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miércoles, 24 de junio de 2009

El Castillo...




EL GRAN COTO DEL OMAÑA

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Texto y fotos: Eduardo García Carmona
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Para llegar al acotado de El Castillo, en aguas del río Omaña, hay que atravesar desde La Magdalena una inmensa planicie, donde abunda la vegetación -principalmente pinos- y por el otro lado grandes extensiones de tierra de secano donde el agricultor extiende las semillas principalmente de cereales, a la espera de una buena cosecha, si el tiempo no lo impide. En esta zona, rica en fauna cinegética, abundando la perdiz, la liebre y en caza mayor, el jabalí y el corzo.
Llegando a la Magdalena y cruzando el río por el puente, nos encontramos con el pueblo más "ricachón" de la zona: Canales. La "diosa fortuna" hizo posible que la mayoría de sus habitantes tuviesen, en dos ocasiones, un buen pellizco del gordo de la Lotería Nacional.
Aquí ya se huele a trucha, pero trucha del río Luna, aunque este tramo libre debido al furtiveo y la gran masa de pescadores que se dan cita durante toda la temporada, está muy castigado.
Desde Canales hasta Soto y Amío nos encontramos la montaña con mucha vegetación. Por el otro lado, prados llenos de verdor atravesados por riachuelos y arroyos de agua cristalina y fresca.
Más adelante Riello, centro importante que fue, donde el próspero comercio aún se hace notar con buena afluencia de gentes de los pueblos de su alrededor. Riello es punto de partida para muchos pescadores que subiendo montaña arriba llegan hasta Castro, Trascastro o Inicio para, en el río Omaña, comenzar la faena. Allí se encuentra el final del Coto de La Omañuela, zona con buena trucha y un paraje sin igual. El río bordea los montes clavándose en las rocas de sus faldas.
Para acercarse hasta el Coto de El Castillo desde Riello, hay que llegar a Guisatecha pasando el pequeño puerto de montaña que en invierno da muchos problemas a los conductores. La carretera es estrecha, aunque el firme es bueno. Tiene un trazado plagado de curvas.
Al bajar el puerto, desde Guisatecha a El Castillo, el pescador en su viaje acompaña al río Omaña.
El Castillo es lugar de reunión de los muchos aficionados que se dan cita en la zona para pescar en su acotado. Todos tienen la misma ilusión. Esperan que la jornada sea buena y a la "pintona" le dé por entrar al señuelo. Hay muy buena trucha, pero no todos los días entran con la misma gana a los mosquitos o al "hierro".

ZONAS DE PESCA

Metidos en el acotado, en el mismo pueblo del que toma el nombre, una vez cruzado el pueblo, nos encontramos con una inmensa pradera donde en muchas ocasiones, si el tiempo climatológico acompaña, se preparan buenas comidas y meriendas al fuego de leña. En esa pradera, se encuentra el punto de partida de la mayoría de pescadores.
Enfrente, casi pegada al puente por su parte superior, encontramos una excelente tabla -yo la llamo la del arroyo de la serrería-. Es una tabla amplia y fácil de pescar que tiene buena trucha. Las primeras varadas son, a buen seguro, en este tramo del coto.
Unos tiran para arriba. Otros del puente para abajo. Lo cierto es que todo el coto es bueno y el pescador lo camina sin descanso.
En la parte superior hasta Vegarienza, las tabladas son continuas, con mucha arboleda a un lado y otro, que hacen que el pescador selecciones más el "lance" con la caña, demostrando su destreza, o moviendo con singular alegría la muñeca para meter los señuelos en el sitio preciso. Así y todo, es foto diaria ver las cuerdas colgando en las ramas de los árboles.
La zona del "puerto" es muy buena. Es aquí donde se consiguen buenas capturas. Las aguas son remansadas y excelentes para mosca seca. Para el sereno es sensacional a mosquito ahogado, sobre todo el comienzo de la tablona, donde las aguas llegan más vivas y comienzan a remansarse.
Si elegimos pescar río abajo, partiendo del puente de El Castillo, muy próximo al mismo nos encontramos con otra inmensa tablona que tiene mucha trucha. Las ruinas del viejo Castillo, señorial que lo fue en otros tiempos, vigilan al pescador. Sus torres o torreones maltrechos, se clavan en el azul cielo. Esta tablada tiene zonas abiertas y anchas, también pozos profundos junto a las rocas del castillo. A continuación existen buenas corrientes de agua para la cucharilla, hasta llegar al recodo donde el río hace una "s" al chocar con la montaña. Es allí, donde unas fuentes de agua fría y cristalina, sacian la sed del cansado pescador. Desde este tramo hasta el final del coto son múltiples y muy llamativas las zonas donde el pescador prueba suerte en el lance.
¿Y la trucha del Omaña?... ¡Ay que trucha tiene este río! Es brava como ninguna y cuando muerde el señuelo, que grata y reconfortante llega la tensión al pescador. La caña se cimbrea sin parar. Con tiento y talento pero sin prisa, se va recogiendo el sedal hasta que la captura llega a la cesta. ¡Qué belleza... y qué pintas tiene la trucha del Omaña! Son rojas, rojas, como ninguna otra ¡Qué delicia!
El Castillo es uno de los mejores cotos de León. Tiene abundancia de trucha y de calidad, aunque el verano pasado envenenase sus aguas, a la altura de las cuadras de Manolo. El paisaje que rodea la zona es maravilloso. Sus aguas son de las más limpias de la provincia. El fondo del río tiene muchas piedras que son cobijo de las “pintonas”. Desde el puente se las puede observar.
Lo peor, que tiene el coto de El Castillo y el río Omaña, son los vertidos incontrolados, principalmente de las cuadras de los pueblos próximos, que hacen que en muchas ocasiones se estropee el día de pesca enturbiando sus aguas, haciendo posible que un día las piedras del fondo estén limpias y otro, sucias y resbaladizas.

LÍMITES DEL COTO

El coto comienza a unos 50 metros aguas arriba del Puente de Vegarienza, en el lugar conocido por el puente de "las cuadras de Manolo", junto a la pradera conocida por "El Borro", para finalizar en el puente de Guisatecha.
La longitud del acotado es de 5.500 metros, siendo la anchura media del cauce de unos 15 metros aproximadamente. La distancia desde León, es de unos 65 kilómetros. Está prohibido pescar a cebo natural durante toda la temporada.
Los arroyos más importantes que vierten sus aguas al Omaña en esta zona son, en Vegarienza, el Valduin, y en El Castillo, el arroyo del Valle o río Santibañez, que antes toma las aguas del arroyo de Manzaneda.

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