MUY BUENA FREZA O FRIEGA EN LOS RÍOS LEONESES
Texto y fotos Eduardo García Carmona
El espectáculo vivido en el
río Omaña obliga a ser justos con la naturaleza. Si la reproducción de la
trucha es algo maravilloso ¿por qué no sabemos apreciarlo? ¿por qué muchos
desalmados aprovechan esta circunstancia para hacer daño?
La naturaleza es sabia sabe reponerse de
los muchos golpes proporcionados. Aún así, llega un momento en que ya no puede
más y necesita ayuda para subsistir. Los humanos estamos en la naturaleza y
mientras los animales no racionales saben cuidar su medio natural, los que nos
hacemos pasar por racionales, hacemos todo lo contrario.
La freza en el río Omaña ha sido
sensacional como hacía años no veía. Como siempre, por desgracia, alguien
llegará que la estropeará. Ojalá no sea así. Abogo por la concienciación hacia
la naturaleza, porque de esta forma estaremos trabajando por un futuro más
digno para todos. Si respetamos nuestro entorno, por fin habremos conseguido
respetarnos a nosotros mismos.
Corría el año 1.624
cuando el astorgano Juan de Bergara ofrecía una minuciosa explicación de cómo
elaborar moscas artificiales.
“En nombre de Dios y
Nuestra Señora. Este es un libro de aderezar y adobar plumas para pescar en
algunos meses del año y en particular de Henero y Febrero y Marzo y Abril y
Mayo hasta San Juan.
Las
cosas han cambiado tanto desde Bergara que, a no ser que la conciencia humana
quiera, los ríos no saldrán de esa “UVI” constante a la que están sometidos desde
hace años. ¿
¿Y
la trucha?
La
singular pintona que habita sus aguas corre el mismo peligro. Peor. Al
necesitar agua limpia, pura, cristalina y oxigenada, “la reina de los ríos”, en
su estado autóctono sin cruces ni otras historias ha desaparecido en gran parte
de la península Ibérica. León no ha sido menos.
Esta
bendita tierra, después de ser “paraíso europeo” de la trucha autóctona (salmo
trutta fario), cada temporada que pasa ve como aquella riqueza se está
convirtiendo en recuerdo.
TRUCHA AUTÓCTONA
Afortunadamente,
en la provincia de León aún restan reductos donde poder contemplar la
naturaleza en su estado más puro. Aún restan algunos ríos, pocos, donde la
trucha autóctona retoza, se mueve, procrea y vive. Me refiero a la comarca de
Omaña con el río que la da nombre y todos sus afluentes.

Pocos
paisajes se pueden comparar al de Omaña. En cada vena acuosa surgida de las
grietas de las cumbres existe vida para las pintonas. Esas venas avanzan
crecientes hacia los valles y llanos, alimentando bosques, sotos y riberas. El
mosaico que presentan en su discurrir es variopinto a la vez que imparable.
Humedales
donde crecerá la acedera, el diente de león o los berros, esas
plantas ácidas únicas de tierras como esta. Arroyos y riachuelos donde la
trucha sube para poner sus huevas; donde el desmán de los pirineos y la nutria
juegan, mientras las garzas, últimamente abundantes en la zona, revolotean
próximas. Algunos arroyos conservan su caudal durante todo el año, otros
muestran su lecho de arenas y piedras cuando llega el estío.
Oterico,
Ceide, Ariegos... antes de llegar a Pandorado. En Vegarienza, el arroyo
Valduín. Después, los dos ríos que forman el Omaña: Omañón y Valle Gordo. Por
medio fuentes y más fuentes.
LA DANZA DE LA VIDA
Con
la llegada del crudo invierno leonés con nieves e hielos, la trucha se refriega,
colea, pone sus huevas en el lecho pedregoso del río, escarba y entierra vida.
El macho atento a todo lo que hace la hembra, vivaz y rápido, como un relámpago
cubre con su semen las huevas. Es el rito de la vida en pleno río Omaña.
Son
varios los frezaderos observados. Lugareños y pescadores saben muy bien donde
está la “friega o freza”. Con las aguas limpias los fondos más claros y
removidos delatan las mismas. Las piedrecillas y arenas están más claras al
haber sido desplazadas por las colas de hermosos ejemplares autóctonos, con
espléndidas manchas oscuras en su cuerpo, en las que sobresalen destellos
rojizos de sus pintas.
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Poblaciones
importantes de truchas adultas cubren zonas determinadas del río. Están a lo
suyo y poco les importa lo que ocurre en las orillas. Nos acercamos y, a no ser
por causa de movimientos bruscos, las pintonas continúan preparando el desove.
Los ejemplares de 2, 3 y 4 años, dependiendo del río y la zona: ribera o
montaña, depositan en las piedrecillas de 2.000 a 3.000 huevas durante los 10 o
15 días que dura el cortejo. El trabajo agota. Los ejemplares mayores muestran
su cuerpo estilizado y delgado tras la friega. No sólo pierden peso al
desaparecer las huevas de su vientre, pierden peso y quedan extenuadas, después
de largos días de parada.
ENTRE UN 5 AL 10% DE LAS HUEVAS SALEN ADELANTE
Del
fruto depositado se consigue una pobre cosecha: entre el 5 y el 10% de las
huevas salen adelante. Sólo la mitad de estas se convertirán en ejemplares
adultos. Las huevas se pierden entre las piedras a causa de los
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depredadores,
por la propia naturaleza que en las crecidas las arrastra, por la enfermedad de
la Saprolegnia o debido a otras muchas causas. Es el equilibrio natural. Muchas
frezas podrían salvarse. Es el caso de las huevas depositadas en las orillas.
Debido a la falta de puertos en el curso del río Omaña, muchos desoves se
pierden. Ya no se trabaja la tierra como antes, no se riegan las praderas
tampoco, los molinos no producen o han desaparecido. Esto hace posible que la
corriente del río sea continua con tiros rápidos, sin obstáculos.
Con las
crecidas invernales el río baja con mucha fuerza profundizando las zonas
medias. Al mermar el agua el río se reconduce por las zonas más profundas,
dejando las orillas secas. Así se pierden muchas frezas en Omaña. No estaría de
más que la Administración tomase nota y pusiera remedios.
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Gracias al trabajo de la guardería otras
frezas se ponen a “buen recaudo”. La tala de ramas de los alisos, matorrales y
otros árboles y arbustos protegen zonas de desove.
En
los ríos de montaña de la provincia de León, la freza se retrasa hasta el mes
de Abril. Es el momento de la apertura de la temporada truchera. Es la hora de
que los aficionados se conciencien y acudan al río protegiendo las frezas y no
pisoteándolas.
Por
lo comprobado en diferentes zonas del Omaña, Curueño, Bernesga, Torío, Luna, Órbigo,
Cea, Esla, Tuerto, Duerna, Burbia y Valcarce, el futuro de la trucha está
asegurado gracias a las excelentes frezas, ahora resta lo más importante y es
saber mantenerlas.