PESCARMONA DÓNDE Y CÓMO PESCAR EN LEÓN

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lunes, 6 de abril de 2026

Una piscifactoría natural para el río BERNESGA (León)



RÍO CASARES (León)

Un auténtico criadero de truchas y un caudal seguro para el río Bernesga

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 


Fue el primer río de León que conocí en mi infancia. Desde entonces siempre ha circulado el mismo recuerdo en mi mente. Qué fascinante y maravilloso corre el río Casares hacia el Bernesga y qué cantidad de truchas guarda entre sus piedras. Eran tiempos de vacaciones infantiles al pie de la montaña después de un curso ajetreado y en compañía de amigos que hacían encantadores aquellos días de verano.


En las aguas del río Casares, o el río de Beberino, como le conocía por entonces, curiosamente pesqué mi primera trucha. En este río aprendí a nadar, a lavar los platos,  asearme en plena naturaleza. En este río y, en el paisaje maravilloso que le rodea, comencé a amar la naturaleza. El Casares era nuestra "fuente" diaria para múltiples usos y es el afluente de mayor aportación al Bernesga. Ahora, con la ampliación de la presa de Casares, o recrecimiento del muro, es el seguro de agua para el curso bajo del Bernesga, desde Pola de Gordón a La Robla, pasando por la capital leonesa y hasta su desembocadura en el río Esla.


El Casares
 es un río corto en recorrido, pero largo en calidad de aguas y truchas. Nace en las montañas hermosas del puerto de Aralla, en la ladera contigua al embalse de Luna. Son montañas gigantes, de roca grisácea, donde las nubes alegres y juguetonas, unas veces y otras serias y malhumoradas, se posan para recreo y placer, o para descargar toda su fuerza con ímpetu y coraje, regando todo el entorno. De esas aguas y nieves, surge el curso cantarín de un riachuelo que gana su mayoría de edad cuando va saliendo de las rocas. Lo hace entre muchos vericuetos, hoces, saltos y pedregales. Las aguas discurren con fuerza chocando con las laderas de la montaña formando una sinfonía agradable al oído. Son tan puras y cristalinas que sirven, incluso, para beber.


Según va ganando metros de vida, el viajero se encuentra un verdadero “arco iris” en la tonalidad de las aguas del Casares. Unas veces son verdosas, otras azules u ocres, dependiendo del terreno que salpica y la profundidad de su curso. En los primeros metros, todavía es muy estrecho para pensar en pescar. Después, deposita sus aguas en el embalse que sirve para saciar la sed de muchas gentes del lugar y otras más allá. En las aguas que vierten a la presa de Casares no se puede pescar por encontrarse totalmente protegidas por las normas de pesca, al estar declaradas como vedado total de pesca. En esta presa, la cantidad de truchas es sensacional, sirviendo como piscifactoría natural al resto del río y arroyos que allí confluyen. Abundan los buenos ejemplares.


Dejando la presa de Casares
, este río comienza a profundizar su recorrido entre las rocas, remansos y tabladas, aunque éstas prácticamente ni existen. El río discurre muy vivo y tiene mucha caída. Desde el muro del embalse hasta la localidad de Geras,  no se puede practicar la pesca. Existen hermosos pozos profundos que se forman entre las rocas. Al ser tan estrecho, si se pudiese pescar, habría que hacerlo aguas arriba por la pureza de sus aguas que son totalmente transparentes y "las pintonas" notarían cualquier movimiento en la orilla.


La mejor zona del río comienza un par de kilómetros antes de llegar a Geras de Gordón, pueblo hermoso de la montaña leonesa. Las casas están situadas entre la carretera y el río. Algunas incluso se balancean sobre sus aguas. Están construidas con rocas de la montaña, formando auténticas fortalezas inexpugnables. En el montículo más alto del pequeño valle, presidiendo el pueblo, la Iglesia Parroquial, reconstruida en las zonas más afectadas por el abandono de años y el deterioro normal de las inclemencias del tiempo.  ¡Tan, tan, tan! Tirando de una cadena que llega hasta el pie de la torre o espadaña, se hace posible el sonido del bronce. Es el tañir las campanas. ¡Qué recuerdos! Por las escaleras exteriores hasta lo alto del campanario, se encuentra uno un mirador sensacional para admirar la belleza natural del pequeño valle.


Las montañas más altas de alrededor conservan la nieve durante meses. Los hermosos prados presentan su encantador verdor con olor a fresco. Las tierras labradas comienzan a enseñar sus frutos. Los árboles están recubiertos de un manto blanco, que en la lejanía parecen estar nevados. Son las hermosas flores de la primavera, que al final del verano darán sabrosas manzanas, peras, sabrosas guindas silvestres o las buenas cerezas de León. El paisaje es encantador, ideal. Geras de Gordón, es un lugar único para el descanso en plena naturaleza. Es para gozar relajándose y olvidando la rutina de la ciudad, el trabajo, los ruidos. Aquí, el amante de la pesca se encuentra, nunca mejor dicho, como pez en el agua.


El río Casares
 antes de llegar a Geras, ofrece un sin fin de cualidades para el pescador, todas de incalculable valor. Unos trescientos o cuatrocientos metros antes del pueblo, nos encontraremos el viejo molino. Por encima de éste, el Casares ofrece unas buenas caídas, donde antes se pescaba muy bien a cucharilla. Cuando las aguas chocan contra la pared de roca de la casa del molinero, se forma una muy buena tablada que era apta para pescar a pluma o mosquito ahogado. No era conveniente meter en la cuerda muchos mosquitos, con tres, ya es suficiente. Y es que la anchura no sobrepasa los cinco metros. El agua, aunque todavía viva, se remansa al ganar metros debido a la pequeña presa construida por las gentes del lugar. Aquí hay muy buenas truchas. Parece mentira que un río de montaña tan estrecho y castigado en verano, pueda tener trucha de tan buena calidad como hemos podido comprobar durante muchos años, anteriores a la veda en la zona. Ahora, mucho más.


Si esta tablada es buena, metros más abajo se forma otra un poco más ancha al llegar las aguas a un puerto que existe por encima de Geras. Más adelante el Casares se mete en el pueblo formando una buena caída, con aguas bravas hasta llegar al primer puente. De aquí aguas abajo, otra buena tabla para pescar casi desde el porche de una de las casas que hay allí mismo, o desde la misma carretera que cruza el pueblo. Toda esta zona está ahora acondicionada y forma una piscina con aguas remansadas, donde los pescadores y los que no lo son, se pueden quedar atónitos viendo ejemplares que rondan el kilo de peso. Se trata de una piscifactoría natural inmejorable.

Unos 50 metros más abajo del puente de Geras, otros tramos buenos para pescar, ya sin prohibición aunque sin muerte.


HACIA CABORNERA Y BEBERINO

Dejada la población de Geras, el río Casares continúa ganando caudal con los muchos arroyos que depositan sus aguas en éste, por uno y otro lado. La maleza, arbustos y arboledas acompañan al río en su discurrir hacia Cabornera. La vegetación poco a poco se va perdiendo, al adentrarnos en zona rocosa. La carretera dibuja sus "eses" entre la montaña, acompañando al río que choca una y otra vez con las paredes rocosas.


Aquí hay buenos pozos para pescar a cebo. Saliendo de este entramado de curvas, se abre el horizonte. Las praderas y las huertas repletas de hortalizas y con muchos árboles frutales alrededor, son regadas por las aguas del Casares. Llegamos a Cabornera, otro bonito pueblo que da vida a la zona en verano, principalmente, con la llegada de gentes de otros lugares. Aquí se ensancha el valle alejándose la montaña a un lado y a otro. El río se cierra por el ramaje de los arbustos y árboles, haciéndolo casi impracticable. Eso parece, pero es a partir de aquí donde el Casares se hace adulto del todo. El cauce ya se ha ensanchado y las piedras del fondo se ven casi limpias. Hay, en esta zona de Cabornera, excelentes tablas para poder pescar. A efectos de lance, aunque dificultoso, se puede decir que no hay desperdicio. Todas las tiradas son buenas, parece mentira la cantidad de trucha que  tiene  este río.

Antes de llegar a la zona del campamento, el río atraviesa hermosas praderas. Ya no baja con tanta rapidez. Las tablas son más remansadas y cada vez mejores para la pesca. La tabla antes del puente del campamento, da cada temporada muy buenas capturas. Después del puente, el río se mantiene en una balsa medio artificial y natural, ya que se ha aprovechado para piscina en época estival, para continuar, su caminar hacía el Bernesga cruzando parajes encantadores. 

En esta zona se aproxima la montaña al río y en la falda, lindando con el agua, los avellanos se alinean acariciando con su verdor. Es buena zona de avellanos y cerezos. Al fondo ya se divisa Beberino. Antes, el Casares recibe un aporte importante de caudal por la margen izquierda. Es el río que baja las aguas

desde Folledo y Buiza, rico también en buenas truchas, y que tiene su mejor zona de pesca en la tabla de la ermita. A partir de aquí, no sólo gana el Casares en caudal, sino también en anchura y buenas zonas de pesca. Quizás este tramo hasta llegar a Beberino es de lo más visitado por los pescadores, sin duda. Recordar que la pesca es sin muerte por lo que habrá que pescar con anzuelos sin arponcillo.

Aparte del recreo natural con gran belleza y paisaje, el pescador se encuentra en Geras y Cabornera con muy buenos establecimientos, donde entretener el estómago y comprar buen embutido como chorizos, salchichón, cecina, jamón y lomo curados al aire de la montaña.



El río Casares es un auténtico criadero de truchas y un caudal seguro para el río Bernesga desde el cierre del pequeño pantano.

Presa del Casares

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