PESCARMONA DÓNDE Y CÓMO PESCAR EN LEÓN

LIBROS PUBLICADOS POR Eduardo García Carmona...

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miércoles, 27 de agosto de 2025

Otro tipo de pesca: LAS VIEJAS REINAS EN CANARIAS...

 



Pescando “viejas” reinas desde roca en el Atlántico…

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 


Ha sido mi “bautizo” pescando viejas en Canarias. Este tipo de pesca con caña desde tierra en el mar, necesita mucha preparación. Todo comenzó el día anterior con la búsqueda del cebo y el engodo o alimento preparatorio para pescar este tipo de pez llamado "vieja”. 
Quizás, por  el parecido que tiene la dentadura de este pez con la humana, tenga ese nombre singular.


Para engodar la zona de pesca, es necesario recoger unos pocos kilos de “oricios”, que dicen los asturianos, erizos de mar para ser más correctos. Además, hay que coger el cebo para la pesca. Se trata de cangrejillos de mar que, vivos, se incorporan pinchados por un ojo al anzuelo.


Hacerse con erizos de mar y cangrejillos es otra historia. Hay que ir hasta la localidad de Bañaderos, localidad próxima a Las Palmas y con la mar baja pisar las piedras, moverlas y coger a mano los cangrejillos. Toda una aventura. Hay que ver como corren estos diminutos seres cuando se invade su zona de vida.


Mientras mi compañero de pesca, Dani, coge media docena de cangrejillos, yo tengo uno y de casualidad. Todos se me escapan. Miro, observo y detecto la técnica del nativo. Hay que ponerles, velozmente, la mano o los dedos encima, para después de inmovilizar al crustáceo llevarlo al recipiente. No es nada fácil. Claro, para él resulta menos complicado.


Tenemos el cebo favorito de “las viejas”, los pequeños cangrejos. Ahora sólo nos falta el engodo: los erizos de mar.

Hay que cogerlos pero, ¿cómo y dónde? Entre las piedras hemos visto un par de ellos. Son pocos. Hay que ponerse el neopreno, las aletas, las gafas y el tubo  bucear. Quien bucea es Dani, experto en estas lides. Yo, como mucho, bucear, bucear, en la piscina. Así que, observo y tras varias inmersiones, a pulmón,  mi compañero me muestra su bolsa con erizos de mar. Ya tenemos casi todo.


Los erizos y los cangrejos los llevamos en dos recipientes diferentes y el olor a mar, de las primeras horas, al día siguiente se convierte en un olor nada agradable. No, no estaban muertos. Ocurre que el agua de mar, unido a los excrementos de crustáceos y erizos hace posible que el olor se convierta en insoportable. Corregido este extremo gracias, otra vez, al agua de mar, todo volvió a ser normal.

Cuidadosamente, con mimo, sacamos de la funda las dos cañas para pescar las “viejas”. Se trata de una ceremonia o ritual habitual entre los pescadores, sean de mar o río. Cañas, carretes, hilos, anzuelos, son las herramientas imprescindibles.


El flotador es especial y confeccionado artesanalmente por mi compañero Dani. Los plomos, ídem.    El flotador está realizado con neopreno de diferentes colores, cuidadosamente trabajado a base de cuchillas y lijas. El orificio central, por donde deberá pasar el sedal, tendrá un cierre sacado de la fibra central de una caña de bambú. Los plomos, son recortados de una pieza mayor y hechos a gusto del pescador, con diferentes tamaños. Son metidos en una caja, junto con polvos de talco.


El sedal, es hilo del 35, suficiente para aguantar la embestida de piezas superiores a los 2 kilos. El anzuelo, a gusto de pescador, pero de buen tamaño y calidad de acero. El bajo de línea y hasta la atadura del anzuelo, se complementa con un recubrimiento de hilo trenzado, para reforzar la zona. La “vieja” tiene una dentadura de envergadura, con dientes muy afilados que podrían romper el sedal.


El carrete a utilizar es uno convencional, como los que se utilizan en la pesca de río o pantano. Se trata de un carrete de lance con cinco cojinetes.

La caña es de carbono, con cinco metros de longitud, algo pesada para mí, acostumbrado al lance ligero, en río, y mosca seca con cañas de carbono, que no pasan de los cinco pies.


Ahora sí. Todo está listo. Sólo faltan los peces.

Para llegar al lugar elegido: La Punta, lugar próximo a la capital grancanaria, hay que atravesar una zona rocosa baja, donde el agua nos salpica al pasar. La marea está subiendo, poco a poco. La roca donde nos aposentamos está unos metros más alta. El mar rompe en


su frontal, creando cortinas de agua y espuma de un blanco resplandeciente. Las olas caminan a un lado y otro de La Punta. El sonido se hace sinfonía agradable, en un lugar recogido donde, a mar abierto se puede observar “El Roque de Ceniciento”, un promontorio que se hace isla, frente a La Punta. Por medio, agua de un azul cielo, hermoso, y olas con crestas blanquecinas. Comenta Dani que, entre el Roque de Ceniciento y La Punta, existen varios buques y barcos hundidos, fruto de tempestades y choques con las rocas.


Ya estamos los dos situados y en posición. Unimos al anzuelo el cebo, el cangrejillo vivo. Se lanza el engodo sobre la zona de pesca, tras un machacado de erizos, en plena roca. Y…¡a pescar la vieja!.

Lo de pescar, pescar, será para otra ocasión, porque ni especialista, ni redactor pudieron sacar ni un sólo pez. No estaban por la labor y por ello, tras tres horas intentándolo, desistimos. Ni una sola picada pese a los infinitos lances realizados. El mar bravo, con olas fuertes, fue la disculpa, por lo que para poder contarles algo sobre la pesca de este pez, quedamos para una segunda jornada de pesca en el mismo lugar.


La mar no estaba tan brava como en la primera jornada. La pleamar y bajamar, aunque no eran idóneas para pescar, tampoco eran malas. Era mediodía. El agua sacudía las rocas creando una sinfonía musical delicada y distinta a la primera jornada donde, el choque agresivo del agua con las rocas, retumbaba en la zona. La brisa era, prácticamente, nula. El sol lucía en todo lo alto, haciendo que la transparencia del agua fuese total. Divisábamos las rocas más ocultas en la profundidad y cada vez que se lanzaba el engodo, se veían muchos  peces, de diferentes familias, prestos para comer.


Tras varios lances sin fortuna y más de una hora de pesca desde las rocas de La Punta, llegó el primer tirón. Tuvo que tirar “la vieja” del engaño existente en la caña inexperta: la mía. Al pez no le pude trabar pero, del tirón que le metí a la caña, mejor que no se hubiese enganchado, porque le hubiese arrancado la dentadura. La emoción estaba creciendo.


Dani, continuaba engodando la zona y dándome instrucciones de dónde tenía que lanzar. Él, estaba convencido de que los peces llegarían y entrarían mejor al señuelo.

Llevábamos más de dos horas cuando…¡zás! Allí estaba la primera pieza. No me dio tiempo ni a sacar la foto. Nuestro especialista había conseguido sacar, hasta la roca, la primera “vieja”. No era de gran tamaño, más bien terciada, pero interesante.


De color anaranjado oscuro, la pieza tenía una belleza sutil. De lo fea que era, con aquellos dientes y unos ojos que parecían que iban a estallar, hasta parecía hermosa. Ya conocía, personalmente, a la primera “vieja” de mi vida. No la había pescado yo, pero no importaba.

Hicimos un alto para comer el bocadillo, con una cervecita y otra vez a nuestra posición en la roca. Frente a nosotros y a la espalda, varios pescadores más practicaban la misma pesca, en la zona conocida como El Confital. Ninguno había conseguido trofeo.


Tras dos primeros lances, llegó un tercero y…¡zás!, otra vieja había entrado al engaño de Dani. Esta era mejor. Casi un kilo dio en la báscula. Después, una tercera pieza y una cuarta…Las piezas las mantuvimos vivas, en una pequeña piscina que las olas del mar habían dejado sobre las rocas.

A las 16,30 horas dejamos de pescar y no me pude estrenar. El bolo me persigue en el mar y es que, para un pescador de agua dulce, el mar es muy distinto.

 


La pesca de la trucha en nada se parece a este tipo de pesca en el mar y menos si se practica el lance a cola de rata. La situación es distinta. Mientras en el río el pescador ha de ir a buscar al pez bajo las salgueras, tras una roca, a la salida de una corriente, en una chorrera o en un remanso, en el mar, el pez busca al pescador, por lo que si la pez no aparece, el tedio y cansancio de estar en una misma postura puede terminar minando nuestro aguante. No quiero decir que la pesca en el mar, desde roca, sea aburrida más bien que para un pescador de mosca seca, poco o nada tiene que ver con la pesca en el río.


CARACTERÍSTICAS DE LA VIEJA

La vieja es un pez de la familia Scaridae, conocida, científicamente, como Sparisoma cretense, vulgarmente llamada: vieja, vieja colorada, vieja parda, vieja melada y vieja lora.


Se trata de un pez que, un año es hembra, y su coloración es anaranjado-rojizo, con manchas amarillas o blanquecinas, en ocasiones, y al año siguiente es macho, adoptando un color grisáceo-pardo. Al menos así lo apuntan los lugareños. Es abundante en todas las islas del archipiélago canario pero, especialmente, en la isla de Fuerteventura. Se encuentra, principalmente a menos de 50 metros de profundidad, en fondos rocosos y rocosos arenosos con algas.


El tamaño es variable, aunque adquieren mayor dimensión y peso en su año como macho, que cuando son hembras. No es difícil encontrar ejemplares mayores de dos kilos de peso, aunque lo normal es que el peso oscile entre los 400 y 800 gramos.


Cuando “la vieja” toma el engaño y se traba en el anzuelo es brava, muy brava. Da enormes sacudidas y tira hacia la profundidad de las aguas. No es de extrañar que la caña de pescar se curve totalmente, por lo que el carrete deberá tener un buen  freno, aunque no es conveniente tenerlo demasiado fuerte. Estando algo flojo, se disfrutará más de la pesca de este pez que posee dientes muy afilados, por lo que deberemos tener mucho cuidado que no nos rompa el sedal, aunque sea del número 35.


Este pez suele atacar el señuelo varias veces. Primero, tantea arrancando alguna pata al cangrejillo. Después, puede repetir acción. Por fin, ataca con fiereza el señuelo, siendo el momento ideal para dar el cachetazo y trabar por la boca.


Es, precisamente, la boca de este pez la que reúne unas características muy peculiares. Posee una dentadura similar a la de los humanos. Además, en la garganta posee un tipo de triturador, para que el alimento sea digerido, tras ser molido antes con una especie de muelas situadas: dos de ellas, en la parte superior de la garganta y otra en la inferior.


Las escamas, son duras y de unas dimensiones considerables, dependiendo del tamaño de la pieza. Es probable, si no se tiene cuidado, que el pescador inexperto resulte con alguna cortadura, en sus manos, a causa de las escamas, o bien con una dentellada, en el momento de quitar el anzuelo.

miércoles, 16 de julio de 2025

Pescando en mis sueños, AQUEL RIAÑO Y BACHENDE...



Cómo he disfrutado pescando en el coto de BACHENDE “El Internacional”      

 

Texto: Eduardo García Carmona 

Fotos: E.G.Carmona y otros

 


Hoy me he levantado alegre, feliz y satisfecho. Entre mis sábanas estaba acompañado de “soledad”. No, no se trata de soledad (mujer),  si no de otra amiga que nos acompaña a todos en ocasiones: LA SOLEDAD con mayúsculas.

Antes de


despertar confieso que he gozado como hacía tiempo que no lo hacía soñando. He vuelto a estar en el río de “mis recuerdos leoneses”, aquel que conocí de niño cuando vivía en Olleros de Saberos, aquel que disfruté pescando con Maelín el de “Santa Olaja”, con Pepín, con Vicente, ambos “bancarios en el Banco Central” de la capital leonesa, con Pablo “Bagardí” que nos dejó bastante joven, lugar que ocupó posteriormente su hijo Gonzalo en la cuadrilla de pesca, ¡qué tiempos!


Entre la nostalgia he vuelto a salir a pescar
al “río de mis sueños” como lo hacía hace 50 años. Me refiero al río Esla y, como “la cabra tira al monte”, siempre me aproximo, de una u otra forma, a Riaño, al Riaño de antes de 1987, el que tenía sabor a pueblo de montaña y hasta un Parador Nacional muy próximo, en La Puerta. Aquel Riaño de disfrute y amistades, con muchas actitudes buenas de sus gentes y donde el olor a estiércol se hacía agradable, tanto como los cariños de sus gentes curtidas por inclemencias, sacrificios y trabajos. Aquellos chopos que se clavaban en los cielos junto a las praderas próximas a la carretera general hacía San Glorio o al Pontón, hacia Cantabria y Asturias.


El caso es que metido en mi sueño gocé viendo lo que hacía cuando lo disfrutaba en vida y me metí, sin permiso, a pescar en Bachende “El Internacional”, que así se le conocía.

Qué bonito sobrenombre o apellido el del desaparecido coto de Bachende, “El Internacional” pero, por algo se le conocía por el mismo. Este acotado fue uno de los más antiguos de la provincia de León y me atrevo a decir que con las mejores truchas. La verdad es que lo fue todo como coto entonces, con celebraciones de Campeonatos de España inolvidables donde triunfaba, Manuel Martínez Reglero, el de Ezpeleta.


Metido en mi sueño, transitaba para llegar a este coto por los accesos que aún recuerdo, accesos que eran muy cómodos.

¿Quién no conoce, de una u otra forma, dónde estaba el viejo Riaño?

Era la parada principal para pescar en Bachende, donde tomaríamos el café justo a la entrada,  al lado de la gasolinera, en la tienda-bar de Enrique.


Desde León, había que salir en dirección a Mansilla de las Mulas. Al pasar el puente, a la entrada de esta población, se podía saber cómo bajaba el río Esla. Desde Mansilla hasta Huelde todavía quedaban muchos kilómetros de carretera.

A la salida de Mansilla se notaba el bullicio de muchos veraneantes que poblaban desde primeros del mes de julio la capitalidad de “la Pícara Justina”, de La Estrella, la sala de fiestas con más renombre de León donde  Pencho, su dueño, siempre con su bigote a “lo Jalisco”, era “el rey”.


Cogíamos la carretera a Cistierna pasando poblaciones a la margen izquierda del Esla como La Aldea del Puente, Quintana de Rueda, Villahibiera, Quintanilla y más allá, Vidanes, cuna que fue del Padre Isla.

Toda la ribera es un vergel gracias a las aguas del Esla. Son ricas sus huertas e inmensas sus arboledas.

En mi sueño tengo cerca Cistierna, está a un paso, después de pasar Sorriba, localidad a la puertas de Cistierna donde paro a comprar unas teclas, dulce que preparan de forma exquisita y donde existía un hotel que “un fraile Agustino” creó pero cerrado desde hace muchos años. Una pena porque se comía muy bien. Aquí cambia totalmente el panorama, pasando de la planicie a la montaña.


Pasada Cistierna, localidad famosa por otros dulces típicos, los lazos de San Guillermo, el río Esla no deja de acompañarnos, unas veces por una margen y otras por la otro pero, siempre un Esla señorial y altivo en unos tramos, con prisa en otros y los más, en verano, sosegado y tranquilo, mostrándonos sus entrañas llenas de piedras que cobijan a nuestra trucha común, no como ahora.

Después, Aleje, Verdiago...y llegamos a Valdoré, otro gran acotado. Tenía, cuando el Esla era Esla sin controlar, unas tablas de pesca sensacionales, cómodas para el pescador, con lindas praderas para el asueto y una trucha de gran calidad.


Carretera adelante, sigue nuestro paseo hacia Huelde. Nos metemos en Crémenes, popular por su importante corro de aluches (lucha leonesa), y donde termina otro coto, el de Las Salas.

Antes de entrar en Crémenes, admiramos el puente que conduce, por la otra orilla del Esla, hasta Villayandre y, donde son muchos los pescadores que se daban cita para pescar en la zona libre.

Después, Las Salas... ¡adiós querida Manuela, Serafín, Loli, Belén y demás buena gente!


Como estoy soñando veo de frente el muro del pantano
, aún sin cerrar sus compuertas y el letrero pintado en rojo con una palabra DEMOLICIÓN en l aparte posterior. A la derecha, la carretera de Remolina y el arroyo del mismo nombre que va a caer al Esla.

Metidos en el túnel, el frescor se agradece, mientras salpican las gotas de agua la luna de nuestro coche. Al salir, miramos y remiramos lo que nuestros ojos alcanzan. Toda la grandeza natural de aquellos lares algún día, se cerrará a nuestro ver, oír y sentir. Qué pena porque así fue posteriormente.


El camino que resta es corto hacia el destino final. A la vista está el puente de Huelde y Casa Pedro, parada obligatoria del pescador, donde siempre éramos bien atendidos y donde siempre que voy, me deleitaba el paladar con un riquísimo vino blanco amontillado, fresquito, que no sé de donde lo traía Pedro pero, que estaba delicioso, recuerdo. Con el vino llegaba la charla y las preguntas: ¿qué tal las truchas? ¿A qué hora se mueven?... ¿Y el río?... Eran las preguntas  rutinarias de todos los pescadores.

E


El "Internacional"
, el coto de Bachende, t
erminaba precisamente aquí, en el puente de Huelde. Más allá estaba el comienzo, en el puente de Bachende antes de enfilar la última curva y coger  después la recta que nos lleva hasta Riaño, aquél Riaño. Antes, en el recorrido, nos encontrábamos con un paraje ideal, bonito cien por cien, con duras rocas que vigilaban a un lado las praderas y arboledas y, siempre con el Esla por medio que tenía en este acotado tablas largas y hermosas para disfrutar del lance pescando. Justo en el medio del acotado, el arroyo de Anciles. A su lado la estrecha carretera que nos llevaba, siempre entre rocas, a ese hermoso pueblecito, Anciles, más vivo y más real, ahora en verano, que en invierno, cuando estaba poco habitado y solitarias sus callejuelas. ¡Qué fuente tenía Anciles, con agua pura, cristalina y fría! Fuente que tenía historia, la historia de los pastores que llegaban de Extremadura.


Todo el coto de Bachende era bueno para la práctica de la pesca y fácil de caminar aunque, era más apta la margen que está pegada a la carretera, donde encontrábamos praderas y mucha arboleda. Enfrente, a los pies del Esla, la montaña con sus rocas blanquecinas, por eso era más difícil el pescar en ese lado.


El sueño se remonta al verano de 1982 y es que “realmente” estoy pescando. El río Esla baja mermado, muy mermado en su caudal. Es aconsejable pescar al sereno tanto de la mañana y como el del atardecer. Se recomienda no acercarse mucho a las orillas, por la transparencia de las aguas y pescar siempre aguas arriba.


Aunque todo el acotado era bueno para el arte de pescar destacaba, entre otros, el comienzo del coto desde el puente de Bachende, con unos buenos rápidos de agua. También es excelente el final. El tramo desde el puente de Huelde, terminación del coto aguas arriba, tenía una tabla hermosa para el lance. Me refiero a la tabla de "el puerto", donde los pescadores disfrutábamos de lo lindo con la bravura de esta trucha que tenía Bachende.

Eran muchos los aficionados que pescaban en este acotado a cebo, pues estaba permitido. Se conseguían, por la mañana temprano, excelentes ejemplares en la zona del pozo de la "S", o en el de los "peñones".


El acotado de Bachende fue una maravilla para el pescador, con el recreo visual de un paraje sin igual y un contraste bello y hermoso, el verdor de los prados, arboledas y las rocas blanquecinas reflejándose en las limpias aguas del río Esla.

Mi tocayo, Eduardo Redondo, era el guarda de este acotado que, vigilaba con esmero y cariño, siendo  respetuoso y atento para el pescador. ¡Un amigo, vamos!

Qué gran jornada de pesca recuerdo en mi sueño. Que gran día pasamos la cuadrilla porque en mi sueño volvieron a acompañarme Pablo “Bagardi”, Maelín del de Santa Olaja (Ismael) y Pepín el bancario. Vicente en aquella jornada no pudo estar con nosotros.


Volví a trabar mi gran trucha plateada, aquella que conté en mi pregón de la Semana Internacional de la Trucha de León, aquel gran ejemplar que siempre recordaré bajo la luna de una noche maravillosa que tras sentirle y “sufrirle” se quedó para criar mientras mis lamentos se oyeron en toda la montaña de Riaño. Que gran ejemplar.

Precisamente mi sueño finalizó cuando “mi soledad del coronavirus” me hizo volver a la realidad tras sufrir la pérdida de dicho ejemplar por segunda vez, aunque ahora en sueños.


Adiós Bachende, hermosura de acotado que lo fue, de rica y sabrosa trucha. Lo dejo con pena en el corazón pensando que, a no pasar mucho tiempo, toda la zona estará inundada, sumergida entre las tinieblas oscuras de agua en su espesor perdiendo todo ese encanto, esa belleza de su alrededor, por culpa de la agonía sedienta de otras tierras de Castilla y León.

¡Hasta siempre Bachende, porque nunca podrás salir de mi mente, con imaginación y recuerdo repleto de imágenes bellas!

Al poco tiempo de realizar este sueño ocurrido en 1982, aquél coto conocido como el “Internacional”, se lo tragó, como a todo el valle de Riaño, las aguas de los ríos Esla y Yuso, una vez cerradas las compuertas del muro del pantano de Remolina un  31 de diciembre de 1987.

miércoles, 25 de junio de 2025

Mis rincones favoritos: tramo acotado de SARDONEDO (León)...

 



SARDONEDO
, trucha en abundancia después de años de decadencia

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 

SARDONEDO fue un coto  orgullo de los ribereños del Órbigo, al igual que Santa Marina, pasando, con


el descuido de los años, a ser uno más de los que casi perdemos en León, por culpa del lucio y la dejadez.Si el Coto de Santa Marina llegó a ser el mejor coto de Europa, Sardonedo no le andaba a la zaga. Ahora las cosas han cambiado bastante y si no fuese por las repoblaciones, sería el mejor coto de la provincia en lucios.   


El río Órbigo, que nace de la unión del Omaña y el Luna, tiene una trucha que es totalmente distinta a la de los demás ríos de nuestra geografía provincial. Son muchos los factores que influyen para que la “pintona” se desarrolle de la forma que lo hace y llegue a alcanzar tan buenas medidas. Algunos dicen que es más "fea" y sobre todo más basta que la del Esla. Es cierto, pero hoy por hoy, al pescador casi el interesa más el conseguir buenos trofeos, que sacar truchas finas y de escasas dimensiones.


El paisaje de este coto es como la mayoría de los tramos acotados de los ríos de ribera o zonas medias. Es abundante la vegetación y los chopos crecen en sus orillas. Los terrenos que lo circundan están divididos en parcelas y las tierras bien labradas. Las plantaciones de lúpulo hacen, de una y otra orilla del Órbigo, un paisaje común que se repite en varios kilómetros desde el Puente de Santa Marina hasta la presa de Alcoba.


El río ancho en muchos tramos, se divide en varios brazos. Son muchas las islas que se forman en los seis kilómetros de coto. Existen grandes tablonas con aguas paradas o lentas y aguas profundas. Hay caídas hermosas y rápidas corrientes, donde las truchas y las malezas del curso se dejan ver. Abundan los pozos profundos llenos de raizones para defensa de las “pintonas”.


La pesca se hace bastante cómoda, por lo que Sardonedo es recomendado para todo el mundo, principiantes y veteranos. El río tiene mil recodos y en las curvas come terreno y se ensancha camino del puente de Santa Marina.

Para pescar en


SARDONEDO la mejor vía de acceso, desde la capital, es por la carretera de León a Villadangos y después la que sale a Santa Marina del Rey por Alcoba. La distancia aproximada desde León, es de unos 33 kms. Existe carretera a uno y otro lado del río. Por Sardonedo pueblo, la carretera de Alcoba y por la otra orilla, la carretera de La Bañeza a La Magdalena.


El límite superior del acotado es la presa de Alcoba -antes era hasta la desembocadura del canal de cemento-, siendo el límite inferior el Puente de Santa Marina del Rey.


Aunque todo el tramo acotado, incluyendo la parte nueva desde la desembocadura del canal de cemento de Alcoba hasta la presa, es bueno y muy apto para la pesca, hay que recomendar las buenas tablas, corrientes y caídas que existen entre Armellada y Turcia, estando presente en la otra orilla el pueblo que da nombre al coto, Sardonedo.


Caminar por el coto se hace cómodo pese a las dificultades de charcas y malezas de las orillas, ya que el servicio de guardería, se nota, ha trabajado a lo largo de los últimos años para dejar expedita la calzada al pescador. Los senderos están bien marcados, así como las entradas al río. Son muchos los puentes o pasarelas de madera construidos para acceder a la otra orilla y pescar.

martes, 17 de junio de 2025

MIS RINCONES FAVORITOS: El río Cea


Coto  desconocido para la mayoría de los pescadores…

En pleno Camino de Santiago, truchas, cangrejos, paisaje, gastronomía…


Se recomienda pescar a cucharilla, leonesa con dos o tres moscas y mosca seca, aunque existen muchas dificultades para el lance

Las orillas, salvo algunos tramos, suele estar repletas de arbustos y maleza

“Las sorpresas” suelen ser piezas de buen tamaño

 

Texto: Eduardo García Carmona

 


El río Cea es uno de los más importantes reductos o paraíso natural para la trucha común. Este río posee un acotado ignorado por muchos pescadores pero, sin lugar a dudas, es uno de los  más trucheros y con mayores defensas naturales. Este tramo acotado es de los pocos que existen en nuestra provincia, donde el hábitat arropa y cuida el subsistir de la trucha dándole refugio casi inalcanzable para el humano, pese a la disminución alarmante de caudal durante el verano. Es difícil, incómodo y a veces impracticable para pescar, pero ahí radica su encanto. Es coto para "pescadores" que sepan aprovecharlo y gozar en sus aguas.


Son muchos los tramos donde es casi imposible el acceso directo al río, incluso en verano cuando las aguas son más bien escasas dependiendo del tramo. La naturaleza es tan sabia que  el curso del río forma, cada pocos metros, grandes pozos donde casi no se puede entrar. Es aquí donde “la reina de nuestros ríos” tiene uno de los últimos refugios de nuestra provincia. Las aguas se encuentran franqueadas por maleza, arbustos, todo tipo de vegetación y zarzas, cerrando el hueco del curso fluvial. Seguirá siendo así mientras los humanos se olviden de meter máquinas para destrozar el entorno de este paraíso, como ha ocurrido en otros de nuestra geografía provincial.

Las dificultades orográficas existentes hacen muy difícil el arte de la pesca a caña. No es recomendado para principiantes y amigos de lo fácil. Existen zonas abiertas donde se puede practicar la pesca con mayor comodidad.


Se recomienda pescar a cucharilla, ojo de UN SOLO ANZUELO. A este arte se obtienen buenas capturas, aunque hay que saber manejarla hábilmente para no dejarla en las ramas de los árboles, arbustos y malezas, que tapan las orillas del río.

La pesca a mosquito ahogado trabajándola bien, da buenos resultados y se hace muy bella para el aficionado que tenga arte en el manejo de caña y el lance. Se aconseja pescar con caña corta y pocos mosquitos en la cuerda, dos o tres al máximo, donde no debe faltar una saltona común o una “Charli”.


En veran
o se recomienda pescar con una saltona, un carne y un salmón, sin rastro y siempre haciéndolo aguas arriba.

El arte que mejores resultados da es la mosca seca, sobre todo si se sabe manejar bien la cola de rata y no se “patea” el río. Por lo general las aguas bajan verdosas y pocas veces claras y la trucha es fina y luchadora.

La anchura del río  no pasa de los cinco metros en muchos casos, aunque en otros tramos, los menos, llega a diez metros.


Las mejores zonas de pesca se encuentran en el comienzo
, desde Carrizal a Villamorisca.  Desde Quintanilla de Almanza al final del coto, también existen tablas con aguas rápidas y otras donde se remansan. Hay buenas caídas, raseras y pozos. Aquí se puede pescar a cualquiera de los artes permitidos, con garantía de éxito. Los "serenos" suelen ser muy buenos donde las saltonas son claves.

La zona con mayores complicaciones para el pescador, se encuentra entre Villamorisca y Quintanilla de Almanza, donde el río se cierra totalmente, encontrando el aficionado pocos lugares para el lance, al menos a mosquito ahogado y mosca seca. Aquí el arte a practicar es la cucharilla. Llegando ya al puente de Quintanilla, se encuentran tabladas donde realizar más cómoda la tirada.


El coto del Cea es una maravilla
para el pescador que lo sepa pescar pero es a la vez, uno de los menos visitados por los pescadores de León, salvo los de las zonas próximas y de Guardo (Palencia) que disfrutan, por su proximidad, de jornadas de auténtica belleza en contacto con la naturaleza y  sienten los portentosos tirones de los buenos ejemplares de trucha común que abundan en sus aguas.


Existen buenos pasos para cruzar el río de forma natural y varios puentes en la Vega de Almanza, Quintanilla, Villamorisca y Carrizal. A uno y otro lado del río hay hermosas praderas y buenas tierras de cultivo.

Encontraremos lugares para dejar el coche a la misma orilla del río y buenas sombras para cobijarse de los rayos del sol.


Y por medio, EL CANGREJO SEÑAL, que “haberlos, haylos” y de buen tamaño.

En ésta época del año cuando más aprieta el calor es fácil encontrar entre las piedras algunos cangrejos que, sin falta de retel, pueden acabar en la sacadera o en la mano de los aficionados.

No es difícil verlos en las zonas de ocas pero, tampoco, en zona más abierta junto a las piedras, o sea que en pozas, no digo nada. La muestra la tienen en las fotografías.


Ir a pescar el coto del Cea es tener la oportunidad de disfrutar de la naturaleza y la pesca en el más amplio sentido porque, además del Camino de Santiago y todo el paisaje agreste de tierra de Campos, se convierte en belleza natural junto con el paisanaje, la cultura monumental y artística, los museos, sin olvidar la más exquisita cocina tradicional. Existen muy buenos/as “fogoneros/as” en toda la zona y no se olviden de los “puerros de Sahagún y comarca”.


Además del tramo acotado, existen otras zonas de pesca interesantes porque hasta Villaverde de Arcayos el interés por la pesca de la trucha persiste, aunque poco a poco se van perdiendo zonas y el río comienza a estar más abierto, atravesando la llanura. Desde aquí y hasta Villaselán  y Santa María del Río, el Cea ofrece buenas tablas para el lance, aunque la trucha comienza a escasear. Otras especies comienzan a ser más importante en número que la “reina del río”. Barbos, bogas y lucios compiten por el hábitat, también convive el cangrejo.


Cuando el río saluda el Castillo de Cea y se dirige hacia Villamol, aproximándose a Sahagún, comienza a ganar en caudal, gracias a las aportaciones de los sobrantes de riego. Esta zona, perdida prácticamente hace unos años para la práctica de la pesca, ha vuelto a resurgir y son muchos los aficionados que han vuelto a pescar gracias a las buenas capturas que se consiguen de lucios y barbos, pero también algún otro buen ejemplar de trucha. Es la zona más amplia y ancha de un río que ofrece un color amarronado a lo largo de todo el año.


Pasando San Pedro de Dueñas y Galleguillos de Campos el río Cea se despide de la provincia de León y casi se da la mano con otro río que baja en paralelo desde la misma zona de la montaña leonesa: el río Valderaduey.