabe lo que son los pueblos o aldeas, como se dice en la península, que se encuentran en zonas poco transitadas o con mucha dificultad para poder acceder a ellas. Son pueblos “fantasmas” en muchas ocasiones. Lugares que tuvieron extraordinaria vida no hace más de 50 años pero que con la llegada del progreso, poco a poco se fueron abandonando en busca de nueva y mejor vida que la del campo.

Conocía esta premisa que acabo de exponer en lo que los canarios llaman “la península”. Aquí, en la isla de Gran Canaria, donde residí unos cuantos años, la situación es prácticamente la misma que en cualquier aldea de Galicia, Asturias, Castilla o León, por poner tres ejemplos de las zonas que más conozco.


Ocurre que en la montaña de Gran Canaria, entre los Roques Nublo, Fraile y el Pico de Las Nieves, existe vida humana y animal, además de pinares hermosos de la especie autóctona canaria. Vida que surge como los barrancos que llevan nombres con singularidades de la zona: Baranco de Ayaguares y el de Fátaga, por un lado, o el pinar de Tirajana, por otro. Esa vida, junto a la naturaleza más árida y semi desértica por zonas, es la que ha hecho posible la subsistencia de muchos isleños que agarrados al clima de las cumbres, con inviernos duros y verano con un sol abrasador. Es fácil encontrar, en la zona centro de Gran Canaria, aves de todo tipo, con especial reclamo de perdices rojas y morunas, roedores como el conejo de monte, etc. que son la delicia de los aficionados al arte cinegético.


Más fácil era, aún, encontrarse rebaños de cabras. Ahora, en pocas ocasiones.

La poca vida que resta en muchos pequeños núcleos de población que aún existen, sus gentes se dedican a la agricultura y la ganadería. Las plantaciones de patatas, “las papas”, están en la orden del día. También viñedos y árboles frutales varios, predominando el almendro, naranjos, olivos y aguacates, aunque lo que más predomina y se hace parte del paisaje son las chumberas o tuneras,  Aloe Vera, pitas, y palmerales, muchos palmerales que permanecen como testigos en sus cauces…y los barrancos que en el camino que une La Plata con los Cercados de Araña, son impresionantes con las presas de Chira, Las Niñas y Soria como testigos.


La presa de Chira y La Cueva de la familia de Luis, vecino de Santa Lucía de Tirajana, fueron nuestro punto de cita, aunque el lugar de reunión fue en San Bartolomé de Tirajana, en la que Luis es presidente de la Agrupación Agropecuaria de la zona, donde se termina de dar un curso sobre desarrollo sostenible, con asistencia de un buen grupo de jóvenes y menos jóvenes, con inquietudes para el desarrollo a través de la agricultura y la pesca. Allí quedamos con Manuel Montes, mi compañero de pesca, y con él, además de Luis, Pedro, Santiago y Cayetano. Juntos, vamos a pasar un fin de semana en la montaña y dormiremos en La Cueva de Luis.


Hasta Cercados de Araña la carretera, aunque sinuosa y estrecha, está asfaltada y señalizada a no más de 40 kilómetros a la hora. Desde Cercados a La Plata y La Cueva, sólo se puede acceder con todoterreno y transitando por caminos de tierra y piedra con dificultad para encontrar la senda buena, incluso para quienes han subido varias veces.


Una grata sorpresa ha sido el conocer La Cueva de Luis, aunque en honor a la verdad habría que decir la cueva de los antepasados de Luis, pues fue el padre de su abuelo y éste, los que hicieron posible el aposento con los años.

El lugar es paradisíaco, como se puede comprobar en las fotografías. Las comodidades, todas: agua corriente, luz eléctrica…Vamos, por mi mente nunca se me hubiese ocurrido pensar en todo esto, viendo por donde transitábamos y lo que dejábamos detrás.


Un oasis paradisíaco, con varias cuevas labradas en la roca de la montaña, y casitas con un blanco esplendoroso que se mezclan con el verde de las palmeras y el colorido de huertas y jardines. Toda cueva, toda casita tiene un jardín repleto de flores y árboles frutales.

Escaleras que subir fue lo primero que nos encontramos, después el patio. Frente a éste, la cocina. Al otro lado, una habitación amplia con cama matrimonial, litera, sofás, armarios y hasta televisión. Subiendo, frente al patio, y hacia la derecha, otra habitación, más o menos con similares características de amueblamiento. Eso sí, blanqueadas como antiguamente se hacía en todas las casas, con cal.


Tras acomodarnos, todos bajamos hasta Cercados para pescar en Chira. Estaba cayendo la tarde y era el momento de probar suerte con el Black Bass.

La presa, aunque mucho más baja de caudal que cuando estuve la anterior vez, estaba perfecta para pescar, aunque hacía un poco de frío.

Manuel y yo montamos nuestras cañas de mosca seca para pescar con poppers y estreamers. Luis y Cayetano pescarían a spinning. Pedro y Santiago, serían los encargados de documentar lo ocurrido y ayudar.


Pronto cayó la noche y con las primeras penumbras llegaron los primeros peces que se fueron multiplicando según pasaban los minutos.

Fue una hora de pesca, pero con mucho disfrute. Quien más, quien menos sacó y devolvió otra vez a las aguas, de diez a doce piezas.

De vuelta a La Cueva y por el mismo sendero que con la oscuridad se convertía en más hermoso.


Llegados al alto ver la presa de Chira y el poblado de Cercados se convirtió en una postal de ensueño. ¡Qué hermosura!

Después, terreno despoblado y, prácticamente, sin vegetación hasta coger el sendero hacia La Cueva donde la hermosura de una noche estrellada se mezclaba con los puntos de luz de las diferentes cuevas y casitas y, al fondo, la mayor de las presa de la isla, la de Soria.

Lanzando el popper

Había que preparar la cena y mientras unos pelábamos patatas, otros preparaban embutido llevado desde León, ensalada, etc.

Al calor de la mesa y un buen vaso de vino de la tierra de Tirajana, se comenzó a hablar de proyectos futuros, no muy lejanos. Ellos, ya están trabajando en la agricultura sostenible y, además, de plantaciones de almendros, viñedos, olivos, naranjos y otros árboles frutales. Tocaba turno para hablar de un futuro de desarrollo sostenible, de la zona de San Bartolomé de Tirajana, por medio del turismo y la pesca. Hay que aprender a explotar la 


riqueza piscícola de las presas del municipio y llevar a San Bartolomé no sólo al turismo de playa con San Agustín, Playa del Inglés y Maspalomas como prototipo en el municipio. Hay que llevar a San Bartolomé de Tirajana hacia el turismo rural sostenible, con casas rurales para pescadores donde, además, sea obligatorio el ofertar los productos autóctonos de la zona: aceite, vinos, hortalizas, carnes, frutas y donde la pesca de Black Bass y Carpas, con peces que han sobrepasado los 6 kilos, de un Bass, o los 25 kilos de una carpa, para que sean el atractivo o manera de relanzar la zona más deprimida de la montaña central de Gran Canaria.


Se está trabajando en el proyecto y a la vuelta de unos meses, con el apoyo del ayuntamiento de San Bartolomé, el Cabildo y el Gobierno Canario, se podrá sacar adelante.


Al día siguiente, sólo cuatro bajamos a pescar a Chira. Pedro y Luis se quedaron en la cueva haciendo reparaciones y preparando el terreno la huerta y los frutales que también deben de ser atendidos, aunque sea un par de días a la semana.



La jornada de pesca matinal fue atractiva, con buenos peces a cucharilla y a ninfa y donde a la vuelta nos esperaba una suculenta comida a base de pollo y pescado de mar que se había traído para el acontecimiento.

miércoles, 27 de agosto de 2025

Otro tipo de pesca: LAS VIEJAS REINAS EN CANARIAS...

 



Pescando “viejas” reinas desde roca en el Atlántico…

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 


Ha sido mi “bautizo” pescando viejas en Canarias. Este tipo de pesca con caña desde tierra en el mar, necesita mucha preparación. Todo comenzó el día anterior con la búsqueda del cebo y el engodo o alimento preparatorio para pescar este tipo de pez llamado "vieja”. 
Quizás, por  el parecido que tiene la dentadura de este pez con la humana, tenga ese nombre singular.


Para engodar la zona de pesca, es necesario recoger unos pocos kilos de “oricios”, que dicen los asturianos, erizos de mar para ser más correctos. Además, hay que coger el cebo para la pesca. Se trata de cangrejillos de mar que, vivos, se incorporan pinchados por un ojo al anzuelo.


Hacerse con erizos de mar y cangrejillos es otra historia. Hay que ir hasta la localidad de Bañaderos, localidad próxima a Las Palmas y con la mar baja pisar las piedras, moverlas y coger a mano los cangrejillos. Toda una aventura. Hay que ver como corren estos diminutos seres cuando se invade su zona de vida.


Mientras mi compañero de pesca, Dani, coge media docena de cangrejillos, yo tengo uno y de casualidad. Todos se me escapan. Miro, observo y detecto la técnica del nativo. Hay que ponerles, velozmente, la mano o los dedos encima, para después de inmovilizar al crustáceo llevarlo al recipiente. No es nada fácil. Claro, para él resulta menos complicado.


Tenemos el cebo favorito de “las viejas”, los pequeños cangrejos. Ahora sólo nos falta el engodo: los erizos de mar.

Hay que cogerlos pero, ¿cómo y dónde? Entre las piedras hemos visto un par de ellos. Son pocos. Hay que ponerse el neopreno, las aletas, las gafas y el tubo  bucear. Quien bucea es Dani, experto en estas lides. Yo, como mucho, bucear, bucear, en la piscina. Así que, observo y tras varias inmersiones, a pulmón,  mi compañero me muestra su bolsa con erizos de mar. Ya tenemos casi todo.


Los erizos y los cangrejos los llevamos en dos recipientes diferentes y el olor a mar, de las primeras horas, al día siguiente se convierte en un olor nada agradable. No, no estaban muertos. Ocurre que el agua de mar, unido a los excrementos de crustáceos y erizos hace posible que el olor se convierta en insoportable. Corregido este extremo gracias, otra vez, al agua de mar, todo volvió a ser normal.

Cuidadosamente, con mimo, sacamos de la funda las dos cañas para pescar las “viejas”. Se trata de una ceremonia o ritual habitual entre los pescadores, sean de mar o río. Cañas, carretes, hilos, anzuelos, son las herramientas imprescindibles.


El flotador es especial y confeccionado artesanalmente por mi compañero Dani. Los plomos, ídem.    El flotador está realizado con neopreno de diferentes colores, cuidadosamente trabajado a base de cuchillas y lijas. El orificio central, por donde deberá pasar el sedal, tendrá un cierre sacado de la fibra central de una caña de bambú. Los plomos, son recortados de una pieza mayor y hechos a gusto del pescador, con diferentes tamaños. Son metidos en una caja, junto con polvos de talco.


El sedal, es hilo del 35, suficiente para aguantar la embestida de piezas superiores a los 2 kilos. El anzuelo, a gusto de pescador, pero de buen tamaño y calidad de acero. El bajo de línea y hasta la atadura del anzuelo, se complementa con un recubrimiento de hilo trenzado, para reforzar la zona. La “vieja” tiene una dentadura de envergadura, con dientes muy afilados que podrían romper el sedal.


El carrete a utilizar es uno convencional, como los que se utilizan en la pesca de río o pantano. Se trata de un carrete de lance con cinco cojinetes.

La caña es de carbono, con cinco metros de longitud, algo pesada para mí, acostumbrado al lance ligero, en río, y mosca seca con cañas de carbono, que no pasan de los cinco pies.


Ahora sí. Todo está listo. Sólo faltan los peces.

Para llegar al lugar elegido: La Punta, lugar próximo a la capital grancanaria, hay que atravesar una zona rocosa baja, donde el agua nos salpica al pasar. La marea está subiendo, poco a poco. La roca donde nos aposentamos está unos metros más alta. El mar rompe en


su frontal, creando cortinas de agua y espuma de un blanco resplandeciente. Las olas caminan a un lado y otro de La Punta. El sonido se hace sinfonía agradable, en un lugar recogido donde, a mar abierto se puede observar “El Roque de Ceniciento”, un promontorio que se hace isla, frente a La Punta. Por medio, agua de un azul cielo, hermoso, y olas con crestas blanquecinas. Comenta Dani que, entre el Roque de Ceniciento y La Punta, existen varios buques y barcos hundidos, fruto de tempestades y choques con las rocas.


Ya estamos los dos situados y en posición. Unimos al anzuelo el cebo, el cangrejillo vivo. Se lanza el engodo sobre la zona de pesca, tras un machacado de erizos, en plena roca. Y…¡a pescar la vieja!.

Lo de pescar, pescar, será para otra ocasión, porque ni especialista, ni redactor pudieron sacar ni un sólo pez. No estaban por la labor y por ello, tras tres horas intentándolo, desistimos. Ni una sola picada pese a los infinitos lances realizados. El mar bravo, con olas fuertes, fue la disculpa, por lo que para poder contarles algo sobre la pesca de este pez, quedamos para una segunda jornada de pesca en el mismo lugar.


La mar no estaba tan brava como en la primera jornada. La pleamar y bajamar, aunque no eran idóneas para pescar, tampoco eran malas. Era mediodía. El agua sacudía las rocas creando una sinfonía musical delicada y distinta a la primera jornada donde, el choque agresivo del agua con las rocas, retumbaba en la zona. La brisa era, prácticamente, nula. El sol lucía en todo lo alto, haciendo que la transparencia del agua fuese total. Divisábamos las rocas más ocultas en la profundidad y cada vez que se lanzaba el engodo, se veían muchos  peces, de diferentes familias, prestos para comer.


Tras varios lances sin fortuna y más de una hora de pesca desde las rocas de La Punta, llegó el primer tirón. Tuvo que tirar “la vieja” del engaño existente en la caña inexperta: la mía. Al pez no le pude trabar pero, del tirón que le metí a la caña, mejor que no se hubiese enganchado, porque le hubiese arrancado la dentadura. La emoción estaba creciendo.


Dani, continuaba engodando la zona y dándome instrucciones de dónde tenía que lanzar. Él, estaba convencido de que los peces llegarían y entrarían mejor al señuelo.

Llevábamos más de dos horas cuando…¡zás! Allí estaba la primera pieza. No me dio tiempo ni a sacar la foto. Nuestro especialista había conseguido sacar, hasta la roca, la primera “vieja”. No era de gran tamaño, más bien terciada, pero interesante.


De color anaranjado oscuro, la pieza tenía una belleza sutil. De lo fea que era, con aquellos dientes y unos ojos que parecían que iban a estallar, hasta parecía hermosa. Ya conocía, personalmente, a la primera “vieja” de mi vida. No la había pescado yo, pero no importaba.

Hicimos un alto para comer el bocadillo, con una cervecita y otra vez a nuestra posición en la roca. Frente a nosotros y a la espalda, varios pescadores más practicaban la misma pesca, en la zona conocida como El Confital. Ninguno había conseguido trofeo.


Tras dos primeros lances, llegó un tercero y…¡zás!, otra vieja había entrado al engaño de Dani. Esta era mejor. Casi un kilo dio en la báscula. Después, una tercera pieza y una cuarta…Las piezas las mantuvimos vivas, en una pequeña piscina que las olas del mar habían dejado sobre las rocas.

A las 16,30 horas dejamos de pescar y no me pude estrenar. El bolo me persigue en el mar y es que, para un pescador de agua dulce, el mar es muy distinto.

 


La pesca de la trucha en nada se parece a este tipo de pesca en el mar y menos si se practica el lance a cola de rata. La situación es distinta. Mientras en el río el pescador ha de ir a buscar al pez bajo las salgueras, tras una roca, a la salida de una corriente, en una chorrera o en un remanso, en el mar, el pez busca al pescador, por lo que si la pez no aparece, el tedio y cansancio de estar en una misma postura puede terminar minando nuestro aguante. No quiero decir que la pesca en el mar, desde roca, sea aburrida más bien que para un pescador de mosca seca, poco o nada tiene que ver con la pesca en el río.


CARACTERÍSTICAS DE LA VIEJA

La vieja es un pez de la familia Scaridae, conocida, científicamente, como Sparisoma cretense, vulgarmente llamada: vieja, vieja colorada, vieja parda, vieja melada y vieja lora.


Se trata de un pez que, un año es hembra, y su coloración es anaranjado-rojizo, con manchas amarillas o blanquecinas, en ocasiones, y al año siguiente es macho, adoptando un color grisáceo-pardo. Al menos así lo apuntan los lugareños. Es abundante en todas las islas del archipiélago canario pero, especialmente, en la isla de Fuerteventura. Se encuentra, principalmente a menos de 50 metros de profundidad, en fondos rocosos y rocosos arenosos con algas.


El tamaño es variable, aunque adquieren mayor dimensión y peso en su año como macho, que cuando son hembras. No es difícil encontrar ejemplares mayores de dos kilos de peso, aunque lo normal es que el peso oscile entre los 400 y 800 gramos.


Cuando “la vieja” toma el engaño y se traba en el anzuelo es brava, muy brava. Da enormes sacudidas y tira hacia la profundidad de las aguas. No es de extrañar que la caña de pescar se curve totalmente, por lo que el carrete deberá tener un buen  freno, aunque no es conveniente tenerlo demasiado fuerte. Estando algo flojo, se disfrutará más de la pesca de este pez que posee dientes muy afilados, por lo que deberemos tener mucho cuidado que no nos rompa el sedal, aunque sea del número 35.


Este pez suele atacar el señuelo varias veces. Primero, tantea arrancando alguna pata al cangrejillo. Después, puede repetir acción. Por fin, ataca con fiereza el señuelo, siendo el momento ideal para dar el cachetazo y trabar por la boca.


Es, precisamente, la boca de este pez la que reúne unas características muy peculiares. Posee una dentadura similar a la de los humanos. Además, en la garganta posee un tipo de triturador, para que el alimento sea digerido, tras ser molido antes con una especie de muelas situadas: dos de ellas, en la parte superior de la garganta y otra en la inferior.


Las escamas, son duras y de unas dimensiones considerables, dependiendo del tamaño de la pieza. Es probable, si no se tiene cuidado, que el pescador inexperto resulte con alguna cortadura, en sus manos, a causa de las escamas, o bien con una dentellada, en el momento de quitar el anzuelo.

miércoles, 16 de julio de 2025

Pescando en mis sueños, AQUEL RIAÑO Y BACHENDE...



Cómo he disfrutado pescando en el coto de BACHENDE “El Internacional”      

 

Texto: Eduardo García Carmona 

Fotos: E.G.Carmona y otros

 


Hoy me he levantado alegre, feliz y satisfecho. Entre mis sábanas estaba acompañado de “soledad”. No, no se trata de soledad (mujer),  si no de otra amiga que nos acompaña a todos en ocasiones: LA SOLEDAD con mayúsculas.

Antes de


despertar confieso que he gozado como hacía tiempo que no lo hacía soñando. He vuelto a estar en el río de “mis recuerdos leoneses”, aquel que conocí de niño cuando vivía en Olleros de Saberos, aquel que disfruté pescando con Maelín el de “Santa Olaja”, con Pepín, con Vicente, ambos “bancarios en el Banco Central” de la capital leonesa, con Pablo “Bagardí” que nos dejó bastante joven, lugar que ocupó posteriormente su hijo Gonzalo en la cuadrilla de pesca, ¡qué tiempos!


Entre la nostalgia he vuelto a salir a pescar
al “río de mis sueños” como lo hacía hace 50 años. Me refiero al río Esla y, como “la cabra tira al monte”, siempre me aproximo, de una u otra forma, a Riaño, al Riaño de antes de 1987, el que tenía sabor a pueblo de montaña y hasta un Parador Nacional muy próximo, en La Puerta. Aquel Riaño de disfrute y amistades, con muchas actitudes buenas de sus gentes y donde el olor a estiércol se hacía agradable, tanto como los cariños de sus gentes curtidas por inclemencias, sacrificios y trabajos. Aquellos chopos que se clavaban en los cielos junto a las praderas próximas a la carretera general hacía San Glorio o al Pontón, hacia Cantabria y Asturias.


El caso es que metido en mi sueño gocé viendo lo que hacía cuando lo disfrutaba en vida y me metí, sin permiso, a pescar en Bachende “El Internacional”, que así se le conocía.

Qué bonito sobrenombre o apellido el del desaparecido coto de Bachende, “El Internacional” pero, por algo se le conocía por el mismo. Este acotado fue uno de los más antiguos de la provincia de León y me atrevo a decir que con las mejores truchas. La verdad es que lo fue todo como coto entonces, con celebraciones de Campeonatos de España inolvidables donde triunfaba, Manuel Martínez Reglero, el de Ezpeleta.


Metido en mi sueño, transitaba para llegar a este coto por los accesos que aún recuerdo, accesos que eran muy cómodos.

¿Quién no conoce, de una u otra forma, dónde estaba el viejo Riaño?

Era la parada principal para pescar en Bachende, donde tomaríamos el café justo a la entrada,  al lado de la gasolinera, en la tienda-bar de Enrique.


Desde León, había que salir en dirección a Mansilla de las Mulas. Al pasar el puente, a la entrada de esta población, se podía saber cómo bajaba el río Esla. Desde Mansilla hasta Huelde todavía quedaban muchos kilómetros de carretera.

A la salida de Mansilla se notaba el bullicio de muchos veraneantes que poblaban desde primeros del mes de julio la capitalidad de “la Pícara Justina”, de La Estrella, la sala de fiestas con más renombre de León donde  Pencho, su dueño, siempre con su bigote a “lo Jalisco”, era “el rey”.


Cogíamos la carretera a Cistierna pasando poblaciones a la margen izquierda del Esla como La Aldea del Puente, Quintana de Rueda, Villahibiera, Quintanilla y más allá, Vidanes, cuna que fue del Padre Isla.

Toda la ribera es un vergel gracias a las aguas del Esla. Son ricas sus huertas e inmensas sus arboledas.

En mi sueño tengo cerca Cistierna, está a un paso, después de pasar Sorriba, localidad a la puertas de Cistierna donde paro a comprar unas teclas, dulce que preparan de forma exquisita y donde existía un hotel que “un fraile Agustino” creó pero cerrado desde hace muchos años. Una pena porque se comía muy bien. Aquí cambia totalmente el panorama, pasando de la planicie a la montaña.


Pasada Cistierna, localidad famosa por otros dulces típicos, los lazos de San Guillermo, el río Esla no deja de acompañarnos, unas veces por una margen y otras por la otro pero, siempre un Esla señorial y altivo en unos tramos, con prisa en otros y los más, en verano, sosegado y tranquilo, mostrándonos sus entrañas llenas de piedras que cobijan a nuestra trucha común, no como ahora.

Después, Aleje, Verdiago...y llegamos a Valdoré, otro gran acotado. Tenía, cuando el Esla era Esla sin controlar, unas tablas de pesca sensacionales, cómodas para el pescador, con lindas praderas para el asueto y una trucha de gran calidad.


Carretera adelante, sigue nuestro paseo hacia Huelde. Nos metemos en Crémenes, popular por su importante corro de aluches (lucha leonesa), y donde termina otro coto, el de Las Salas.

Antes de entrar en Crémenes, admiramos el puente que conduce, por la otra orilla del Esla, hasta Villayandre y, donde son muchos los pescadores que se daban cita para pescar en la zona libre.

Después, Las Salas... ¡adiós querida Manuela, Serafín, Loli, Belén y demás buena gente!


Como estoy soñando veo de frente el muro del pantano
, aún sin cerrar sus compuertas y el letrero pintado en rojo con una palabra DEMOLICIÓN en l aparte posterior. A la derecha, la carretera de Remolina y el arroyo del mismo nombre que va a caer al Esla.

Metidos en el túnel, el frescor se agradece, mientras salpican las gotas de agua la luna de nuestro coche. Al salir, miramos y remiramos lo que nuestros ojos alcanzan. Toda la grandeza natural de aquellos lares algún día, se cerrará a nuestro ver, oír y sentir. Qué pena porque así fue posteriormente.


El camino que resta es corto hacia el destino final. A la vista está el puente de Huelde y Casa Pedro, parada obligatoria del pescador, donde siempre éramos bien atendidos y donde siempre que voy, me deleitaba el paladar con un riquísimo vino blanco amontillado, fresquito, que no sé de donde lo traía Pedro pero, que estaba delicioso, recuerdo. Con el vino llegaba la charla y las preguntas: ¿qué tal las truchas? ¿A qué hora se mueven?... ¿Y el río?... Eran las preguntas  rutinarias de todos los pescadores.

E


El "Internacional"
, el coto de Bachende, t
erminaba precisamente aquí, en el puente de Huelde. Más allá estaba el comienzo, en el puente de Bachende antes de enfilar la última curva y coger  después la recta que nos lleva hasta Riaño, aquél Riaño. Antes, en el recorrido, nos encontrábamos con un paraje ideal, bonito cien por cien, con duras rocas que vigilaban a un lado las praderas y arboledas y, siempre con el Esla por medio que tenía en este acotado tablas largas y hermosas para disfrutar del lance pescando. Justo en el medio del acotado, el arroyo de Anciles. A su lado la estrecha carretera que nos llevaba, siempre entre rocas, a ese hermoso pueblecito, Anciles, más vivo y más real, ahora en verano, que en invierno, cuando estaba poco habitado y solitarias sus callejuelas. ¡Qué fuente tenía Anciles, con agua pura, cristalina y fría! Fuente que tenía historia, la historia de los pastores que llegaban de Extremadura.


Todo el coto de Bachende era bueno para la práctica de la pesca y fácil de caminar aunque, era más apta la margen que está pegada a la carretera, donde encontrábamos praderas y mucha arboleda. Enfrente, a los pies del Esla, la montaña con sus rocas blanquecinas, por eso era más difícil el pescar en ese lado.


El sueño se remonta al verano de 1982 y es que “realmente” estoy pescando. El río Esla baja mermado, muy mermado en su caudal. Es aconsejable pescar al sereno tanto de la mañana y como el del atardecer. Se recomienda no acercarse mucho a las orillas, por la transparencia de las aguas y pescar siempre aguas arriba.


Aunque todo el acotado era bueno para el arte de pescar destacaba, entre otros, el comienzo del coto desde el puente de Bachende, con unos buenos rápidos de agua. También es excelente el final. El tramo desde el puente de Huelde, terminación del coto aguas arriba, tenía una tabla hermosa para el lance. Me refiero a la tabla de "el puerto", donde los pescadores disfrutábamos de lo lindo con la bravura de esta trucha que tenía Bachende.

Eran muchos los aficionados que pescaban en este acotado a cebo, pues estaba permitido. Se conseguían, por la mañana temprano, excelentes ejemplares en la zona del pozo de la "S", o en el de los "peñones".


El acotado de Bachende fue una maravilla para el pescador, con el recreo visual de un paraje sin igual y un contraste bello y hermoso, el verdor de los prados, arboledas y las rocas blanquecinas reflejándose en las limpias aguas del río Esla.

Mi tocayo, Eduardo Redondo, era el guarda de este acotado que, vigilaba con esmero y cariño, siendo  respetuoso y atento para el pescador. ¡Un amigo, vamos!

Qué gran jornada de pesca recuerdo en mi sueño. Que gran día pasamos la cuadrilla porque en mi sueño volvieron a acompañarme Pablo “Bagardi”, Maelín del de Santa Olaja (Ismael) y Pepín el bancario. Vicente en aquella jornada no pudo estar con nosotros.


Volví a trabar mi gran trucha plateada, aquella que conté en mi pregón de la Semana Internacional de la Trucha de León, aquel gran ejemplar que siempre recordaré bajo la luna de una noche maravillosa que tras sentirle y “sufrirle” se quedó para criar mientras mis lamentos se oyeron en toda la montaña de Riaño. Que gran ejemplar.

Precisamente mi sueño finalizó cuando “mi soledad del coronavirus” me hizo volver a la realidad tras sufrir la pérdida de dicho ejemplar por segunda vez, aunque ahora en sueños.


Adiós Bachende, hermosura de acotado que lo fue, de rica y sabrosa trucha. Lo dejo con pena en el corazón pensando que, a no pasar mucho tiempo, toda la zona estará inundada, sumergida entre las tinieblas oscuras de agua en su espesor perdiendo todo ese encanto, esa belleza de su alrededor, por culpa de la agonía sedienta de otras tierras de Castilla y León.

¡Hasta siempre Bachende, porque nunca podrás salir de mi mente, con imaginación y recuerdo repleto de imágenes bellas!

Al poco tiempo de realizar este sueño ocurrido en 1982, aquél coto conocido como el “Internacional”, se lo tragó, como a todo el valle de Riaño, las aguas de los ríos Esla y Yuso, una vez cerradas las compuertas del muro del pantano de Remolina un  31 de diciembre de 1987.