LIBROS PUBLICADOS POR Eduardo García Carmona...

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jueves, 9 de octubre de 2025

La otra pesca: carpas y carpines...

 Mis primeras carpas y carpínes…


En 1953 la Carpa Royal es introducida por el Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza, en el embalse de Encinarejo de Andújar  Las Lagunas de Ruidera (Ciudad Real) (Jaén) y en Las Lagunas de Ruidera (Ciudad Real)

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 

La pesca de la carpa común o royal y del carpín dorado o anaranjado, en Canarias, es una gran desconocida para la gran mayoría de los aficionados isleños. Sabedor de que algunos se dedican a pescarla en los embalses que existen en el centro y sur de Gran Canaria como los de Soria, Chira, Las Niñas e incluso otros más pequeños como el de Los Pérez, me dispuse a realizar una prueba intentando pescarlos, además de a cebo,  a mosca y estreamer.

He pescado carpas una vez en mi vida. Fue en tierras leonesas, concretamente en El Bierzo, y para


informar en el periódico local, Diario de León, donde colaboraba en temas de pesca especialmente de trucha común que allí es un auténtico furor con casi 50.000 licencias de aficionados. Se celebraba en la localidad de Santa Marina del Sil el anual Festival de la Carpa que organizaba el Centro de Iniciativas Turísticas de aquella localidad, con Ángel González a la cabeza, y al que siempre acudía “la voz de oro” de la radio española, Luís del Olmo Marote.


Aquel día de verano, en el embalse de Bárcena, jamás lo podré olvidar. Son muchos los motivos, pero especialmente uno: el ganador de concurso lo hizo con un único ejemplar pescado entre 50 participantes. Creo que fue el peor año de los muchos que llevaba celebrándose el festival de exaltación a este pez en Santa Marina del Sil.

Mis dos compañeros de aventura, Juan Moreno Tascón y Gerardo García Merino al igual que yo lo probamos todo con tal de sacar alguna carpa pero, no entraron ni siquiera a “higos” recién cogidos de una higuera próxima. Desde entonces mis cañas nunca más sirvieron para intentar pescar este pez, ni allí, ni en ningún otro lugar, hasta que llegué a la isla de Gran Canaria.

En los ocho años que estuve viviendo en las islas afortunadas he pescado un poco de todo: viejas, sargos, besugos, jureles y mil especies más que existen en las aguas que rodean esta isla. Me estoy animando a acudir a otras como El Hierro y Fuerteventura, de las que me hablan maravillas. No me olvido, ni olvidaré, a mis ríos de León y a la “singular pintona”, la reina de aquellas aguas. Curiosamente, resulta que del agua dulce pasé al agua salada y como si el agua dulce me persiguiese he vuelto a pescar en ellas aunque no en un río, si no en el embalse de Los Pérez, de la Comunidad de Regantes del Norte de Gran Canaria, situado en un lugar con una naturaleza espléndida, llena de vida y color.

El mar se puede ver desde la zona de la cumbre, en la que nos encontramos, montaña y pinar que nos adentra en el océano abriéndose al valle de Agaete entre riscos y montañas volcánicas, entre desniveles increíbles que producen vértigo, entre pinares que invaden con su presencia y aroma, la vista y el olfato. Es el pinar de Tamadaba que fue sustento para moradores de estos lares y devoción con “La rama” o “enramá”, como la llaman en otros lugares de la península, para las gentes del valle de Agaete el día de la fiesta grande. La fiesta de La rama se celebra a primeros del mes de Agosto. Se trata de uno de los más claros ejemplos de fiesta aborigen de la isla. Todo gira sobre  el mito del agua y el sexo. Los guanches  pedían agua y fertilidad al cielo bajando desde el pinar de Tamadaba ramas que llevaban hasta el mar golpeándolas contra las aguas, al ritmo de música y baile. Esta fiesta congrega a miles de canarios llegados, incluso de otras islas.

Más allá del pinar y el valle, aguas adentro del Atlántico, entre nubes, casi palpamos el Teide, ¡alucinante! La isla de Tenerife, en días claros, está a “tiro de piedra”. En barco se llega en 60 minutos. Con la imaginación y la vista, en segundos.

La carpa común o royal y carpín dorado o anaranjado es lo que menos esperaba encontrarme en Gran Canaria. Tampoco podía salir del asombro cuando mi amigo Arcadio, de Agaete, me llevó a conocer la montaña próxima a esta localidad, o como dicen aquí: la cumbre y el pinar de Tamadaba, que se encuentra a 1.444 metros de altitud. Una carretera empinada y estrecha como la mayoría de las carreteras de montaña de la península. Curvas y más curvas y, al final, un pequeño embalse seguido de otro, por encima de éste.


La mayor sorpresa fue comprobar, desde el muro del embalse, una procesión de peces, de gran tamaño, navegando por la orilla derecha. ¡Son carpas, son carpas! Carpas y de un tamaño que podían rondar los 2 y 3 kilos.

Realizadas las pertinentes gestiones en el servicio de pesca canario para tener licencia de pesca en regla, nos lanzamos a la aventura de la carpa.

Primero había que conocer a nuestros protagonistas: carpa y carpín, por lo que había que documentarse y me encontré sorpresas interesantes.


El primer documento de piscicultura referente a la carpa
, data del año 460 antes de Cristo y se debe a un asiático, Fan Li. Según éste, la población de carpa se concentraba en las áreas del Mar Caspio, Mar Negro, Mar Aral, zona del Danubio y Asia. La carpa, en Europa se introdujo en los siglos XII y XIII. Existe una referencia, de Alejandro Magno, que data del año 1260. El primer tratado sobre carpicultura específica es de 1547, debido a Janus Dubravius.


En España la carpa fue introducida por los romanos pero no es hasta 1953 cuando la Carpa Royal es introducida por el Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza, en el embalse de Encinarejo de Andújar (Jaén) y en Las Lagunas de Ruidera (Ciudad Real), donde se soltaron 1.000  y 20.000 alevines, respectivamente, procedentes de la piscifactoría existente en Aranjuez. Años posteriores, hasta 1963, se fueron repoblando aguas de diversos ríos y embalses de Madrid, Lérida, Valencia, Zaragoza, Ávila, Albacete, Granada, Cuenca, Córdoba, Cáceres, Málaga y Guadalajara. En las Islas Canarias, fue en 1963 cuando se soltaron 10.000 alevines, en los diversos embalses existentes, aclimatándose muy bien, pese a los rangos de pH en las aguas que oscila entre los 5º y 9º, niveles más bien bajos.

Sobre los cebos idóneos para pescar la carpa, poco hay escrito. Cada pescador tiene su cebo favorito y según la zona de la península o las islas Canarias, se utilizan unos u otros. Hemos probado pescarlas a mosca, aunque lo normal es hacerlo con maíz, patata cocida sola o cocida con anís, patata cocida con azafrán, trigo, pan, todo tipo de peces pequeños, boquerones, gobios, colas de cangrejo, hígado freso…un rosario de diferentes cebos y a todos entran.


La carpa capturada de mayor tamaño, en España, de la que se tiene referencia, fue un ejemplar de 32 Kilos
, pescado en el embalse de Santillana (Madrid), en 1981 y otra de 30 kilos en la presa El Molinillo, en Ciudad Real, el mismo año. Ejemplares de 20, 21 y 22 kilos, respectivamente, fueron capturados en El Vellón (Madrid), río Bullarque (Ciudad Real) y Colmenar Viejo (Madrid).


Aunque en nuestro país no se explota comercialmente la producción de carpa destinada al consumo alimentario, en otros países europeos la carpa forma parte importante de la alimentación. Mientras en Gran Bretaña se producen unas 30 toneladas anuales, en Chequia se producen 16.000 toneladas y en Ucrania 44.000 toneladas, estando la carpa presente en la dieta diaria de sus pobladores.

Del carpín dorado o anaranjado se tienen menos referencias. También procede de Asia y se encuentra en aguas de todo el mundo.

Existen multitud de variedades ornamentales de diferentes formas y colores, si bien como pez pescable, la primera referencia data 1758.


El carpín pertenece a la familia de los ciprínidos  y se caracteriza por ser un pez que se puede reproducir sin la intervención del macho.

Este pez, al igual que la carpa, vive en aguas estancadas o de corrientes débiles, en remansos de ríos, charcas, embalses y lagos. Prefiere fondos cenagosos y abundante vegetación sumergida. Es muy resistente a las temperaturas elevadas del agua y la escasez de oxígeno.


El tamaño del carpín difiere notablemente de la carpa Royal. Lo normal es conseguir ejemplares de 20 a 30 centímetros, aunque también se han conseguido algunos de hasta 50 centímetros, con pesos que rondan los 4 y 5 kilos, en la Comunidad Valenciana.

En la jornada de pesca que les relato, he intentado pescar con tres moscas diferentes: estreamer de color naranja, poco plomado; tricóptero  confeccionado con pelo de ciervo y una mosca común, especialmente confeccionada para esta ocasión por el montador y amigo, Paco Redondo,  de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca), formaban la terna  o banco de pruebas para pescar carpas en Canarias. Lo intenté de todas las formas: individualmente, por parejas y en trío con boya. No hubo manera de engañar a las carpas o los carpines.

A fondo, dejando bajar el estreamer y manteniéndolo con pequeños movimientos o tironcillos. Con estreamer y tricóptero, uno a fondo y el otro por encima, a unos 50 centímetros. Tampoco. A imitación de mosca común, flotando. Menos. Las tres moscas juntas, formando una cuerda donde el estreamer era el rastro sumergido. Menos aún.

Después de tanta probatura y tan poco éxito, el tedio pudo conmigo viendo como mi compañero de pesca, Daniel González sacaba con cebo de maíz cocido, una tras otra y, también, carpines. Cansado de hacerle fotos decidí cambiarme al cebo maíz.


Reconozco que he practicado poco la pesca a cebo y que no soy “devoto” de su práctica pero, enganchar los granos de maíz en el anzuelo no tiene mayor historia.

Desde la orilla de embalse, Dani me anima. Me deja libre el recodo donde él se encontraba pescando y decido probar suerte.


Una bandada de patos aterrizó a nuestro lado quitándonos la paz que reinaba en una naturaleza sin par. Curiosamente, lo que parecían patos salvajes en la distancia eran patos de granja. Pese a asustar a las aves acuáticas de allí no se movían por lo que decidimos seguir pescando. Según lanzábamos el cebo y al caer en el agua el señalizador, los patos acudían a su encuentro una y otra vez. Un suplicio. Decidimos darles lo que pedían, cortando de la barra de pan de nuestra merienda, un trozo y lanzándoselo al agua en dirección contraria a la que nos encontramos pescando. Mano de santo.

En lugar de engodar la zona de pesca, lo hacíamos para que los patos nos dejasen pescar. Así fue como pude conseguir mis primeros ejemplares de carpas y carpines.

Cuando la carpa toma el señuelo los tirones son secos y continuos. Cuando el señalizador se hunde completamente, un simple giro de muñeca hacia arriba y la pieza queda enganchada al anzuelo. La primera sacudida es la que más se nota. El pez intenta meterse hacia el fondo del embalse. Busca refugio, aunque poco puede hacer ante un buen carrete e hilo del 28. Cuando la carpa está próxima a la orilla y las piedras o maleza están próximas, el pez vuelve a intentar soltarse. Es el final de la lucha.


Cuando toco escama, nunca mejor expresado, compruebo la mucosidad o babilla que rodea el cuerpo de este pez. Las escamas son grandes y estas están irregularmente repartidas en su cuerpo, encontrándose el mayor número de ellas en la zona del lomo. Son escamas grandes, fuertes y cortantes pese a que el ejemplar no era de proporciones exageradas. Me imagino como pueden ser si la carpa pesase alrededor de los 20 kilos o más. Vamos, habría que cogerla con guantes especiales.


Destrabado el anzuelo, el pez vuelve al agua verdosa-amarronada el embalse de Los Pérez.

Mientras comemos la merienda y los patos nos persiguen en busca de alimento, dejamos las cañas pescar solas. Poco nos dejan degustar la tortilla  de patata porque una caña está con el puntero doblado hacia el agua. Los tirones se suceden. Hay que acudir a la carrera para sujetarla y que no caiga al agua. Primeros


tirones y poco más. Cuando el pez está subiendo hacia la superficie, compruebo que se trata de un carpín de color anaranjado chillón, de barriga panzuda y de cortas dimensiones. La cola es de color blanquecino y tiene algunas manchas en el resto de aletas. Las anteriormente conseguidas eran de color anaranjado homogéneo, sin manchas blancas.


Saboreamos la merienda y tras seguir disfrutando un buen rato más, decidimos volver a casa. Satisfechos y sorprendidos a la vez que encantados con una jornada de pesca en agua dulce que no nos podíamos haber imaginado con anterioridad en la isla de Gran Canaria.

Había que doctorarse en la pesca de carpas y carpines y tuvo que ser en Canarias, que le vamos a hacer.


lunes, 29 de septiembre de 2025

La otra pesca: el black bass o "el bocazas" como es conocido este pez...

 

"El bocazas"


 “Tocando cielo” para pescar Black Bass en la presa de Chira (Gran Canaria)…

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 


No es la primera vez que acudo a la presa de Chira, en la isla de Gran Canaria, para pescar el Black Bass. Espero que no sea la última y que, lo mismo que hemos hecho mi amigo, Manuel Montes (dep), y yo, sean muchos más los aficionados que puedan hacerlo dentro de un ecosistema controlado, con un desarrollo sostenible y donde las posibilidades de una presa como Chira pasen, de ser sólo para agua de riego o abastecimiento, también para el desarrollo de una zona deprimida e, incluso inhóspita, donde la agricultura y la acuicultura sean el estandarte o bandera de progreso. Va por ti amigo Montes que en gloria estés.


Quien más, quien menos sabe lo que son los pueblos o aldeas, como se dice en la península, que se encuentran en zonas poco transitadas o con mucha dificultad para poder acceder a ellas. Son pueblos “fantasmas” en muchas ocasiones. Lugares que tuvieron extraordinaria vida no hace más de 50 años pero que con la llegada del progreso, poco a poco se fueron abandonando en busca de nueva y mejor vida que la del campo.

Conocía esta premisa que acabo de exponer en lo que los canarios llaman “la península”. Aquí, en la isla de Gran Canaria, donde residí unos cuantos años, la situación es prácticamente la misma que en cualquier aldea de Galicia, Asturias, Castilla o León, por poner tres ejemplos de las zonas que más conozco.


Ocurre que en la montaña de Gran Canaria, entre los Roques Nublo, Fraile y el Pico de Las Nieves, existe vida humana y animal, además de pinares hermosos de la especie autóctona canaria. Vida que surge como los barrancos que llevan nombres con singularidades de la zona: Baranco de Ayaguares y el de Fátaga, por un lado, o el pinar de Tirajana, por otro. Esa vida, junto a la naturaleza más árida y semi desértica por zonas, es la que ha hecho posible la subsistencia de muchos isleños que agarrados al clima de las cumbres, con inviernos duros y verano con un sol abrasador. Es fácil encontrar, en la zona centro de Gran Canaria, aves de todo tipo, con especial reclamo de perdices rojas y morunas, roedores como el conejo de monte, etc. que son la delicia de los aficionados al arte cinegético.


Más fácil era, aún, encontrarse rebaños de cabras. Ahora, en pocas ocasiones.

La poca vida que resta en muchos pequeños núcleos de población que aún existen, sus gentes se dedican a la agricultura y la ganadería. Las plantaciones de patatas, “las papas”, están en la orden del día. También viñedos y árboles frutales varios, predominando el almendro, naranjos, olivos y aguacates, aunque lo que más predomina y se hace parte del paisaje son las chumberas o tuneras,  Aloe Vera, pitas, y palmerales, muchos palmerales que permanecen como testigos en sus cauces…y los barrancos que en el camino que une La Plata con los Cercados de Araña, son impresionantes con las presas de Chira, Las Niñas y Soria como testigos.


La presa de Chira y La Cueva de la familia de Luis, vecino de Santa Lucía de Tirajana, fueron nuestro punto de cita, aunque el lugar de reunión fue en San Bartolomé de Tirajana, en la que Luis es presidente de la Agrupación Agropecuaria de la zona, donde se termina de dar un curso sobre desarrollo sostenible, con asistencia de un buen grupo de jóvenes y menos jóvenes, con inquietudes para el desarrollo a través de la agricultura y la pesca. Allí quedamos con Manuel Montes, mi compañero de pesca, y con él, además de Luis, Pedro, Santiago y Cayetano. Juntos, vamos a pasar un fin de semana en la montaña y dormiremos en La Cueva de Luis.


Hasta Cercados de Araña la carretera, aunque sinuosa y estrecha, está asfaltada y señalizada a no más de 40 kilómetros a la hora. Desde Cercados a La Plata y La Cueva, sólo se puede acceder con todoterreno y transitando por caminos de tierra y piedra con dificultad para encontrar la senda buena, incluso para quienes han subido varias veces.


Una grata sorpresa ha sido el conocer La Cueva de Luis, aunque en honor a la verdad habría que decir la cueva de los antepasados de Luis, pues fue el padre de su abuelo y éste, los que hicieron posible el aposento con los años.

El lugar es paradisíaco, como se puede comprobar en las fotografías. Las comodidades, todas: agua corriente, luz eléctrica…Vamos, por mi mente nunca se me hubiese ocurrido pensar en todo esto, viendo por donde transitábamos y lo que dejábamos detrás.


Un oasis paradisíaco, con varias cuevas labradas en la roca de la montaña, y casitas con un blanco esplendoroso que se mezclan con el verde de las palmeras y el colorido de huertas y jardines. Toda cueva, toda casita tiene un jardín repleto de flores y árboles frutales.

Escaleras que subir fue lo primero que nos encontramos, después el patio. Frente a éste, la cocina. Al otro lado, una habitación amplia con cama matrimonial, litera, sofás, armarios y hasta televisión. Subiendo, frente al patio, y hacia la derecha, otra habitación, más o menos con similares características de amueblamiento. Eso sí, blanqueadas como antiguamente se hacía en todas las casas, con cal.


Tras acomodarnos, todos bajamos hasta Cercados para pescar en Chira. Estaba cayendo la tarde y era el momento de probar suerte con el Black Bass.

La presa, aunque mucho más baja de caudal que cuando estuve la anterior vez, estaba perfecta para pescar, aunque hacía un poco de frío.

Manuel y yo montamos nuestras cañas de mosca seca para pescar con poppers y estreamers. Luis y Cayetano pescarían a spinning. Pedro y Santiago, serían los encargados de documentar lo ocurrido y ayudar.


Pronto cayó la noche y con las primeras penumbras llegaron los primeros peces que se fueron multiplicando según pasaban los minutos.

Fue una hora de pesca, pero con mucho disfrute. Quien más, quien menos sacó y devolvió otra vez a las aguas, de diez a doce piezas.

De vuelta a La Cueva y por el mismo sendero que con la oscuridad se convertía en más hermoso.


Llegados al alto ver la presa de Chira y el poblado de Cercados se convirtió en una postal de ensueño. ¡Qué hermosura!

Después, terreno despoblado y, prácticamente, sin vegetación hasta coger el sendero hacia La Cueva donde la hermosura de una noche estrellada se mezclaba con los puntos de luz de las diferentes cuevas y casitas y, al fondo, la mayor de las presa de la isla, la de Soria.

Lanzando el popper

Había que preparar la cena y mientras unos pelábamos patatas, otros preparaban embutido llevado desde León, ensalada, etc.

Al calor de la mesa y un buen vaso de vino de la tierra de Tirajana, se comenzó a hablar de proyectos futuros, no muy lejanos. Ellos, ya están trabajando en la agricultura sostenible y, además, de plantaciones de almendros, viñedos, olivos, naranjos y otros árboles frutales. Tocaba turno para hablar de un futuro de desarrollo sostenible, de la zona de San Bartolomé de Tirajana, por medio del turismo y la pesca. Hay que aprender a explotar la 


riqueza piscícola de las presas del municipio y llevar a San Bartolomé no sólo al turismo de playa con San Agustín, Playa del Inglés y Maspalomas como prototipo en el municipio. Hay que llevar a San Bartolomé de Tirajana hacia el turismo rural sostenible, con casas rurales para pescadores donde, además, sea obligatorio el ofertar los productos autóctonos de la zona: aceite, vinos, hortalizas, carnes, frutas y donde la pesca de Black Bass y Carpas, con peces que han sobrepasado los 6 kilos, de un Bass, o los 25 kilos de una carpa, para que sean el atractivo o manera de relanzar la zona más deprimida de la montaña central de Gran Canaria.


Se está trabajando en el proyecto y a la vuelta de unos meses, con el apoyo del ayuntamiento de San Bartolomé, el Cabildo y el Gobierno Canario, se podrá sacar adelante.


Al día siguiente, sólo cuatro bajamos a pescar a Chira. Pedro y Luis se quedaron en la cueva haciendo reparaciones y preparando el terreno la huerta y los frutales que también deben de ser atendidos, aunque sea un par de días a la semana.



La jornada de pesca matinal fue atractiva, con buenos peces a cucharilla y a ninfa y donde a la vuelta nos esperaba una suculenta comida a base de pollo y pescado de mar que se había traído para el acontecimiento.

miércoles, 27 de agosto de 2025

Otro tipo de pesca: LAS VIEJAS REINAS EN CANARIAS...

 



Pescando “viejas” reinas desde roca en el Atlántico…

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 


Ha sido mi “bautizo” pescando viejas en Canarias. Este tipo de pesca con caña desde tierra en el mar, necesita mucha preparación. Todo comenzó el día anterior con la búsqueda del cebo y el engodo o alimento preparatorio para pescar este tipo de pez llamado "vieja”. 
Quizás, por  el parecido que tiene la dentadura de este pez con la humana, tenga ese nombre singular.


Para engodar la zona de pesca, es necesario recoger unos pocos kilos de “oricios”, que dicen los asturianos, erizos de mar para ser más correctos. Además, hay que coger el cebo para la pesca. Se trata de cangrejillos de mar que, vivos, se incorporan pinchados por un ojo al anzuelo.


Hacerse con erizos de mar y cangrejillos es otra historia. Hay que ir hasta la localidad de Bañaderos, localidad próxima a Las Palmas y con la mar baja pisar las piedras, moverlas y coger a mano los cangrejillos. Toda una aventura. Hay que ver como corren estos diminutos seres cuando se invade su zona de vida.


Mientras mi compañero de pesca, Dani, coge media docena de cangrejillos, yo tengo uno y de casualidad. Todos se me escapan. Miro, observo y detecto la técnica del nativo. Hay que ponerles, velozmente, la mano o los dedos encima, para después de inmovilizar al crustáceo llevarlo al recipiente. No es nada fácil. Claro, para él resulta menos complicado.


Tenemos el cebo favorito de “las viejas”, los pequeños cangrejos. Ahora sólo nos falta el engodo: los erizos de mar.

Hay que cogerlos pero, ¿cómo y dónde? Entre las piedras hemos visto un par de ellos. Son pocos. Hay que ponerse el neopreno, las aletas, las gafas y el tubo  bucear. Quien bucea es Dani, experto en estas lides. Yo, como mucho, bucear, bucear, en la piscina. Así que, observo y tras varias inmersiones, a pulmón,  mi compañero me muestra su bolsa con erizos de mar. Ya tenemos casi todo.


Los erizos y los cangrejos los llevamos en dos recipientes diferentes y el olor a mar, de las primeras horas, al día siguiente se convierte en un olor nada agradable. No, no estaban muertos. Ocurre que el agua de mar, unido a los excrementos de crustáceos y erizos hace posible que el olor se convierta en insoportable. Corregido este extremo gracias, otra vez, al agua de mar, todo volvió a ser normal.

Cuidadosamente, con mimo, sacamos de la funda las dos cañas para pescar las “viejas”. Se trata de una ceremonia o ritual habitual entre los pescadores, sean de mar o río. Cañas, carretes, hilos, anzuelos, son las herramientas imprescindibles.


El flotador es especial y confeccionado artesanalmente por mi compañero Dani. Los plomos, ídem.    El flotador está realizado con neopreno de diferentes colores, cuidadosamente trabajado a base de cuchillas y lijas. El orificio central, por donde deberá pasar el sedal, tendrá un cierre sacado de la fibra central de una caña de bambú. Los plomos, son recortados de una pieza mayor y hechos a gusto del pescador, con diferentes tamaños. Son metidos en una caja, junto con polvos de talco.


El sedal, es hilo del 35, suficiente para aguantar la embestida de piezas superiores a los 2 kilos. El anzuelo, a gusto de pescador, pero de buen tamaño y calidad de acero. El bajo de línea y hasta la atadura del anzuelo, se complementa con un recubrimiento de hilo trenzado, para reforzar la zona. La “vieja” tiene una dentadura de envergadura, con dientes muy afilados que podrían romper el sedal.


El carrete a utilizar es uno convencional, como los que se utilizan en la pesca de río o pantano. Se trata de un carrete de lance con cinco cojinetes.

La caña es de carbono, con cinco metros de longitud, algo pesada para mí, acostumbrado al lance ligero, en río, y mosca seca con cañas de carbono, que no pasan de los cinco pies.


Ahora sí. Todo está listo. Sólo faltan los peces.

Para llegar al lugar elegido: La Punta, lugar próximo a la capital grancanaria, hay que atravesar una zona rocosa baja, donde el agua nos salpica al pasar. La marea está subiendo, poco a poco. La roca donde nos aposentamos está unos metros más alta. El mar rompe en


su frontal, creando cortinas de agua y espuma de un blanco resplandeciente. Las olas caminan a un lado y otro de La Punta. El sonido se hace sinfonía agradable, en un lugar recogido donde, a mar abierto se puede observar “El Roque de Ceniciento”, un promontorio que se hace isla, frente a La Punta. Por medio, agua de un azul cielo, hermoso, y olas con crestas blanquecinas. Comenta Dani que, entre el Roque de Ceniciento y La Punta, existen varios buques y barcos hundidos, fruto de tempestades y choques con las rocas.


Ya estamos los dos situados y en posición. Unimos al anzuelo el cebo, el cangrejillo vivo. Se lanza el engodo sobre la zona de pesca, tras un machacado de erizos, en plena roca. Y…¡a pescar la vieja!.

Lo de pescar, pescar, será para otra ocasión, porque ni especialista, ni redactor pudieron sacar ni un sólo pez. No estaban por la labor y por ello, tras tres horas intentándolo, desistimos. Ni una sola picada pese a los infinitos lances realizados. El mar bravo, con olas fuertes, fue la disculpa, por lo que para poder contarles algo sobre la pesca de este pez, quedamos para una segunda jornada de pesca en el mismo lugar.


La mar no estaba tan brava como en la primera jornada. La pleamar y bajamar, aunque no eran idóneas para pescar, tampoco eran malas. Era mediodía. El agua sacudía las rocas creando una sinfonía musical delicada y distinta a la primera jornada donde, el choque agresivo del agua con las rocas, retumbaba en la zona. La brisa era, prácticamente, nula. El sol lucía en todo lo alto, haciendo que la transparencia del agua fuese total. Divisábamos las rocas más ocultas en la profundidad y cada vez que se lanzaba el engodo, se veían muchos  peces, de diferentes familias, prestos para comer.


Tras varios lances sin fortuna y más de una hora de pesca desde las rocas de La Punta, llegó el primer tirón. Tuvo que tirar “la vieja” del engaño existente en la caña inexperta: la mía. Al pez no le pude trabar pero, del tirón que le metí a la caña, mejor que no se hubiese enganchado, porque le hubiese arrancado la dentadura. La emoción estaba creciendo.


Dani, continuaba engodando la zona y dándome instrucciones de dónde tenía que lanzar. Él, estaba convencido de que los peces llegarían y entrarían mejor al señuelo.

Llevábamos más de dos horas cuando…¡zás! Allí estaba la primera pieza. No me dio tiempo ni a sacar la foto. Nuestro especialista había conseguido sacar, hasta la roca, la primera “vieja”. No era de gran tamaño, más bien terciada, pero interesante.


De color anaranjado oscuro, la pieza tenía una belleza sutil. De lo fea que era, con aquellos dientes y unos ojos que parecían que iban a estallar, hasta parecía hermosa. Ya conocía, personalmente, a la primera “vieja” de mi vida. No la había pescado yo, pero no importaba.

Hicimos un alto para comer el bocadillo, con una cervecita y otra vez a nuestra posición en la roca. Frente a nosotros y a la espalda, varios pescadores más practicaban la misma pesca, en la zona conocida como El Confital. Ninguno había conseguido trofeo.


Tras dos primeros lances, llegó un tercero y…¡zás!, otra vieja había entrado al engaño de Dani. Esta era mejor. Casi un kilo dio en la báscula. Después, una tercera pieza y una cuarta…Las piezas las mantuvimos vivas, en una pequeña piscina que las olas del mar habían dejado sobre las rocas.

A las 16,30 horas dejamos de pescar y no me pude estrenar. El bolo me persigue en el mar y es que, para un pescador de agua dulce, el mar es muy distinto.

 


La pesca de la trucha en nada se parece a este tipo de pesca en el mar y menos si se practica el lance a cola de rata. La situación es distinta. Mientras en el río el pescador ha de ir a buscar al pez bajo las salgueras, tras una roca, a la salida de una corriente, en una chorrera o en un remanso, en el mar, el pez busca al pescador, por lo que si la pez no aparece, el tedio y cansancio de estar en una misma postura puede terminar minando nuestro aguante. No quiero decir que la pesca en el mar, desde roca, sea aburrida más bien que para un pescador de mosca seca, poco o nada tiene que ver con la pesca en el río.


CARACTERÍSTICAS DE LA VIEJA

La vieja es un pez de la familia Scaridae, conocida, científicamente, como Sparisoma cretense, vulgarmente llamada: vieja, vieja colorada, vieja parda, vieja melada y vieja lora.


Se trata de un pez que, un año es hembra, y su coloración es anaranjado-rojizo, con manchas amarillas o blanquecinas, en ocasiones, y al año siguiente es macho, adoptando un color grisáceo-pardo. Al menos así lo apuntan los lugareños. Es abundante en todas las islas del archipiélago canario pero, especialmente, en la isla de Fuerteventura. Se encuentra, principalmente a menos de 50 metros de profundidad, en fondos rocosos y rocosos arenosos con algas.


El tamaño es variable, aunque adquieren mayor dimensión y peso en su año como macho, que cuando son hembras. No es difícil encontrar ejemplares mayores de dos kilos de peso, aunque lo normal es que el peso oscile entre los 400 y 800 gramos.


Cuando “la vieja” toma el engaño y se traba en el anzuelo es brava, muy brava. Da enormes sacudidas y tira hacia la profundidad de las aguas. No es de extrañar que la caña de pescar se curve totalmente, por lo que el carrete deberá tener un buen  freno, aunque no es conveniente tenerlo demasiado fuerte. Estando algo flojo, se disfrutará más de la pesca de este pez que posee dientes muy afilados, por lo que deberemos tener mucho cuidado que no nos rompa el sedal, aunque sea del número 35.


Este pez suele atacar el señuelo varias veces. Primero, tantea arrancando alguna pata al cangrejillo. Después, puede repetir acción. Por fin, ataca con fiereza el señuelo, siendo el momento ideal para dar el cachetazo y trabar por la boca.


Es, precisamente, la boca de este pez la que reúne unas características muy peculiares. Posee una dentadura similar a la de los humanos. Además, en la garganta posee un tipo de triturador, para que el alimento sea digerido, tras ser molido antes con una especie de muelas situadas: dos de ellas, en la parte superior de la garganta y otra en la inferior.


Las escamas, son duras y de unas dimensiones considerables, dependiendo del tamaño de la pieza. Es probable, si no se tiene cuidado, que el pescador inexperto resulte con alguna cortadura, en sus manos, a causa de las escamas, o bien con una dentellada, en el momento de quitar el anzuelo.