LIBROS PUBLICADOS POR Eduardo García Carmona...

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sábado, 3 de enero de 2009

PARA PERDERSE EN LEÓN: EMBALSE DE BARRIOS DE LUNA

Otra forma de pescar truchas.

Donde el río Luna se convierte en un mar de agua dulce.

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Texto y fotos: Eduardo García Carmona
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Estamos a la puerta de la montaña de Luna y Babia donde modernización y naturaleza nos saludan. Se trata de pasar una jornada de pesca, en embarcación, junto con tres amigos: Julio, Elías y Goyo. El primero, es el propietario de la motora que nos adentrará en la aventura de la pesca de la trucha, en pantano y a caña, con cucharilla, pero al curricán.
El paisaje es impresionante, montañas, agua y el verdor de los montes de pinos, robles y sabinares. Al frente, a lo lejos y en días claros, podemos divisar Peña Ubiña, el macizo más alto de Picos de Europa, en esta zona entre León y Asturias. A un lado, la autopista y el puente emblemático que construyó el ingeniero, Fernández Casado, y que lleva su nombre. Al otro, montes llenos de verdor y vida, salvo el desgarro de una veta de terreno que han querido explotar como cantera, cargándose una de las mejores zonas de sabinas de Europa.
La cita ha sido en el Club Náutico de Mirantes de Luna. Junto al embarcadero dormitan una docena de barcos y una veintena de roulottes y casas pre-fabricadas. Aquí comienza la aventura que les vamos a relatar.
Pese a ser las siete de la mañana, y cuando nuestra embarcación ya está saliendo, nos encontramos otro barco que se aproxima al embarcadero. Se trata de un buen amigo y conocido de gran parte de los pescadores de élite de toda España y, especialmente, de los aficionados a la pesca en León, con quien realizamos un reportaje, para Jara y Sedal, en el pantano de Riaño. Se trata de, Roberto Morán Vélez, varias veces entre los primeros en los Campeonatos de España de Pesca de Salmónidos, participante, con la selección española, en cuatro mundiales de pesca en esta modalidad, campeón autonómico de Castilla y León, provincial y Campeón de la Semana Internacional de la Trucha de León, en tres ocasiones. Un referente de la pesca a mosca seca en España, un buen montador de moscas y director de la Escuela Municipal de Pesca y Naturaleza del Ayuntamiento de León, que lo fue y ahora pre jubilado del ayuntamiento de León. Roberto, volvía al embarcadero después de unas horas en el pantano, habiendo comenzado la faena al despuntar el día. En su haber, una hermosa “pintona”, que les presentamos en el reportaje gráfico.
Tras el saludo y un pequeño aperitivo, con bota de vino por medio, nos alejamos pantano adentro. Partíamos deseosos de pasar una grata jornada de pesca, tras ver el bonito ejemplar que portaba “El Virutas”, como cariñosamente se le conoce a Roberto.

LAS CUCHARILLAS DE POCHI EL GALLEGO.

A pesar de las recomendaciones de Roberto, nosotros preferimos pescar con las cucharillas del maestro gallego, Pochi. Cucharillas especiales, del número cinco, “amaestradas” por este artesano y gran pescador, amigo de Julio Pérez Santos.
Antes, hay que revisar el material a emplear, comprobando su estado. Los carretes, especiales para este tipo de pesca al curricán, se encuentran listos. Las cañas, también. Vamos a emplear cuatro y habrá que soltar las cucharillas para que pesquen a diferentes profundidades. Julio, decide las mismas: 7, 10, 12 y 20 metros. Se montan unos artilugios especiales, los platos, para que el sedal se sumerja hasta las profundidades elegidas y se colocan los cascabeles en las puntas de las cañas, que nos servirán de alerta, en caso de picada.
El pantano de Barrios de Luna presenta una imagen como nunca había visto. Está lleno, como hace años que no recuerdo. Las orillas se muestran peligrosas, al menos en las zonas que, de costumbre, eran playas. De los árboles de estas orillas, chopos en la mayoría de los casos, sólo se ven la copa final, por ello es imprescindible encender la sonda y tener información, de primera mano, de los obstáculos que nos encontremos. También, nos indicará los peces que nos vamos encontrando y sus profundidades.
El motor principal de la barca se para, según instrucciones de Julio. Hay que aminorar velocidad y pescar con el motor auxiliar, de menor cilindrada, e ideal para velocidades cortas. Hay que pescar, al curricán, a una velocidad máxima de 1,8 nudos. Así se hace, según los expertos. Nos aproximamos a la orilla de Millera de Luna. Al timón se encuentra Elías. Pendientes de lo que ocurra con las cañas, Julio y Goyo. Observo movimientos, actuaciones y voy sacando fotografías de lo que veo alrededor: aves rapaces (alimoches, águilas...), garzas reales; orillas con hermosas flores con coloridos amarillentos, violáceos, blancos, rojos... La naturaleza presenta su mejor aspecto, tras una primavera repleta de lluvias en tierras leonesas. El día es espléndido y el sol comienza a calentar. Poco a poco nos vamos desprendiendo del forro polar y otras prendas de abrigo. Al final, en manga corta y... el cascabel que comienza a sonar. Rápidamente, Julio, se hace con la caña. Llega el primer ejemplar y no hace ni quince minutos que comenzamos la jornada. Efectivamente, la caña con 12 metros de profundidad nos ha ofrecido la primera trucha. Se trata de un buen ejemplar de trucha común, un poco delgada, pero con un peso que se aproxima al kilo. Satisfacción total cuando, Goyo, con la sacadera consigue que el ejemplar entre en la embarcación. Es la primera, pero pronto se consigue una segunda, tercera... y así hasta llegar a siete buenos ejemplares. Uno de ellos de casi tres kilos. Las cinco primeras se consiguieron próximas a la orilla, entre Mirantes y Millera de Luna. Las otras dos, próximas al puente de la autopista. Curiosamente, las cinco primeras entraron a una profundidad de 12 metros, mientras que las dos siguientes, a 20 metros de profundidad. Barrios de Luna, según la sonda, presenta profundidades de más de 60 metros, en las zonas medias, mientras que más próximos a las orillas, la media es de unos 30 metros. La temperatura del agua es buena, marcando entre 10 y 12º.
Es medio día y aprieta el sol. Las pintonas parece que ya no quieren entrar, por lo que decidimos relajarnos y volver al refrigerio. Goyo, saca una empanada de carne que él mismo había preparado, artesanalmente, en casa. Se trata de una “señora” empanada, a la que le dimos un “quite” que la dejamos tiesa. La cerveza, para unos y el vino en bota, para otros, sirvió de acompañamiento. Las cañas, colocadas en los laterales y parte trasera de la embarcación, continuaban pescando sin nuestra atención. De repente, otra vez el cascabel. Goyo, se acerca a la caña situada a 7 metros, a la que se le había puesto un rapala, simulando un pez. Deja la cerveza y la empanada y se dispone a sacar el ejemplar. Lo que primero se había convertido en alegría, porque hacía muchos minutos que no sonaba el cascabel, después se convirtió en desprecio. Se trataba de un escallo, de buen tamaño, que había tomado el engaño con ganas. Venía bien trabado. Poco después, otro toque. Goyo, vuelve a tirarse a por la caña. Se trata de un buen ejemplar, grita. Después de varias acometidas y vueltas de carrete, aquello se suelta y el lamento se oye en el pantano. El pez, trucha o lo que fuese, se había quedado para criar. Tampoco está mal.

LA ISLA DEL CONEJO

El agua comienza a cobrar más temperatura. De los 10º de primera hora de la mañana, pasamos a los 13,5º, y sólo son las 14 horas. Las truchas han perdido apetito y voracidad. El pantano parece muerto y no se mueve nada dentro del agua. Una ligera brisa acaricia nuestros rostros que comienzan a estar fatigados por las horas en la barca y el sol. Decidimos irnos a la “Isla del conejo”, para comer.
Buscamos un lugar para atracar el barco, algo que Julio consigue, aunque quien nos estaba conduciendo hacia el objetivo era Elías, que hacía de timonel. El capitán es el capitán.
Bajamos la cocinilla de gas, las neveras con bebidas y viandas y elegimos lugar donde poder estar cómodamente.
Compruebo que la isla es pequeña y rocosa. Miro alrededor y, salvo vegetación y pequeñas zonas verdes de hierba, poco más se veía. ¿Por qué la isla del conejo y en singular?. Mi pregunta, es contestada y con cachondeo. No se trata de que en la isla hubiese un conejo o conejos. Se trataba de otro tipo de conejo. Al parecer, es una de las zonas más visitada, en verano, por quienes tienen su embarcación en el Club Náutico de Mirantes de Luna. Ustedes mismos.
Unos buenos chuletones y lonchas de bacón, comenzaron a darnos un delicioso olor que nos abrió mucho más el apetito. La bota de vino no se dejaba descansar.

JORNADA DE TARDE

Después del refrigerio y unos minutos de diálogo, se decide volver a la faena. El sistema de pesca será el mismo y el recorrido, desde la isla, otra vez el mismo. Dirección Mirantes y Millera, para seguir bordeando el pantano hasta llegar a la zona del puente Fernández Casado y seguir hacia la caída de las aguas del río Luna al embalse.
Nada más salir de la isla, la sonda nos indica bancos de peces a diferentes profundidades. La temperatura del agua marca 14,5º, una buena temperatura para la masa importante de agua que hay. La temperatura del agua, es significativa para los peces. Ya no comen a tanta profundidad como por la mañana y las profundidades de los bancos de peces que muestra la sonda, así nos lo hace saber. Pese a todo, Julio, no quiere cambiar las profundidades. Como señuelos, un rapala a 7 metros, y a 10-12 y 20 metros cucharillas blancas con pintas rojas de Pochi, el gallego.
Otra vez, a la altura de las playas de Millera, suena el cascabel de una caña. Es la situada a 10 metros de profundidad la que nos ofrece la oportunidad de luchar con una trucha terciada, de no más de 500 gramos. Pese a ser la más pequeña en tamaño, tiraba con mucha fuerza y no se dejaba acercar. Lo cuento así, porque fue la única que me tocó sacar. Sentí una sensación distinta a cuando consigues una trucha en el río. La adrenalina no es la misma en cantidad. La emoción y tensión, sólo cuando suena el cascabel. Después, es como traer hacia ti algo que no has pinchado ni engañado con tus propias moscas. No, no y no... no me gustó conseguir la pieza. No tiene ningún arte. Se trata de tener un barco, buenas cañas y en poco arte que pueda tener esta pesca es saber colocar los engaños a las diferentes alturas o profundidades para que entren las piezas.
El curricán, para mí y con el respeto que me merecen quien lo practica, es una pesca sosa y aburrida, sin arte, donde sólo es necesario esperar a que el pez entre al señuelo. ¡Qué distinto es andar por el río viendo las cebadas y colocando la mosca por encima de las mismas, hasta que se consigue engañar a un buen ejemplar!¿Y el golpe de muñeca para trabar?. Después llega el éxtasis viendo como la "nueve pies" se curva y como se defiende la trucha, chapoteando el agua. Esa lucha con el pez que se quiere soltar. Ese soltar cola. La ida y venida del ejemplar hasta que cansado, extenuado se entrega a la sacadera. ¡Qué distinto!.
Continuamos pescando desde embarcación, dirección al puente sobre la autopista. Bajo el mismo muro de sujeción, comprobamos varios coches aparcados y varios pescadores practicando con sus cañas desde orilla. A su altura, otra vez suena el cascabel. Se trata, de nuevo, de un escallo de buen tamaño, que por ser escallo vuelve al agua.
Atravesando la línea oscura que existe sobre el agua, debido a la sombra que marca el propio puente, una nueva picada y otra vez el mismo tipo de pez.
Nos acercamos a la orilla y los más avispados, caso de Julio y Elías, nos indican a Goyo y a mí, un par de “banderillas” colgando de unas ramas de unos alisos, a un metro del agua. La menor profundidad y los obstáculos que marca la sonda, nos hacen desistir de destruirlas. No podemos acercarnos y cortar el sedal. La impunidad de algunos, al atardecer, o en la oscuridad de la noche, hace posible este tipo de pesca, con el que agonizan los ejemplares que toman el cebo, intentando, durante horas, desprenderse del anzuelo, hasta la extenuación y la muerte. El Seprona, debería vigilar más esta zona.

LA TORRE DE LA IGLESIA DE SANTA EULALIA Y EL PRADO LAGUEYES.

La tarde se va pasando y sólo llevamos una trucha más, aunque los escallos han vuelto a picar hasta conseguir siete ejemplares más. Al menos, el aburrimiento de media mañana se nos había quitado.
La temperatura del agua, según nos acercábamos hasta la cola del pantano, llegó hasta 15,6º, pero las truchas brillaban por su ausencia.
El recorrido de vuelta, hasta el embarcadero lo hicimos por la orilla contraria. Allí estaba la roca blanca, a la altura de Santa Eulalia de las Manzanas y el Prado Lagueyes que, como siempre que pasamos por la zona me indica “Maelín el de Santa Olaja”, compañero mío de pesca de toda la vida, nacido en Santa Olaja de Luna, pueblo desaparecido cuando hicieron el pantano y que dormita bajo las aguas, como siempre me dice, es el mejor indicador de lo lleno que puede estar el pantano. La roca es gris, aunque la marca del agua se hace visible al pintar de blanco la misma. Es la señal de los lugareños para saber si el pantano está más o menos lleno. Esa señal, prácticamente, ni se nota, lo que indica que se supera la altura de las aguas en muchas décadas.
La torre de la iglesia de Lagueyes, la espadaña, casi está totalmente sumergida. La caída de la tarde hace posible que haga unas fotos interesantes con la espadaña como objetivo.
Minutos más tarde, y a la altura de una enorme pared de roca caliza, donde pudimos comprobar, en un corte, un nido de alimoche, con dos crías, de nuevo vuelve a sonar el cascabel. Ahora sí se trata de un nuevo ejemplar de trucha. La novena y a la postre la última, porque después, en todo el trayecto hasta el embarcadero, no volvimos a sentir ni una sola picada.
La jornada finaliza con la puesta del sol y el saludo de Roberto Morán, que nos estaba esperando con un amigo.
En casi doce horas de pesca en embarcación, nueve ejemplares de trucha común, la mayor de unos tres kilos, y la impresión de insatisfacción en mi cuerpo por una pesca que no termina de llenarme, la pesca al curricán.

viernes, 19 de diciembre de 2008

El Casares para pescar en tierras de Gordón...






EL RÍO CASARES














Un auténtico criadero de truchas, que será un seguro de caudal para el río Bernesga.




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Texto y fotos: Eduardo García Carmona
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Fue el primer río de León que conocí en mi infancia. Desde entonces siempre ha circulado el mismo recuerdo en mi mente. ¡Qué fascinante y maravilloso corre el río Casares hacia el Bernesga, y qué cantidad de truchas guarda entre sus piedras!.
Eran tiempos de vacaciones infantiles al pie de la montaña, después de un curso ajetreado, en compañía de amigos, que hacían encantadores aquellos días de verano.
En las aguas del río Casares, o el río de Beberino, como le conocía por entonces, curiosamente pesqué mi primera trucha. En este río aprendí a nadar, a lavar los platos, a asearme en plena naturaleza. En este río y, en el paisaje maravilloso que le rodea, comencé a amar la naturaleza. El Casares era nuestra "fuente" diaria para múltiples usos y es el afluente de mayor aportación al Bernesga. En un futuro muy próximo con la ampliación de la presa de Casares, o recrecimiento del muro, será el seguro de agua para el curso bajo del Bernesga, desde La Robla, pasando por la capital leonesa y hasta su desembocadura en el Esla.
El Casares es un río corto en recorrido, pero largo en calidad de aguas y truchas. Nace en las montañas hermosas del puerto de Aralla, en la ladera contigua al embalse de Luna. Son montañas gigantes, de roca grisácea, donde las nubes alegres y juguetonas unas veces, y otras serias y malhumoradas, se posan para recreo y placer, o descargar toda su fuerza con ímpetu y coraje, regando todo el entorno. De esas aguas y nieves, surge el curso cantarín de un riachuelo que gana su mayoría de edad cuando va saliendo de las rocas. Lo hace entre muchos vericuetos, hoces, saltos y pedregales. Las aguas discurren con fuerza chocando con las laderas de la montaña formando una sinfonía agradable al oído. Son tan puras y cristalinas que sirven, incluso, para beber. Según va ganando metros de vida, el viajero se encuentra un verdadero “arco iris” en la tonalidad de las aguas del Casares. Unas veces son verdosas, otras azules u ocres, dependiendo del terreno que salpica y la profundidad de su curso. Todavía es muy estrecho para pensar en pescar, además no pero se puede por estar prohibido. Después llega a la presa donde deposita sus aguas que sirven para saciar la sed de muchas gentes del lugar y otras de más lejos. En las aguas que vierten a la presa de Casares no se puede pescar por encontrarse totalmente protegidas por las normas de pesca, al estar declaradas como vedado total de pesca. En esta presa, la cantidad de truchas es sensacional, sirviendo como piscifactoría natural al resto del río y arroyos que allí confluyen. Abundan los buenos ejemplares.

ZONAS DE PESCA

Dejando la presa de Casares, este río comienza a profundizar su recorrido entre las rocas. Los remansos y tabladas, prácticamente ni existen. El río discurre muy vivo y tiene mucha caída. Aunque se pudiese pescar, algo que no ocurre por estar prohibida la pesca desde el muro del embalse hasta la localidad de Geras, el arte para poder pescar en sus aguas sería, sin lugar a dudas, la cucharilla o el cebo natural. Existen hermosos pozos profundos que se forman entre las rocas. Al ser tan estrecho, siempre habría que pescar aguas arriba, y más por la pureza de sus aguas que son totalmente transparentes, que por otra cosa, ya que "la pintona" verá a cualquiera que se acerque a la orilla.
La mejor zona del río comienza un par de kilómetros antes de llegar a Geras de Gordón (ahora vedado) ¡qué bonito es este pueblo de la montaña! Las casas están situadas entre la carretera y el río. Algunas incluso se balancean sobre sus aguas. Están construidas con rocas de la montaña, formando auténticas fortalezas inexpugnables. En el montículo más alto del pequeño valle, presidiendo el pueblo, la Iglesia Parroquial, reconstruida en las zonas más afectadas por el abandono de años y el deterioro normal de las inclemencias del tiempo, principalmente. ¡Tan, tan, tan! El sonido del bronce de las campanas se hace posible al tirar de una cadena que llega a pie de tierra... ¡Qué recuerdos! Por las escaleras exteriores hasta lo alto del campanario, se encuentra uno un mirador sensacional para admirar la belleza natural del pequeño valle.
Las montañas más altas conservan la nieve durante meses. Los hermosos prados presentan su encantador verdor con olor a fresco. Las tierras labradas comienzan a enseñar sus frutos. Los árboles están recubiertos de un manto blanco, que en la lejanía parecen estar nevados. Son las hermosas flores de la primavera, que al final del verano darán sabrosas manzanas, peras, sabrosas guindas silvestres o las buenas cerezas de León. El paisaje es encantador... ideal. Geras de Gordón, es un lugar único para el descanso en plena naturaleza. Es para gozar relajándose y olvidando la rutina de la ciudad, el trabajo, los ruidos... Aquí, por lo contrario, el amante de la pesca se encuentra, nunca mejor dicho, como pez en el agua.
El río Casares antes de llegar a Geras, ofrece un sin fin de cualidades para el pescador, todas de incalculable valor. Ocurre que la Administración lo ha vedado hasta allí. Unos trescientos o cuatrocientos metros antes del pueblo, nos encontraremos el viejo molino. Por encima, el Casares ofrece unas buenas caídas, donde antes se pescaba muy bien a cucharilla. Cuando las aguas chocan contra la pared de roca de la casa del molinero, se forma una muy buena tablada que era apta para pescar a pluma. No era conveniente meterle a la cuerda muchos mosquitos. Con tres, ya estaba bien. Y es que la anchura no sobrepasa los cinco o seis metros. El agua, aunque todavía viva, se remansa al ganar metros debido a la pequeña presa construida por las gentes del lugar. Aquí hay muy buenas truchas. Parece mentira que un río de montaña tan estrecho y castigado en verano, pueda tener trucha de tan buena calidad como hemos podido comprobar en jornadas de pesca, durante muchos años, anteriores a la veda en la zona.
Si esta tablada es buena, metros más abajo se forma otra un poco más ancha, al llegar las aguas al puerto que existe por encima de Geras. Todo ello es muy bueno para pescar a pluma, o a cucharilla, pero sin pisar demasiado la orilla. Más adelante el Casares se mete en el pueblo formando una buena caída, con aguas bravas e impescables hasta llegar al primer puente. De aquí aguas abajo, otra buena tabla para pescar casi desde el porche de una de las casas que hay allí mismo, o desde la misma carretera que cruza el pueblo. Toda esta zona está ahora acondicionada y forma una piscina con aguas remansadas, donde los pescadores y los que no lo son, se pueden quedar atónitos viendo ejemplares que rondan el kilo de peso. Se trata de una piscifactoría natural inmejorable.
Unos 50 metros más abajo del puente de Geras, otros tramos buenos para pescar, ya sin prohibición.


HACIA CABORNERA Y BEBERINO

Dejada la población de Geras, el río Casares continúa ganando caudal con los muchos arroyos que depositan sus aguas en éste, por uno y otro lado. La maleza, arbustos y arboledas acompañan al río en su discurrir hacia Cabornera. La vegetación poco a poco se va perdiendo, al adentrarnos en zona rocosa. La carretera dibuja sus "eses" entre la montaña, acompañando al río que choca una y otra vez con las paredes rocosas. Aquí hay buenos pozos para pescar a cebo. Saliendo de este entramado de curvas, se abre el horizonte. Las praderas y las huertas repletas de hortalizas y con muchos árboles frutales alrededor, son regadas por las aguas del Casares. Llegamos a Cabornera, otro bonito pueblo que da vida a la zona en verano, principalmente, con la llegada de gentes de otros lugares. Aquí se ensancha el valle alejándose la montaña a un lado y a otro. El río se cierra por el ramaje de los arbustos y árboles, haciéndolo casi impracticable. Eso parece, pero es a partir de aquí donde el Casares se hace adulto del todo. El cauce ya se ha ensanchado y las piedras del fondo se ven casi limpias. Hay, en esta zona de Cabornera, excelentes tablas para poder pescar. A efectos de lance, aunque dificultoso, se puede decir que no hay desperdicio. Todas las tiradas son buenas, y parece mentira la cantidad de trucha que tiene este río.
Antes de llegar al Campamento, el río atraviesa hermosas praderas. Ya no baja con tanta rapidez. Las tablas son más remansadas y cada vez mejores para la pesca. La tabla antes del puente del Campamento, da cada temporada muy buenas capturas. Después del puente, el río se mantiene en una balsa medio artificial y natural, ya que se ha aprovechado para piscina en época estival, para continuar, su caminar hacía el Bernesga cruzando parajes encantadores. En esta zona se aproxima al río la montaña, y en la falda, lindando con el propio río los avellanos se alinean, acariciando con su verdor las aguas. Es buena zona de avellanos y cerezos. Al fondo ya se divisa Beberino. Antes, el Casares recibe un aporte importante de caudal por la margen izquierda. Es el río que baja las aguas desde Folledo y Buiza, rico también en buenas truchas, y que tiene su mejor zona de pesca en la tabla de la ermita. A partir de aquí, no sólo gana el Casares en caudal, sino también en anchura y buenas zonas de pesca. Quizás este tramo hasta llegar a Beberino es de lo más visitado por los pescadores, por lo que también es el más castigado, sin duda.
Aparte del recreo natural con gran belleza y paisaje, el pescador se encuentra en Geras y Cabornera con muy buenos establecimientos, donde entretener el estómago.
Son famosos en la zona los riquísimos embutidos: chorizos curados al aire de la montaña, el salchichón de pueblo, lomo, cecina y el jamón.

jueves, 11 de septiembre de 2008

COTO DEL SIL














Donde el Burbia y Cúa le dan “mayoría de edad”

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Texto y fotos: Eduardo García Carmona
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Antes de dejar El Bierzo y adentrarse en la provincia de Orense, el río Sil recibe las aguas del Burbia y Cúa por su margen derecha, próximo a Villadecanes, cobrando una “mayoría de edad” que ya nunca dejará hasta su confluencia con el Miño.
El Sil de la zona baja, poco o nada se parece al de la zona alta. ¿ Qué tiene que ver el Sil del puente de Las Palomas, o el que atraviesa la zona de Toreno, con el de la zona baja? Nada. Es curioso. Son ríos distintos, diametralmente opuestos.
En la zona baja este río, aparte de su gran caudal, recibe toda la contaminación de las zonas mineras y los vertidos humanos de poblaciones limítrofes, como Ponferrada. En las zonas de montaña, el Sil es un río limpio, transparente, juguetón, vivo...


EL COTO Y ACCESOS

En esta zona el Sil discurre abierto, por zona de ricas huertas, atravesando una fértil vega. Todo lo contrario que en la montaña que baja encajonado. La abundancia de choperas en las orillas le da un aire parecido al bajo Esla. Abundan los matorrales y maleza en las márgenes, que dificultan la entrada de los pescadores, aunque los senderos y caminos están bien marcados y no existe pérdida.
Existe trucha en abundancia y de buenos tamaños. También bogas y escallos.
La anchura media del cauce se aproxima a los 50 metros en algunas zonas. Al tratarse de un río ancho, la trucha encuentra amplio refugio entre su vegetación acuícola.
El límite superior del coto se encuentra en la confluencia del río Cúa con el Sil, próximo a la localidad de Peón de Abajo. El límite inferior se encuentra en el puente del ferrocarril del pueblo de Requejo(Puente de Momao). Tiene una extensión aproximada de 4 kilómetros. Los fondos son de roca, grava y zonas con tierra y fango.
Para llegar a pescar a este coto, desde León capital, hay que ir hasta Astorga y desde aquí por la A-6 hasta la salida de la N-120 que nos llevará hasta Requejo. También se puede ir hasta Toral de Los Vados y, tras cruzar el pueblo llegar hasta el campo de fútbol y continuar por el camino de tierra que discurre al lado del río, atravesando unas choperas, antes de llegar la zona de la isla. Por esta orilla se pesca muy bien las hermosas tablas que se forman por encima de la isla.
La distancia, aproximada desde la capital, es de unos 130 kilómetros.


MEJORES ZONAS DE PESCA

Al tratarse de un río con abundante vegetación acuícola y de orilla, las truchas se refugian entre las ocas del agua y las sombras de las orillas, especialmente en verano, no así en el inicio de la temporada que se apoderan de las caídas, corrientes, así como entradas y salidas de los pozos para procurarse el alimento.
El tramo que va desde el inicio del tramo acotado hasta la isla que se forma al bifurcarse el río, próximo a la ermita de Santa Bárbara, con la N-120 y la vía de ferrocarril presente, por la orilla derecha, posee unas tablas hermosas, con abundantes zonas profundas, especialmente en la orilla del ferrocarril, que tienen muchas y buenas truchas. En esta zona, pescar a mosca seca es una delicia. El mosquito ahogado da también buenos resultados.
Los brazos de río que se forman al bordear la isla hacen que la pesca sea totalmente diferente en esta zona, especialmente, cuando Sil baja con abundante caudal pues, al dividirse el mismo, se pueden practicar artes, como la mosca seca en invierno, que a curso ancho y caudal alto se hace complicado.
Otra zona buena de pesca se encuentra unos 300 meros por encima de la curvona que forma el Sil, antes de llegar a Valina. La tabla por encima de la curva es muy buena y la caída que se forma en el recodo, hasta llegar al puente de esta localidad, otro lugar preferente de pesca del coto.
Por último, el tramo final, antes de llegar al puente de Momao, donde vierte sus aguas el río Selmo, que baja desde Cabeza de Campo hacia Sobrado, es otra de las zonas favoritas de pesca, por la orilla izquierda, dirección Norte-Sur, ya que la orilla contraria, junto a la carretera y la vía del tren es, prácticamente, inaccesible. Aquí la mosca seca en superficie y orillada, donde existe abundante vegetación acuícola, da muy buenos resultados. La ninfa depara sorpresas muy gratas.
Aquí, pescar a mosquito ahogado, o pesca a la leonesa, también, es muy conveniente, pues el agua baja muy vivo por la zona central del curso, además, es la mejor manera de pescar la orilla contraria, de difícil acceso.

jueves, 4 de septiembre de 2008

VEGAQUEMADA...






Un coto de categoría

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Texto y fotos: Eduardo García Carmona.
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Una vez pasado Lugán y coronado un pequeño repecho con dirección a Boñar, la mirada del automovilista se gira a la derecha para ver el río Porma a su paso por Vegaquemada, y es que una vez sorteada la dificultad montañosa, llega una extensa planicie con hermosos prados, choperas y tierras de labor.

Sobresaliendo, en el horizonte, se encuentra la iglesia de la localidad que da nombre al coto, con una torre esbelta y bella mandada construir por uno de los hijos del pueblo que hizo fortuna en el exilio, en tierras de Hispanoamérica.



Vegaquemada es un pueblo acogedor y variopinto. Tiene un buen trazado urbanístico, donde sobresalen las grandes mansiones y casonas, junto a las típicas casas de siempre.
Vegaquemada es visitada en la época estival, por multitud de veraneantes llegados de todas partes, pero especialmente de Asturias y Madrid.
Es de lo más típico encontrarse al morador de estos lares con el semblante bonachón, la boina calada y el cigarrillo en la boca, sin olvidarnos de la vara para arrear las reses, mientras la juventud, especialmente en verano, pasea en bicicleta en pantalones cortos o traje de baño. El moreno de la piscina, las camisetas de colores y la vestimenta de los turistas, contrasta con la indumentaria tosca de la montaña leonesa, dando aire de "ciudad" a un pueblo que en invierno parece otro distinto.



A las afueras de Vegaquemada, dirección La Ercina, atraviesa el río Porma otras tierras saludando con el frescor de sus aguas a los bañistas de la piscina Municipal y camping, ya que el antiguo campamento juvenil está cerrado.


En Vegaquemada se dan cita buena parte de los pescadores que eligen este coto. Un coto de categoría. Otros, se acercan a Palazuelo de Boñar, al comienzo, a la altura del puente que va a La Mata.
Hace unos años, este coto, fue la revelación de la temporada truchera. Ahora se puede decir que es una gran realidad este tramo acotado.

El río Porma, controlado por pantano, no cabe duda que ayude mucho, a que tenga buena trucha en sus aguas. Por otra parte, al ser controlado, en la época estival, continúa bajando con buen nivel de caudal, que hace imposible el furtiveo, por lo que la recuperación truchera se nota cada temporada más.

LÍMITES Y MEJORES ZONAS DE PESCA

Es fácil elegir zona de pesca en este tramo acotado que tiene una longitud de 6,5 kilómetros. Es fácil, porque la mayoría es buena para pescar.



El límite superior del coto, se encuentra en el puente de La Mata de la Riba. El límite inferior, está situado en el kilómetro 31 de la carretera de Puente Villarente a Boñar, en el salto de agua existente en la zona de Lugán.
La zona baja de este tramo, hace unos años, ofrecía grandes tabladas para pescar, ahora con la construcción de la presa de la traída de aguas a León, no se puede pescar. A poco más de un kilómetro de esta presa se encuentra el puente de Vegaquemada.
Las buenas zonas de pesca se suceden hasta llegar a la tablona frente al Campamento, lugar más frecuentado de todo el coto, tanto por aficionados como por visitantes y veraneantes, que se agrupan en la amplia pradera existente. Esta gran tablada tiene buena trucha, aunque es más difícil de sacar, a causa de la gran "romería" de gentes que pasean por la orilla. Es una tabla excelente para pescar a cualquier arte, aunque nuestra recomendación es la mosca seca. Pasado el puente, las buenas zonas de pesca continúan.

Después, el pozo del "árbol", con mucha profundidad y trucha grande. Tanto la entrada como la salida, es muy buena. En esta zona, es bueno consultar las Normas de Pesca, ya que hoy es tramo vedado, y mañana puede cambiar. Más arriba, nos encontramos con buenas tablonas para pescar, con aguas “vivas" y donde gran parte de los aficionados consiguen parte de las mejores capturas.
Llegados al coto, el pescador ya tiene una buena sombra para cobijarse y refrescarse en una fuente que va a caer al río después de hacer reguero bajo la chopera. Unos metros más arriba, el Porma se rompe en dos brazos. Por el lado derecho, y ya próximos a Palazuelo de Boñar, el Porma recibe las aguas del arroyo de La Losilla y San Adrián. A continuación, la gran tablona del tramo acotado, "la tabla del guarda".


Es famosa esta zona por la anchura que tiene el río y lo cómodo de pescar. Es buenísima para los especialistas de mosca seca, por la abundancia de "ocas". Los pasillos, entre estas, son buenísimos para posar la mosca con efectividad. Al atardecer y al sereno, esta tablona es de lo mejorcito del coto, sobre todo la orilla de la derecha que se encuentra repleta de maleza e imposible de pasar, que sólo se puede pescar aguas arriba metidos por la misma orilla con el vadeador. Ojo, con las zonas fangosas y de arenas.

Pasado Palazuelo el río se vuelve a romper en dos brazos, y en ambos, se suceden los rincones, caídas y tablas para pescar cómodamente, en unos y con mucha dificultad, en otros. A las zonas despejadas suceden las cerradas con mucha vegetación. La zona más alta del coto, la del puente de La Mata de la Riba, es otra donde el Porma ofrece oportunidades múltiples al pescador, y donde la trucha tiene muy buenos cobijos.




Los ejemplares capturados aquí son de muy buena calidad y peso. Es increíble la cantidad de oportunidades que ofrece este coto de Vegaquemada al pescador. Prácticamente los 6,5 kilómetros son aprovechables para el lance.
La anchura media del cauce es de unos 30 metros.