LIBROS PUBLICADOS POR Eduardo García Carmona...

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lunes, 23 de marzo de 2009

TLSM del Omaña, en Guisatecha...

TRAMO LIBRE SIN MUERTE DEL RÍO OMAÑA

















Una delicia para pescar aunque cada temporada hay más saturación de aficionados.





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Texto y fotos: Eduardo García Carmona.
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En el puente de la localidad de Guisatecha comienza el tramo libre “sin muerte” del río Omaña, justo donde finaliza el tramo acotado de El Castillo. Se trata de una zona de 2,5 kilómetros de río donde el pescador disfrutará de esta modalidad de captura y suelta, empleando sólo mosca artificial sin arponcillo, bien como ahogada o seca.

Las características de este tramo son idénticas, por no decir mejor, que las de los tramos acotados, por encima y debajo.El único problema es que el pescador se puede encontrar a tantos aficionados en sus orillas, que no podrá disfrutar tranquilamente. Creo que la Administración debería controlar el número de pescadores, para que la presión pesquera disminuya en TLSM como este, por no decir en la totalidad de los existentes.



El límite inferior se encuentra en el puente de La Omañuela, justo después de pasar una zona rocosa, con una caída hermosa hacia el mismo puente.















MEJORES ZONAS DE PESCA


Todo el tramo es muy bueno para pescar a mosca seca o mosquito ahogado.Indicar una zona mejor que otra es, cuanto menos, complicado.





La parte final justo donde se encuentra el puente de La Omañuela, límite inferior de este TLSM y el superior del acotado, es de lo mejorcito para utilizar la mosca seca, ninfa o el mosquito ahogado. Existe una “peñona”, donde lanzar a un lado u otro significa la posibilidad, casi segura de éxito, a poco bien que baje el río. Subiendo unos 50 metros, continuamos con unas caídas espléndidas y un recodo donde el agua se embalsa un poco en la cabecera, haciendo corriente junto a la pared de roca. Aquí, ocurre otro tanto, el éxito está casi asegurado porque, aunque pequeñas, las truchas del Omaña son muy peleonas y bravas, además de bellas.
Subiendo doscientos metros, otra zona remansada, junto a unas peñas. La caída, después del remanso, es buena pero, el propio remanso y las tablas superiores, entre rocas, son otro cantar. Y así sucesivamente.
Una vez lleguemos a la parte superior del TLSM, antes del puente de Guisatecha, el río Omaña vuelve a ofrecer lugares espléndidos para lanzar y disfrutar con las pintonas. Unos 100 metros antes del puente existen unas tablas hermosas, donde el río se cobija con frondosos árboles de orilla, vegetación que dificulta el lance, por lo que habrá que ser muy preciso para no enganchar. Es la zona más recomendada para utilizar la ahogada, o pesca a la leonesa, con boya. La misma tabla del puente, o límite superior del tramo, es otro refugio importante para las truchas donde, con lances certeros y sin molestar a las pintonas, el éxito estará asegurado.

martes, 24 de febrero de 2009

Coto de Bernesga...






EL RÍO BERNESGA
... y como el agua pura y cristalina se convierte en putrefacta.

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Texto y fotos: Eduardo García Carmona
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En el límite de la provincia de León con Asturias, en el puerto de Pajares a una altura próxima a los 2.000 metros, nace el río Bernesga del que guardo recuerdos inolvidables.
Al río Bernesga no sólo se acudía a bañarme, cuando era un mozo. Desde siempre, como si de un rito se tratase, a la vez que se refrescaba el cuerpo en verano con un buen baño, se metía la mano entre las piedras del fondo o las orillas mientras que, los más adiestrados y valientes de la pandilla, se zambullían en los pozos, saliendo a superficie con dos o tres truchas, incluyendo una de ellas en la boca.
Desde temprana edad la mayoría de los ribereños vieron hacer lo mismo a sus padres y abuelos. Era algo normal y había truchas para dar y tomar. Pese al furtivismo al que eran sometidos los ríos en el estiaje, cada temporada parecía que había más truchas. Fueron otros tiempos. Los pescadores de caña eran muy pocos y, aunque algunos llegaron a vivir plenamente del río o al menos sacaron a sus familias adelante, la contaminación no se conocía.







La enfermedad de la trucha todavía no había aparecido. Ahora, todo ha cambiado. Parece que fue ayer, pero han pasado más de 40 años. Los excesos de los furtivos, la presión de los pescadores de caña, la contaminación y la enfermedad de la Saprolegnia, han podido más que la sabiduría de la naturaleza.


COTO DEL BERNESGA


El Bernesga, al igual que otros muchos ríos, se han ido deteriorando tanto, que los más antiguos del lugar no lo conocen. Pese a todo, en el tramo que va desde Villanueva de la Tercia hasta el Puente de la Gotera, la trucha común tiene un mejor refugio para su desarrollo. Aguas abajo de La Gotera, la situación de privilegio desaparece y la trucha paga las consecuencias de la falta de concienciación ciudadana, por una parte, y el castigo de los pescadores por otra.
El río Bernesga siempre ha sido uno de los favoritos de los pescadores a cebo natural: rancajo, gusarapa, gusarapín y lombriz.
El Bernesga, en la zona libre, es el peor río tratado de la provincia, especialmente desde La Robla para abajo. El tramo acotado todavía tiene "algo de vida". Gracias a esto y a la vigilancia, el río se ha regenerado bastante. La virulencia de la enfermedad, en los últimos años, es otra de las causas para que el coto del Bernesga no se haya recuperado totalmente. Pese a ello, este tramo tiene muy buenos ejemplares y mucha trucha pequeña, que unido a las buenas frezas en invierno, en temporadas venideras tendrá trucha en abundancia, pero hay que controlar la contaminación.
En la cabecera de este coto existe un tramo libre sin muerte, gracias al cual, el tramo acotado se está beneficiando.
El río presenta muy buenas cualidades para la reproducción en su zona alta. Se encuentra en un paraje ideal y precioso. Las montañas, con sus rocas blanquecinas, saludan al Bernesga. Las salgueras, alisos y choperas, besan las finas aguas de este río de montaña. La carretera hacia Asturias dibuja, casi a la perfección, el discurrir de las aguas serpenteando entre rocas. Al fondo está el Pajares y rodeando todo el tramo acotado, las últimas ondulaciones montañosas antes de llegar al llano. Por medio y como escudo, La Gotera, donde la roca de la montaña está labrada por el agua que choca contra ella, después de muchos años.


EL COTO, LÍMITES Y ACCESOS


Este tramo acotado comienza en el puente nuevo de Villanueva de la Tercia. Finaliza en el Puente de la Gotera, en la carretera nacional León-Asturias. Tiene una longitud de 7 kilómetros, aproximadamente, aproximandose la anchura media de su cauce a los 15 metros. El río Rodiezmo, a la altura de Ventosilla, es el único afluente importante del tramo.
Existen muy buenos pozos, en este coto, para practicar el lance a ninfa o imitaciones de gusarapín y otros, aunque, no es menos cierto que, los amantes de la mosca seca, cucharilla y mosquito ahogado se encontrarán un auténtico paraíso para pescar, por la multitud de echadas y tiradas de las que dispone. También se puede pescar a cebo natural, excepto la lombriz, hasta el 30 de Junio.
La distancia desde León es de 50 kilómetros. la única vía de acceso es la carretera general León-Asturias.

MEJORES ZONAS DE PESCA

Los mejores tramos de pesca se encuentran en la zona alta, a la altura del restaurante y panadería próximos a la carretera general, entre Villamanín y Villanueva de la Tercia. Aquí el río es muy estrecho y se hace difícil pescar, por lo que se aconseja hacerlo a cucharilla o mosquito ahogado pero con tres mosquitos, máximo. Existe mucha maleza en las orillas y se hace difícil caminar. Es la zona del coto menos castigada por los pescadores y debido a ello, una garantía de pesca. La trucha no es muy grande, pero se consiguen fácilmente los cupos a poco que se quieran dar las pintonas y se trabaje el río.
Unos 500 metros antes de llegar al puente de Ventosilla, el pescador se encontrará con una zona idónea para pescar a mosquito ahogado, con muy buenas tablas de aguas vivas, pero a la vez también remansadas. Aquí, la trucha es más pequeña pero tira fuerte. La trucha del Bernesga es muy brava.
La mejor zona de pesca es la que va desde el puente de Ventosilla hasta el embalse de la Gotera, pero a la vez, es la zona más castigada y donde mayor número de pescadores se pueden encontrar. Pese a la masificación se consiguen buenos ejemplares en las entradas y salidas de los pozos y en la cola del pequeño embalse. Las mejores tabladas, son las que van pegadas a la carretera general, aguas abajo del colector de Villamanín y hasta el mismo pozo de Calixto, pescador que dio nombre al mismo, porque siempre estaba allí pescando a cebo. Desde este pozo y a lo largo del embalse del Tueiro, se practica mucho la pesca a cebo con buenos resultados. Después, pasando las pequeñas hoces de la Gotera donde el río baja muy encajonado hasta Villasimpliz, la pesca ya no se hace tan cómoda, a causa de la maleza existente en las orillas que cierran el paso al pescador. El tramo es muy bueno para cucharilla, pudiéndose aprovechar alguna tablada para el lance a mosquito ahogado. Esta zona es a la que menos pescadores acuden a lo largo de toda la temporada. Abunda la trucha de buen tamaño.
Se aconseja la pesca siempre aguas arriba, especialmente a mosquito ahogado ya que el río suele bajar muy claro y al no ser muy ancho, ha de pescarse así para que la trucha no se esconda al vernos. No es conveniente pisar las orillas, ni patear el río.
Las eclosiones de mosquitos son muy buenas. La saltona común, tanto al sereno de la mañana como al atardecer, da muy buenos resultados en este río con la llegada del mes de junio.

sábado, 3 de enero de 2009

PARA PERDERSE EN LEÓN: EMBALSE DE BARRIOS DE LUNA

Otra forma de pescar truchas.

Donde el río Luna se convierte en un mar de agua dulce.

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Texto y fotos: Eduardo García Carmona
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Estamos a la puerta de la montaña de Luna y Babia donde modernización y naturaleza nos saludan. Se trata de pasar una jornada de pesca, en embarcación, junto con tres amigos: Julio, Elías y Goyo. El primero, es el propietario de la motora que nos adentrará en la aventura de la pesca de la trucha, en pantano y a caña, con cucharilla, pero al curricán.
El paisaje es impresionante, montañas, agua y el verdor de los montes de pinos, robles y sabinares. Al frente, a lo lejos y en días claros, podemos divisar Peña Ubiña, el macizo más alto de Picos de Europa, en esta zona entre León y Asturias. A un lado, la autopista y el puente emblemático que construyó el ingeniero, Fernández Casado, y que lleva su nombre. Al otro, montes llenos de verdor y vida, salvo el desgarro de una veta de terreno que han querido explotar como cantera, cargándose una de las mejores zonas de sabinas de Europa.
La cita ha sido en el Club Náutico de Mirantes de Luna. Junto al embarcadero dormitan una docena de barcos y una veintena de roulottes y casas pre-fabricadas. Aquí comienza la aventura que les vamos a relatar.
Pese a ser las siete de la mañana, y cuando nuestra embarcación ya está saliendo, nos encontramos otro barco que se aproxima al embarcadero. Se trata de un buen amigo y conocido de gran parte de los pescadores de élite de toda España y, especialmente, de los aficionados a la pesca en León, con quien realizamos un reportaje, para Jara y Sedal, en el pantano de Riaño. Se trata de, Roberto Morán Vélez, varias veces entre los primeros en los Campeonatos de España de Pesca de Salmónidos, participante, con la selección española, en cuatro mundiales de pesca en esta modalidad, campeón autonómico de Castilla y León, provincial y Campeón de la Semana Internacional de la Trucha de León, en tres ocasiones. Un referente de la pesca a mosca seca en España, un buen montador de moscas y director de la Escuela Municipal de Pesca y Naturaleza del Ayuntamiento de León, que lo fue y ahora pre jubilado del ayuntamiento de León. Roberto, volvía al embarcadero después de unas horas en el pantano, habiendo comenzado la faena al despuntar el día. En su haber, una hermosa “pintona”, que les presentamos en el reportaje gráfico.
Tras el saludo y un pequeño aperitivo, con bota de vino por medio, nos alejamos pantano adentro. Partíamos deseosos de pasar una grata jornada de pesca, tras ver el bonito ejemplar que portaba “El Virutas”, como cariñosamente se le conoce a Roberto.

LAS CUCHARILLAS DE POCHI EL GALLEGO.

A pesar de las recomendaciones de Roberto, nosotros preferimos pescar con las cucharillas del maestro gallego, Pochi. Cucharillas especiales, del número cinco, “amaestradas” por este artesano y gran pescador, amigo de Julio Pérez Santos.
Antes, hay que revisar el material a emplear, comprobando su estado. Los carretes, especiales para este tipo de pesca al curricán, se encuentran listos. Las cañas, también. Vamos a emplear cuatro y habrá que soltar las cucharillas para que pesquen a diferentes profundidades. Julio, decide las mismas: 7, 10, 12 y 20 metros. Se montan unos artilugios especiales, los platos, para que el sedal se sumerja hasta las profundidades elegidas y se colocan los cascabeles en las puntas de las cañas, que nos servirán de alerta, en caso de picada.
El pantano de Barrios de Luna presenta una imagen como nunca había visto. Está lleno, como hace años que no recuerdo. Las orillas se muestran peligrosas, al menos en las zonas que, de costumbre, eran playas. De los árboles de estas orillas, chopos en la mayoría de los casos, sólo se ven la copa final, por ello es imprescindible encender la sonda y tener información, de primera mano, de los obstáculos que nos encontremos. También, nos indicará los peces que nos vamos encontrando y sus profundidades.
El motor principal de la barca se para, según instrucciones de Julio. Hay que aminorar velocidad y pescar con el motor auxiliar, de menor cilindrada, e ideal para velocidades cortas. Hay que pescar, al curricán, a una velocidad máxima de 1,8 nudos. Así se hace, según los expertos. Nos aproximamos a la orilla de Millera de Luna. Al timón se encuentra Elías. Pendientes de lo que ocurra con las cañas, Julio y Goyo. Observo movimientos, actuaciones y voy sacando fotografías de lo que veo alrededor: aves rapaces (alimoches, águilas...), garzas reales; orillas con hermosas flores con coloridos amarillentos, violáceos, blancos, rojos... La naturaleza presenta su mejor aspecto, tras una primavera repleta de lluvias en tierras leonesas. El día es espléndido y el sol comienza a calentar. Poco a poco nos vamos desprendiendo del forro polar y otras prendas de abrigo. Al final, en manga corta y... el cascabel que comienza a sonar. Rápidamente, Julio, se hace con la caña. Llega el primer ejemplar y no hace ni quince minutos que comenzamos la jornada. Efectivamente, la caña con 12 metros de profundidad nos ha ofrecido la primera trucha. Se trata de un buen ejemplar de trucha común, un poco delgada, pero con un peso que se aproxima al kilo. Satisfacción total cuando, Goyo, con la sacadera consigue que el ejemplar entre en la embarcación. Es la primera, pero pronto se consigue una segunda, tercera... y así hasta llegar a siete buenos ejemplares. Uno de ellos de casi tres kilos. Las cinco primeras se consiguieron próximas a la orilla, entre Mirantes y Millera de Luna. Las otras dos, próximas al puente de la autopista. Curiosamente, las cinco primeras entraron a una profundidad de 12 metros, mientras que las dos siguientes, a 20 metros de profundidad. Barrios de Luna, según la sonda, presenta profundidades de más de 60 metros, en las zonas medias, mientras que más próximos a las orillas, la media es de unos 30 metros. La temperatura del agua es buena, marcando entre 10 y 12º.
Es medio día y aprieta el sol. Las pintonas parece que ya no quieren entrar, por lo que decidimos relajarnos y volver al refrigerio. Goyo, saca una empanada de carne que él mismo había preparado, artesanalmente, en casa. Se trata de una “señora” empanada, a la que le dimos un “quite” que la dejamos tiesa. La cerveza, para unos y el vino en bota, para otros, sirvió de acompañamiento. Las cañas, colocadas en los laterales y parte trasera de la embarcación, continuaban pescando sin nuestra atención. De repente, otra vez el cascabel. Goyo, se acerca a la caña situada a 7 metros, a la que se le había puesto un rapala, simulando un pez. Deja la cerveza y la empanada y se dispone a sacar el ejemplar. Lo que primero se había convertido en alegría, porque hacía muchos minutos que no sonaba el cascabel, después se convirtió en desprecio. Se trataba de un escallo, de buen tamaño, que había tomado el engaño con ganas. Venía bien trabado. Poco después, otro toque. Goyo, vuelve a tirarse a por la caña. Se trata de un buen ejemplar, grita. Después de varias acometidas y vueltas de carrete, aquello se suelta y el lamento se oye en el pantano. El pez, trucha o lo que fuese, se había quedado para criar. Tampoco está mal.

LA ISLA DEL CONEJO

El agua comienza a cobrar más temperatura. De los 10º de primera hora de la mañana, pasamos a los 13,5º, y sólo son las 14 horas. Las truchas han perdido apetito y voracidad. El pantano parece muerto y no se mueve nada dentro del agua. Una ligera brisa acaricia nuestros rostros que comienzan a estar fatigados por las horas en la barca y el sol. Decidimos irnos a la “Isla del conejo”, para comer.
Buscamos un lugar para atracar el barco, algo que Julio consigue, aunque quien nos estaba conduciendo hacia el objetivo era Elías, que hacía de timonel. El capitán es el capitán.
Bajamos la cocinilla de gas, las neveras con bebidas y viandas y elegimos lugar donde poder estar cómodamente.
Compruebo que la isla es pequeña y rocosa. Miro alrededor y, salvo vegetación y pequeñas zonas verdes de hierba, poco más se veía. ¿Por qué la isla del conejo y en singular?. Mi pregunta, es contestada y con cachondeo. No se trata de que en la isla hubiese un conejo o conejos. Se trataba de otro tipo de conejo. Al parecer, es una de las zonas más visitada, en verano, por quienes tienen su embarcación en el Club Náutico de Mirantes de Luna. Ustedes mismos.
Unos buenos chuletones y lonchas de bacón, comenzaron a darnos un delicioso olor que nos abrió mucho más el apetito. La bota de vino no se dejaba descansar.

JORNADA DE TARDE

Después del refrigerio y unos minutos de diálogo, se decide volver a la faena. El sistema de pesca será el mismo y el recorrido, desde la isla, otra vez el mismo. Dirección Mirantes y Millera, para seguir bordeando el pantano hasta llegar a la zona del puente Fernández Casado y seguir hacia la caída de las aguas del río Luna al embalse.
Nada más salir de la isla, la sonda nos indica bancos de peces a diferentes profundidades. La temperatura del agua marca 14,5º, una buena temperatura para la masa importante de agua que hay. La temperatura del agua, es significativa para los peces. Ya no comen a tanta profundidad como por la mañana y las profundidades de los bancos de peces que muestra la sonda, así nos lo hace saber. Pese a todo, Julio, no quiere cambiar las profundidades. Como señuelos, un rapala a 7 metros, y a 10-12 y 20 metros cucharillas blancas con pintas rojas de Pochi, el gallego.
Otra vez, a la altura de las playas de Millera, suena el cascabel de una caña. Es la situada a 10 metros de profundidad la que nos ofrece la oportunidad de luchar con una trucha terciada, de no más de 500 gramos. Pese a ser la más pequeña en tamaño, tiraba con mucha fuerza y no se dejaba acercar. Lo cuento así, porque fue la única que me tocó sacar. Sentí una sensación distinta a cuando consigues una trucha en el río. La adrenalina no es la misma en cantidad. La emoción y tensión, sólo cuando suena el cascabel. Después, es como traer hacia ti algo que no has pinchado ni engañado con tus propias moscas. No, no y no... no me gustó conseguir la pieza. No tiene ningún arte. Se trata de tener un barco, buenas cañas y en poco arte que pueda tener esta pesca es saber colocar los engaños a las diferentes alturas o profundidades para que entren las piezas.
El curricán, para mí y con el respeto que me merecen quien lo practica, es una pesca sosa y aburrida, sin arte, donde sólo es necesario esperar a que el pez entre al señuelo. ¡Qué distinto es andar por el río viendo las cebadas y colocando la mosca por encima de las mismas, hasta que se consigue engañar a un buen ejemplar!¿Y el golpe de muñeca para trabar?. Después llega el éxtasis viendo como la "nueve pies" se curva y como se defiende la trucha, chapoteando el agua. Esa lucha con el pez que se quiere soltar. Ese soltar cola. La ida y venida del ejemplar hasta que cansado, extenuado se entrega a la sacadera. ¡Qué distinto!.
Continuamos pescando desde embarcación, dirección al puente sobre la autopista. Bajo el mismo muro de sujeción, comprobamos varios coches aparcados y varios pescadores practicando con sus cañas desde orilla. A su altura, otra vez suena el cascabel. Se trata, de nuevo, de un escallo de buen tamaño, que por ser escallo vuelve al agua.
Atravesando la línea oscura que existe sobre el agua, debido a la sombra que marca el propio puente, una nueva picada y otra vez el mismo tipo de pez.
Nos acercamos a la orilla y los más avispados, caso de Julio y Elías, nos indican a Goyo y a mí, un par de “banderillas” colgando de unas ramas de unos alisos, a un metro del agua. La menor profundidad y los obstáculos que marca la sonda, nos hacen desistir de destruirlas. No podemos acercarnos y cortar el sedal. La impunidad de algunos, al atardecer, o en la oscuridad de la noche, hace posible este tipo de pesca, con el que agonizan los ejemplares que toman el cebo, intentando, durante horas, desprenderse del anzuelo, hasta la extenuación y la muerte. El Seprona, debería vigilar más esta zona.

LA TORRE DE LA IGLESIA DE SANTA EULALIA Y EL PRADO LAGUEYES.

La tarde se va pasando y sólo llevamos una trucha más, aunque los escallos han vuelto a picar hasta conseguir siete ejemplares más. Al menos, el aburrimiento de media mañana se nos había quitado.
La temperatura del agua, según nos acercábamos hasta la cola del pantano, llegó hasta 15,6º, pero las truchas brillaban por su ausencia.
El recorrido de vuelta, hasta el embarcadero lo hicimos por la orilla contraria. Allí estaba la roca blanca, a la altura de Santa Eulalia de las Manzanas y el Prado Lagueyes que, como siempre que pasamos por la zona me indica “Maelín el de Santa Olaja”, compañero mío de pesca de toda la vida, nacido en Santa Olaja de Luna, pueblo desaparecido cuando hicieron el pantano y que dormita bajo las aguas, como siempre me dice, es el mejor indicador de lo lleno que puede estar el pantano. La roca es gris, aunque la marca del agua se hace visible al pintar de blanco la misma. Es la señal de los lugareños para saber si el pantano está más o menos lleno. Esa señal, prácticamente, ni se nota, lo que indica que se supera la altura de las aguas en muchas décadas.
La torre de la iglesia de Lagueyes, la espadaña, casi está totalmente sumergida. La caída de la tarde hace posible que haga unas fotos interesantes con la espadaña como objetivo.
Minutos más tarde, y a la altura de una enorme pared de roca caliza, donde pudimos comprobar, en un corte, un nido de alimoche, con dos crías, de nuevo vuelve a sonar el cascabel. Ahora sí se trata de un nuevo ejemplar de trucha. La novena y a la postre la última, porque después, en todo el trayecto hasta el embarcadero, no volvimos a sentir ni una sola picada.
La jornada finaliza con la puesta del sol y el saludo de Roberto Morán, que nos estaba esperando con un amigo.
En casi doce horas de pesca en embarcación, nueve ejemplares de trucha común, la mayor de unos tres kilos, y la impresión de insatisfacción en mi cuerpo por una pesca que no termina de llenarme, la pesca al curricán.

viernes, 19 de diciembre de 2008

El Casares para pescar en tierras de Gordón...






EL RÍO CASARES














Un auténtico criadero de truchas, que será un seguro de caudal para el río Bernesga.




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Texto y fotos: Eduardo García Carmona
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Fue el primer río de León que conocí en mi infancia. Desde entonces siempre ha circulado el mismo recuerdo en mi mente. ¡Qué fascinante y maravilloso corre el río Casares hacia el Bernesga, y qué cantidad de truchas guarda entre sus piedras!.
Eran tiempos de vacaciones infantiles al pie de la montaña, después de un curso ajetreado, en compañía de amigos, que hacían encantadores aquellos días de verano.
En las aguas del río Casares, o el río de Beberino, como le conocía por entonces, curiosamente pesqué mi primera trucha. En este río aprendí a nadar, a lavar los platos, a asearme en plena naturaleza. En este río y, en el paisaje maravilloso que le rodea, comencé a amar la naturaleza. El Casares era nuestra "fuente" diaria para múltiples usos y es el afluente de mayor aportación al Bernesga. En un futuro muy próximo con la ampliación de la presa de Casares, o recrecimiento del muro, será el seguro de agua para el curso bajo del Bernesga, desde La Robla, pasando por la capital leonesa y hasta su desembocadura en el Esla.
El Casares es un río corto en recorrido, pero largo en calidad de aguas y truchas. Nace en las montañas hermosas del puerto de Aralla, en la ladera contigua al embalse de Luna. Son montañas gigantes, de roca grisácea, donde las nubes alegres y juguetonas unas veces, y otras serias y malhumoradas, se posan para recreo y placer, o descargar toda su fuerza con ímpetu y coraje, regando todo el entorno. De esas aguas y nieves, surge el curso cantarín de un riachuelo que gana su mayoría de edad cuando va saliendo de las rocas. Lo hace entre muchos vericuetos, hoces, saltos y pedregales. Las aguas discurren con fuerza chocando con las laderas de la montaña formando una sinfonía agradable al oído. Son tan puras y cristalinas que sirven, incluso, para beber. Según va ganando metros de vida, el viajero se encuentra un verdadero “arco iris” en la tonalidad de las aguas del Casares. Unas veces son verdosas, otras azules u ocres, dependiendo del terreno que salpica y la profundidad de su curso. Todavía es muy estrecho para pensar en pescar, además no pero se puede por estar prohibido. Después llega a la presa donde deposita sus aguas que sirven para saciar la sed de muchas gentes del lugar y otras de más lejos. En las aguas que vierten a la presa de Casares no se puede pescar por encontrarse totalmente protegidas por las normas de pesca, al estar declaradas como vedado total de pesca. En esta presa, la cantidad de truchas es sensacional, sirviendo como piscifactoría natural al resto del río y arroyos que allí confluyen. Abundan los buenos ejemplares.

ZONAS DE PESCA

Dejando la presa de Casares, este río comienza a profundizar su recorrido entre las rocas. Los remansos y tabladas, prácticamente ni existen. El río discurre muy vivo y tiene mucha caída. Aunque se pudiese pescar, algo que no ocurre por estar prohibida la pesca desde el muro del embalse hasta la localidad de Geras, el arte para poder pescar en sus aguas sería, sin lugar a dudas, la cucharilla o el cebo natural. Existen hermosos pozos profundos que se forman entre las rocas. Al ser tan estrecho, siempre habría que pescar aguas arriba, y más por la pureza de sus aguas que son totalmente transparentes, que por otra cosa, ya que "la pintona" verá a cualquiera que se acerque a la orilla.
La mejor zona del río comienza un par de kilómetros antes de llegar a Geras de Gordón (ahora vedado) ¡qué bonito es este pueblo de la montaña! Las casas están situadas entre la carretera y el río. Algunas incluso se balancean sobre sus aguas. Están construidas con rocas de la montaña, formando auténticas fortalezas inexpugnables. En el montículo más alto del pequeño valle, presidiendo el pueblo, la Iglesia Parroquial, reconstruida en las zonas más afectadas por el abandono de años y el deterioro normal de las inclemencias del tiempo, principalmente. ¡Tan, tan, tan! El sonido del bronce de las campanas se hace posible al tirar de una cadena que llega a pie de tierra... ¡Qué recuerdos! Por las escaleras exteriores hasta lo alto del campanario, se encuentra uno un mirador sensacional para admirar la belleza natural del pequeño valle.
Las montañas más altas conservan la nieve durante meses. Los hermosos prados presentan su encantador verdor con olor a fresco. Las tierras labradas comienzan a enseñar sus frutos. Los árboles están recubiertos de un manto blanco, que en la lejanía parecen estar nevados. Son las hermosas flores de la primavera, que al final del verano darán sabrosas manzanas, peras, sabrosas guindas silvestres o las buenas cerezas de León. El paisaje es encantador... ideal. Geras de Gordón, es un lugar único para el descanso en plena naturaleza. Es para gozar relajándose y olvidando la rutina de la ciudad, el trabajo, los ruidos... Aquí, por lo contrario, el amante de la pesca se encuentra, nunca mejor dicho, como pez en el agua.
El río Casares antes de llegar a Geras, ofrece un sin fin de cualidades para el pescador, todas de incalculable valor. Ocurre que la Administración lo ha vedado hasta allí. Unos trescientos o cuatrocientos metros antes del pueblo, nos encontraremos el viejo molino. Por encima, el Casares ofrece unas buenas caídas, donde antes se pescaba muy bien a cucharilla. Cuando las aguas chocan contra la pared de roca de la casa del molinero, se forma una muy buena tablada que era apta para pescar a pluma. No era conveniente meterle a la cuerda muchos mosquitos. Con tres, ya estaba bien. Y es que la anchura no sobrepasa los cinco o seis metros. El agua, aunque todavía viva, se remansa al ganar metros debido a la pequeña presa construida por las gentes del lugar. Aquí hay muy buenas truchas. Parece mentira que un río de montaña tan estrecho y castigado en verano, pueda tener trucha de tan buena calidad como hemos podido comprobar en jornadas de pesca, durante muchos años, anteriores a la veda en la zona.
Si esta tablada es buena, metros más abajo se forma otra un poco más ancha, al llegar las aguas al puerto que existe por encima de Geras. Todo ello es muy bueno para pescar a pluma, o a cucharilla, pero sin pisar demasiado la orilla. Más adelante el Casares se mete en el pueblo formando una buena caída, con aguas bravas e impescables hasta llegar al primer puente. De aquí aguas abajo, otra buena tabla para pescar casi desde el porche de una de las casas que hay allí mismo, o desde la misma carretera que cruza el pueblo. Toda esta zona está ahora acondicionada y forma una piscina con aguas remansadas, donde los pescadores y los que no lo son, se pueden quedar atónitos viendo ejemplares que rondan el kilo de peso. Se trata de una piscifactoría natural inmejorable.
Unos 50 metros más abajo del puente de Geras, otros tramos buenos para pescar, ya sin prohibición.


HACIA CABORNERA Y BEBERINO

Dejada la población de Geras, el río Casares continúa ganando caudal con los muchos arroyos que depositan sus aguas en éste, por uno y otro lado. La maleza, arbustos y arboledas acompañan al río en su discurrir hacia Cabornera. La vegetación poco a poco se va perdiendo, al adentrarnos en zona rocosa. La carretera dibuja sus "eses" entre la montaña, acompañando al río que choca una y otra vez con las paredes rocosas. Aquí hay buenos pozos para pescar a cebo. Saliendo de este entramado de curvas, se abre el horizonte. Las praderas y las huertas repletas de hortalizas y con muchos árboles frutales alrededor, son regadas por las aguas del Casares. Llegamos a Cabornera, otro bonito pueblo que da vida a la zona en verano, principalmente, con la llegada de gentes de otros lugares. Aquí se ensancha el valle alejándose la montaña a un lado y a otro. El río se cierra por el ramaje de los arbustos y árboles, haciéndolo casi impracticable. Eso parece, pero es a partir de aquí donde el Casares se hace adulto del todo. El cauce ya se ha ensanchado y las piedras del fondo se ven casi limpias. Hay, en esta zona de Cabornera, excelentes tablas para poder pescar. A efectos de lance, aunque dificultoso, se puede decir que no hay desperdicio. Todas las tiradas son buenas, y parece mentira la cantidad de trucha que tiene este río.
Antes de llegar al Campamento, el río atraviesa hermosas praderas. Ya no baja con tanta rapidez. Las tablas son más remansadas y cada vez mejores para la pesca. La tabla antes del puente del Campamento, da cada temporada muy buenas capturas. Después del puente, el río se mantiene en una balsa medio artificial y natural, ya que se ha aprovechado para piscina en época estival, para continuar, su caminar hacía el Bernesga cruzando parajes encantadores. En esta zona se aproxima al río la montaña, y en la falda, lindando con el propio río los avellanos se alinean, acariciando con su verdor las aguas. Es buena zona de avellanos y cerezos. Al fondo ya se divisa Beberino. Antes, el Casares recibe un aporte importante de caudal por la margen izquierda. Es el río que baja las aguas desde Folledo y Buiza, rico también en buenas truchas, y que tiene su mejor zona de pesca en la tabla de la ermita. A partir de aquí, no sólo gana el Casares en caudal, sino también en anchura y buenas zonas de pesca. Quizás este tramo hasta llegar a Beberino es de lo más visitado por los pescadores, por lo que también es el más castigado, sin duda.
Aparte del recreo natural con gran belleza y paisaje, el pescador se encuentra en Geras y Cabornera con muy buenos establecimientos, donde entretener el estómago.
Son famosos en la zona los riquísimos embutidos: chorizos curados al aire de la montaña, el salchichón de pueblo, lomo, cecina y el jamón.