PRESENTACIÓN LIBRO Y CÓMO COMPRAR LO

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Amigos de anzuelos, agua y ramaje

LIBROS PUBLICADOS POR Eduardo García Carmona...

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martes, 20 de enero de 2026

LOS RÍOS LEONESES PRESENTAN MUY BUENAS FREZAS...


 MUY BUENA FREZA O FRIEGA EN LOS RÍOS LEONESES


Texto y fotos Eduardo García Carmona

 


El espectáculo vivido en el río Omaña obliga a ser justos con la naturaleza. Si la reproducción de la trucha es algo maravilloso ¿por qué no sabemos apreciarlo? ¿por qué muchos desalmados aprovechan esta circunstancia para hacer daño?

La naturaleza es sabia sabe reponerse de los muchos golpes proporcionados. Aún así, llega un momento en que ya no puede más y necesita ayuda para subsistir. Los humanos estamos en la naturaleza y mientras los animales no racionales saben cuidar su medio natural, los que nos hacemos pasar por racionales, hacemos todo lo contrario.

La freza en el río Omaña ha sido sensacional como hacía años no veía. Como siempre, por desgracia, alguien llegará que la estropeará. Ojalá no sea así. Abogo por la concienciación hacia la naturaleza, porque de esta forma estaremos trabajando por un futuro más digno para todos. Si respetamos nuestro entorno, por fin habremos conseguido respetarnos a nosotros mismos.


Corría el año 1.624 cuando el astorgano Juan de Bergara ofrecía una minuciosa explicación de cómo elaborar moscas artificiales.

“En nombre de Dios y Nuestra Señora. Este es un libro de aderezar y adobar plumas para pescar en algunos meses del año y en particular de Henero y Febrero y Marzo y Abril y Mayo hasta San Juan.

Las cosas han cambiado tanto desde Bergara que, a no ser que la conciencia humana quiera, los ríos no saldrán de esa “UVI” constante a la que están sometidos desde hace años. ¿


¿Y la trucha?

La singular pintona que habita sus aguas corre el mismo peligro. Peor. Al necesitar agua limpia, pura, cristalina y oxigenada, “la reina de los ríos”, en su estado autóctono sin cruces ni otras historias ha desaparecido en gran parte de la península Ibérica. León no ha sido menos.


Esta bendita tierra, después de ser “paraíso europeo” de la trucha autóctona (salmo trutta fario), cada temporada que pasa ve como aquella riqueza se está convirtiendo en recuerdo.

TRUCHA AUTÓCTONA

Afortunadamente, en la provincia de León aún restan reductos donde poder contemplar la naturaleza en su estado más puro. Aún restan algunos ríos, pocos, donde la trucha autóctona retoza, se mueve, procrea y vive. Me refiero a la comarca de Omaña con el río que la da nombre y todos sus afluentes.

Pocos paisajes se pueden comparar al de Omaña. En cada vena acuosa surgida de las grietas de las cumbres existe vida para las pintonas. Esas venas avanzan crecientes hacia los valles y llanos, alimentando bosques, sotos y riberas. El mosaico que presentan en su discurrir es variopinto a la vez que imparable. Humedales

donde crecerá la acedera, el diente de león o los berros, esas plantas ácidas únicas de tierras como esta. Arroyos y riachuelos donde la trucha sube para poner sus huevas; donde el desmán de los pirineos y la nutria juegan, mientras las garzas, últimamente abundantes en la zona, revolotean próximas. Algunos arroyos conservan su caudal durante todo el año, otros muestran su lecho de arenas y piedras cuando llega el estío.


Oterico, Ceide, Ariegos... antes de llegar a Pandorado. En Vegarienza, el arroyo Valduín. Después, los dos ríos que forman el Omaña: Omañón y Valle Gordo. Por medio fuentes y más fuentes.

LA DANZA DE LA VIDA

Con la llegada del crudo invierno leonés con nieves e hielos, la trucha se refriega, colea, pone sus huevas en el lecho pedregoso del río, escarba y entierra vida. El macho atento a todo lo que hace la hembra, vivaz y rápido, como un relámpago cubre con su semen las huevas. Es el rito de la vida en pleno río Omaña.


Son varios los frezaderos observados. Lugareños y pescadores saben muy bien donde está la “friega o freza”. Con las aguas limpias los fondos más claros y removidos delatan las mismas. Las piedrecillas y arenas están más claras al haber sido desplazadas por las colas de hermosos ejemplares autóctonos, con espléndidas manchas oscuras en su cuerpo, en las que sobresalen destellos rojizos de sus pintas.


Poblaciones importantes de truchas adultas cubren zonas determinadas del río. Están a lo suyo y poco les importa lo que ocurre en las orillas. Nos acercamos y, a no ser por causa de movimientos bruscos, las pintonas continúan preparando el desove. Los ejemplares de 2, 3 y 4 años, dependiendo del río y la zona: ribera o montaña, depositan en las piedrecillas de 2.000 a 3.000 huevas durante los 10 o 15 días que dura el cortejo. El trabajo agota. Los ejemplares mayores muestran su cuerpo estilizado y delgado tras la friega. No sólo pierden peso al desaparecer las huevas de su vientre, pierden peso y quedan extenuadas, después de largos días de parada.


ENTRE UN 5  AL 10% DE LAS HUEVAS SALEN ADELANTE

Del fruto depositado se consigue una pobre cosecha: entre el 5 y el 10% de las huevas salen adelante. Sólo la mitad de estas se convertirán en ejemplares adultos. Las huevas se pierden entre las piedras a causa de los


depredadores, por la propia naturaleza que en las crecidas las arrastra, por la enfermedad de la Saprolegnia o debido a otras muchas causas. Es el equilibrio natural. Muchas frezas podrían salvarse. Es el caso de las huevas depositadas en las orillas. Debido a la falta de puertos en el curso del río Omaña, muchos desoves se pierden. Ya no se trabaja la tierra como antes, no se riegan las praderas tampoco, los molinos no producen o han desaparecido. Esto hace posible que la corriente del río sea continua con tiros rápidos, sin obstáculos.

Con las crecidas invernales el río baja con mucha fuerza profundizando las zonas medias. Al mermar el agua el río se reconduce por las zonas más profundas, dejando las orillas secas. Así se pierden muchas frezas en Omaña. No estaría de más que la Administración tomase nota y pusiera remedios.


Gracias al trabajo de la guardería otras frezas se ponen a “buen recaudo”. La tala de ramas de los alisos, matorrales y otros árboles y arbustos protegen zonas de desove.

En los ríos de montaña de la provincia de León, la freza se retrasa hasta el mes de Abril. Es el momento de la apertura de la temporada truchera. Es la hora de que los aficionados se conciencien y acudan al río protegiendo las frezas y no pisoteándolas.


Por lo comprobado en diferentes zonas del Omaña, Curueño, Bernesga, Torío, Luna, Órbigo, Cea, Esla, Tuerto, Duerna, Burbia y Valcarce, el futuro de la trucha está asegurado gracias a las excelentes frezas, ahora resta lo más importante y es saber mantenerlas.

 

lunes, 29 de diciembre de 2025

 

Eduardo Fontela confecciona en su torno de demostraciones

CUCHARILLAS EDU el fin de una saga gallega…

Jubilado EDUARDO FONTELA LÓPEZ se pierde la continuidad…

El negocio familiar SE VENDE

 

Texto y fotos: Eduardo García Carmona

 


Los negocios familiares pasan por “mala racha” con las visicitudes políticas en España y con la continuidad fmiliar.

Una saga, CUCHARILLAS EDU “tan nosas como a gaita” que rezaba en la publicidad de los 90 ya no


“suena”, la gaita se ha quedado sin “roncón” o tubo que se apoya en el hombro del gaitero que produce una nota fundamental para la base armónica que produce el sostenimiento del sonido. Vamos, se fastidió el roncón y

EDUARDO FONTELA LÓPEZ el padre de éstas cucharillas “tan nosas como a gaita”, dice adiós porque ningún miembro de la saga familiar quiere continuar el negocio.  

Otra cosa es que algún inversor quiera mantener la firma y los productos haciéndose cargo de la producción en serie o familiar, y

pretenda continuar el mismo con los clientes de muchos años que tiene, vamos CARTERA,  porque “en casa de los Fontela” las nuevas generaciones no quieren continuar la labor del progenitor ni dándoselo todo que parece ser es mucho.

El negocio familiar tiene talleres en A CORUÑA (Galicia), troqueles y mucho producto bruto y confeccionado, además de una BUENA CLIENTELA en España e incluso en el extranjero. Qué les voy a contar.

Mejor que los interesados que se pongan en contacto con el dueño de CUCHARILLAS EDU y si interesa el negocio, que lo trate directamente.


El teléfono es 676 78 96 45.




Además de todo tipo de cucharillas para la pesca en río o mar, EDU dispone de otros productos desde cañas de pescar a carretes únicos en el mercado LOS CRACK CONTACT mejorados con un  amplio surtido en almacén.



Feliz año nuevo 2026 PESCADORES…

 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

¿GALLEROS DE BOÑAR?...

 


Javier Escanciano gallero de Boñar

Los galleros de Boñar
(artículo publicado por Miguel Delibes Setién escritor y miembro que la Real Academia Española de La Lengua).

Un relato sobre la crianza de gallos para la pesca de Amelia Robles vecina de Ranedo de Curueño

 

Texto: Miguel Delibes Setién y entradilla y fotos Eduardo García Carmona

Rebuscando en mis archivos termino de encontrar un artículo firmado por tan insigne persona que además de gran escritor sentía pasión especial por la caza y la pesca, LA PESCA Y LA CAZA, en mayúsculas.


El maestro de las letras vallisoletano era un enamorado de León y sus ríos siendo habitual verle acompañado de sus hijos, especialmente de Juan, pescando por diversos ríos como el Omaña, Órbigo, Luna o por el Curueño.

Desde su desconocimiento de “la sapina” y las referencias del guarda Paulino Gutiérrez encargado de cuidar el coto de El Castillo, hasta su encuentro con la viuda vecina de Ranedo de Curueño, Amelia Robles, Miguel Delibes supo asimilar como escritor y reportero de pesca lo que significaba una y otra cosa.

El caso es que Delibes nos hablaba de los galleros de Boñar, no de los galleros de La Cándana, Aviados, La Mata, Sopeña, La Vecilla, Valdepiélago o Campohermoso. Nosotros no somos nadie para asegurar si son GALLOS DE BOÑAR o GALLOS DE LEÓN en referencia a los de la zona del Curueño. De León son seguro. Sea como fuese, aquí en Pescarmona les ofrecemos una historia contada por el maestro DELIBES que no tiene ningún desperdicio.

Particularmente, lo mismo me da que sean GALLEROS DE BOÑAR, EL CASO ES QUE SE TRATA DE los gallos de pluma para las pesca de LEÓN, únicos en el mundo.


GALLEROS DE BOÑAR
 

Especiales, son gallos especiales, gallos que sólo se dan aquí, en estos pueblines, que sale usted de ellos y ni en Nocedo, ni en Valdorria, ni en La Mata de la Riva, ni en el mismo Boñar, que está ahí pegando, se crían. El por qué no me lo pregunte, porque, mire usted, el que un pollín de estos se críe en La Cándana y no se críe en La Vecilla, que está a un paso y más alto, es algo que no se explica, pero así es.


Cada gallo va a juego con su gallina, o sea una gallina corriente, de esas rojas que ve usted ahí, no vale para el cruce, vale para huevos pero no para hacer pollos. La gallina tiene que ser negra y gris para la pluma india, con una collarina amarilla tal que así, por el pescuezo, que es de donde se saca la pluma que llamamos flor de escoba.


Los galleros de Boñar
no se dedican a la cría de gallos de pelea, sino a la cría de gallos de río, de pluma fina. El gallo de Boñar (León), de una zona concreta de Boñar -Ranedo de Curueño, La Matica, La Cándana, Campohermoso- es un gallo de pluma lustrosa y jaspeada, apropiada para fabricar mosquitos para la pesca de salmónidos. Al decir de los entendidos, el gallo que se cría en esa zona no puede aclimatarse en otra, pierde el lustre y, en consecuencia, su poder de seducción. De ahí que

el mosco de Boñar se cotice más alto que el mosco de otros pueblos y regiones. Y de ahí también el jubileo que esas plumas provocan, bien de pescadores que prefieren manufacturarse sus engaños, bien de fabricantes de moscas, bien de los primeros que actúan como intermediarios y venden al por menor en la ciudad lo que compran en el campo al por mayor. «Alguno de esos ha hecho un dineral, menuda», le asegura al cronista Amelia

Robles, viuda, vecina de Ranedo de Curueño, que se gana la vida pelando trimestralmente dos docenas de gallos que ahora merodean en torno a la casa, escarbando entre las boñigas, emitiendo triunfales quiquiriquís. Sus vecinos, «diez, once, no, doce, también crían gallos, como todos los habitantes de esta zona, porque aunque

no nos hagan ricos, algo dejan». Conmueve el recelo de esta anciana que toma al cronista por un inspector que viene a husmear en los ingresos que le procura su modestísima industria. Tras de la casa se empinan los prados y más arriba riscos cubiertos de nieve deleznable que empieza a fundir. El agua canta en las cárcavas y corre a engrosar el caudal del Curueño, al fondo del valle, que, más abajo, afluye en el Porma. En las faldas, entre río y montaña, bosques de robles con hoja de invierno. Matos de brezo y escoba, hirsutos, encogidos, sin florecer aún.


Aquí, en Ranedo, los primeros gallos que hubo vinieron de La Matica. En La Matica, La Cándana y Campohermoso, yo he conocido estos gallos de siempre, desde que era chavala. En cambio, en Matallana, que está a un paso, ya no. Bonitos ya lo creo que son, pero hay que ver lo que comen, y de lo bueno no crea usted, que los mis pollines se alimentan de maíz, trigo y cebada, más un poco de fresco que cogen de las alfalfas. Y, también de vez en cuando, los vacuno, una vacuna contra la cólera o la peste o como la llamen. Los vacuno de recién nacidos, sí señor, apenas echan la capa, una vacuna de la botica, y luego los vuelvo a vacunar, cuando se tercia, que por un ejemplo, llega un día mi nieto y me dice: 'Abuela, a Fulano, el de La Matica, se le está muriendo un pollín'. ¿Se da cuenta?

Entonces voy yo y los vacuno. Y como yo todos los vecinos del pueblo. Y así hasta otra. Hay que atenderlos, que un gallo de estos vale mucho dinero, hasta diez mil pesetas, que una vecina mía vendió cinco el año pasado y cincuenta mil pesetas le dieron. Por eso, tanto los pollos como los huevos son especiales, que hay que ver la sustancia que tienen los huevos estos, que los de granja los echa usted en la sartén y se quedan aplastados, como la suela de un zapato, y éstos aumentan, se ponen blanquines, se rizan, da gusto verlos. En cuanto a los pollos, si valen lo que valen es por el lustre, ni más ni menos, por la raza, que desde que nacen, una vez que a los siete meses les hago la limpia, la capa ya tiene brillo, unos más que otros, natural, que, por un ejemplo, como el de flor de escoba hay pocos.


Claro que para que le salga a usted uno bueno de flor de escoba hay que tener paciencia, aunque le advierto que el corzuno, que tiene la penca más fina y así como escalerada, también se paga muy bien. El lustre es de condición, como le digo, de raza, pero para que no lo pierdan, tiene que andar el animal al aire libre y al sol, que los encierra usted un par de días y ya lo han perdido. Y lo mismo si le saca usted de aquí. Saca usted un pollo de estos pueblines y en seguida se degenera y, en cambio, le lleva usted de aquí a La Matica y se queda igual, qué digo igual, acaso mejor, ya ve qué cosas. Es como las gallinas de pluma india, esas grisinas que ve usted ahí, tan guapas. Bueno, pues una gallina de esas mejor cría en La Cándana que en cualquier parte. Y tengo ahora veintidós gallos de pluma distinta, que cada luna la trucha quiere una diferente, por lo general de negra a blanca, conforme van templando las aguas. Y he llegado a quitar catorce

mazos del lomo de un gallo. La colgadera ya es otra cosa, se paga menos. Pero he tenido gallos que entre plumas de lomo y colgaderas me han dejado más de veinte mazos. Y si cada mazo tiene doce plumas y las pelas se hacen cada tres meses, eche usted cuentas. Tanto da en invierno como en verano, sí señor, siempre que la pela se haga en menguante. El mazo puede valer hasta 500 pesetas, pero eso son los buenos, buenos, los más pasaderos no se pagan arriba de 150 ó 200. Una vez pelados, a los tres meses la pluma vuelva a salir, ni más fuerte ni más floja, aunque a veces la nueva tiene más lustre. Lo de pelar un gallo no tiene ciencia, mire, yo le cojo talque así, con esta mano le sujeto y con la otra le voy quitando pluma a pluma, eso sí, sin tirar para arriba, con cuidado, empezando por el pescuezo y terminando por el

rabo, Luego le quito todo alrededor y unas pocas colgaderas y, una vez que tengo doce plumas, ato los mazos con un hilín y las voy cosiendo en un cartón para que el plumero las vea como es debido y al gallo le unto bien con aceite para que la pela dura y no se le infecte. La vida de un gallo, como la de las personas, dura lo que Dios disponga, pero yo tengo gallos de seis años y cuanto más viejos son, mejores plumas me dan, o sea, más largas, de más obra. Por eso yo nunca

sacrifico a los mis pollines, se me mueren de viejos. Y puedo decirle otra cosa: la carne de estos gallos es más rica que la de los otros, tiene poco momio porque este gallo no es de ceba, pero sustancia, ¡ay, madre, qué sustancia tienen estos animales! ¿Si sube gente por pluma? Más cada día, y eso que el negocio está difícil, que hay que ver lo que cuesta hoy alimentar a estos bichos. Si le dijera que por un saco de trigo de cincuenta kilos estoy, pagando dos mil pesetas, no se lo cree. Y los mis pollines se comen un saco de esos en quince días, incluso ha habido meses de gastar tres sacos, que a mí me gusta echarlos a los pobrines y ellos nunca se sacian. Eso sin contar otras quiebras que hace tres años, con eso de la contaminación, la gente no pudo pescar y una servidora se quedó con toda la pela en casa. ¡Ni una pluma vendí!


Y lo mismo le digo de los bichos esos, el raposo o el garduño, o como los llamen, que el invierno pasado a mí me mató cinco pollos y treinta a la mi hija, hágase cuenta, pero de los mejorcitos, ¿eh?, muchos de ellos de flor de escoba, eso sin contar los pavos que cría para Navidad.

¿Mosquitos? Eso depende. Hay plumas de mucha obra de las que salen hasta tres, pero lo corriente es uno o dos. De todos modos, si el mazo de plumas se vende a doscientas pesetas y el mosco a ochenta, ya ve usted si trae cuenta. Eso si no compra usted colgaderas, que tienen más obra y cunden más. Así es que los clientes suben de todas partes, de León, de Santander, de Bilbao, ¡hasta de Madrid suben, hágase idea! Pero a nosotros nos trae más cuenta que vengan los plumeros, los del oficio, porque aunque pierdas mil pesetas con ellos, te dan el dinero junto y se llevan todo, lo bueno y lo malo.


Para la mosca seca se usa una pluma especial, las colgaderas esas que son un poco ablancadas, o esas otras pequeñitas, de junto a la cabeza, que es peligroso quitarlas porque a lo mejor el gallo se muere. Yo sólo las quito a veces para complacer a una

amistad, para un señor que responda, ¿me entiende?, que hay uno de Madrid que cada vez que viene por casa me pide unas plumas de esas, pero muy atento me advierte: 'Señora Amelia, si el gallo se muriera por esto, el día que vuelva por aquí se lo pago entero, ya lo sabe'.