.jpg) |
| Javier Escanciano gallero de Boñar |
Los
galleros de Boñar
(artículo publicado por Miguel Delibes Setién escritor y miembro que la Real
Academia Española de La Lengua).
Un
relato sobre la crianza de gallos para la pesca de Amelia Robles vecina de Ranedo de Curueño
Texto:
Miguel Delibes Setién y entradilla y fotos Eduardo García Carmona
Rebuscando
en mis archivos termino de encontrar un artículo firmado por tan insigne
persona que además de gran escritor sentía pasión especial por la caza y la
pesca, LA PESCA Y LA CAZA, en mayúsculas.
El
maestro de las letras vallisoletano era un enamorado de León y sus ríos siendo
habitual verle acompañado de sus hijos, especialmente de Juan, pescando por
diversos ríos como el Omaña, Órbigo, Luna o por el Curueño.
Desde
su desconocimiento de “la sapina” y las referencias del guarda Paulino Gutiérrez
encargado de cuidar el coto de El Castillo, hasta su encuentro con la viuda
vecina de Ranedo de Curueño, Amelia Robles, Miguel Delibes supo asimilar como
escritor y reportero de pesca lo que significaba una y otra cosa.
El
caso es que Delibes nos hablaba de los galleros de Boñar, no de los galleros de
La Cándana, Aviados, La Mata, Sopeña, La Vecilla, Valdepiélago o Campohermoso.
Nosotros no somos nadie para asegurar si son GALLOS DE BOÑAR o GALLOS DE LEÓN
en referencia a los de la zona del Curueño. De León son seguro. Sea como fuese, aquí en Pescarmona
les ofrecemos una historia contada por el maestro DELIBES que no tiene ningún
desperdicio.
Particularmente,
lo mismo me da que sean GALLEROS DE BOÑAR, EL CASO ES QUE SE TRATA DE los
gallos de pluma para las pesca de LEÓN, únicos en el mundo.
GALLEROS
DE BOÑAR
Especiales, son gallos
especiales, gallos que sólo se dan aquí, en estos pueblines, que sale usted de
ellos y ni en Nocedo, ni en Valdorria, ni en La Mata de la Riva, ni en el mismo
Boñar, que está ahí pegando, se crían. El por qué no me lo pregunte, porque,
mire usted, el que un pollín de estos se críe en La Cándana y no se críe en La
Vecilla, que está a un paso y más alto, es algo que no se explica, pero así es.
Cada gallo va a juego
con su gallina, o sea una gallina corriente, de esas rojas que ve usted ahí, no
vale para el cruce, vale para huevos pero no para hacer pollos. La gallina
tiene que ser negra y gris para la pluma india, con una collarina amarilla tal
que así, por el pescuezo, que es de donde se saca la pluma que llamamos flor de
escoba.
.jpg)
Los galleros de Boñar
no se dedican a la cría de gallos de pelea, sino a la cría de gallos de río, de
pluma fina. El gallo de Boñar (León), de una zona concreta de Boñar -Ranedo de
Curueño, La Matica, La Cándana, Campohermoso- es un gallo de pluma lustrosa y
jaspeada, apropiada para fabricar mosquitos para la pesca de salmónidos. Al decir
de los entendidos, el gallo que se cría en esa zona no puede aclimatarse en
otra, pierde el lustre y, en consecuencia, su poder de seducción. De ahí que
el
mosco de Boñar se cotice más alto que el mosco de otros pueblos y regiones. Y
de ahí también el jubileo que esas plumas provocan, bien de pescadores que
prefieren manufacturarse sus engaños, bien de fabricantes de moscas, bien de
los primeros que actúan como intermediarios y venden al por menor en la ciudad
lo que compran en el campo al por mayor. «Alguno de esos ha hecho un dineral,
menuda», le asegura al cronista Amelia
Robles, viuda, vecina de Ranedo de
Curueño, que se gana la vida pelando trimestralmente dos docenas de gallos que
ahora merodean en torno a la casa, escarbando entre las boñigas, emitiendo
triunfales quiquiriquís. Sus vecinos, «diez, once, no, doce, también crían
gallos, como todos los habitantes de esta zona, porque aunque
no nos hagan
ricos, algo dejan». Conmueve el recelo de esta anciana que toma al cronista por
un inspector que viene a husmear en los ingresos que le procura su modestísima
industria. Tras de la casa se empinan los prados y más arriba riscos cubiertos
de nieve deleznable que empieza a fundir. El agua canta en las cárcavas y corre
a engrosar el caudal del Curueño, al fondo del valle, que, más abajo, afluye en
el Porma. En las faldas, entre río y montaña, bosques de robles con hoja de
invierno. Matos de brezo y escoba, hirsutos, encogidos, sin florecer aún.
.jpg)
Aquí, en Ranedo, los
primeros gallos que hubo vinieron de La Matica. En La Matica, La Cándana y
Campohermoso, yo he conocido estos gallos de siempre, desde que era chavala. En
cambio, en Matallana, que está a un paso, ya no. Bonitos ya lo creo que son,
pero hay que ver lo que comen, y de lo bueno no crea usted, que los mis
pollines se alimentan de maíz, trigo y cebada, más un poco de fresco que cogen
de las alfalfas. Y, también de vez en cuando, los vacuno, una vacuna contra la
cólera o la peste o como la llamen. Los vacuno de recién nacidos, sí señor,
apenas echan la capa, una vacuna de la botica, y luego los vuelvo a vacunar,
cuando se tercia, que por un ejemplo, llega un día mi nieto y me dice: 'Abuela,
a Fulano, el de La Matica, se le está muriendo un pollín'. ¿Se da cuenta?
Entonces voy yo y los vacuno. Y como yo todos los vecinos del pueblo. Y así
hasta otra. Hay que atenderlos, que un gallo de estos vale mucho dinero, hasta
diez mil pesetas, que una vecina mía vendió cinco el año pasado y cincuenta mil
pesetas le dieron. Por eso, tanto los pollos como los huevos son especiales,
que hay que ver la sustancia que tienen los huevos estos, que los de granja los
echa usted en la sartén y se quedan aplastados, como la suela de un zapato, y
éstos aumentan, se ponen blanquines, se rizan, da gusto verlos. En cuanto a los
pollos, si valen lo que valen es por el lustre, ni más ni menos, por la raza,
que desde que nacen, una vez que a los siete meses les hago la limpia, la capa
ya tiene brillo, unos más que otros, natural, que, por un ejemplo, como el de
flor de escoba hay pocos.

Claro que para que le
salga a usted uno bueno de flor de escoba hay que tener paciencia, aunque le
advierto que el corzuno, que tiene la penca más fina y así como escalerada,
también se paga muy bien. El lustre es de condición, como le digo, de raza, pero
para que no lo pierdan, tiene que andar el animal al aire libre y al sol, que
los encierra usted un par de días y ya lo han perdido. Y lo mismo si le saca
usted de aquí. Saca usted un pollo de estos pueblines y en seguida se degenera
y, en cambio, le lleva usted de aquí a La Matica y se queda igual, qué digo
igual, acaso mejor, ya ve qué cosas. Es como las gallinas de pluma india, esas
grisinas que ve usted ahí, tan guapas. Bueno, pues una gallina de esas mejor
cría en La Cándana que en cualquier parte. Y tengo ahora veintidós gallos de
pluma distinta, que cada luna la trucha quiere una diferente, por lo general de
negra a blanca, conforme van templando las aguas. Y he llegado a quitar catorce
mazos del lomo de un gallo. La colgadera ya es otra cosa, se paga menos. Pero
he tenido gallos que entre plumas de lomo y colgaderas me han dejado más de
veinte mazos. Y si cada mazo tiene doce plumas y las pelas se hacen cada tres
meses, eche usted cuentas. Tanto da en invierno como en verano, sí señor,
siempre que la pela se haga en menguante. El mazo puede valer hasta 500
pesetas, pero eso son los buenos, buenos, los más pasaderos no se pagan arriba
de 150 ó 200. Una vez pelados, a los tres meses la pluma vuelva a salir, ni más
fuerte ni más floja, aunque a veces la nueva tiene más lustre. Lo de pelar un
gallo no tiene ciencia, mire, yo le cojo talque así, con esta mano le sujeto y
con la otra le voy quitando pluma a pluma, eso sí, sin tirar para arriba, con
cuidado, empezando por el pescuezo y terminando por el
rabo, Luego le quito
todo alrededor y unas pocas colgaderas y, una vez que tengo doce plumas, ato
los mazos con un hilín y las voy cosiendo en un cartón para que el plumero las
vea como es debido y al gallo le unto bien con aceite para que la pela dura y no
se le infecte. La vida de un gallo, como la de las personas, dura lo que Dios
disponga, pero yo tengo gallos de seis años y cuanto más viejos son, mejores
plumas me dan, o sea, más largas, de más obra. Por eso yo nunca
sacrifico a los
mis pollines, se me mueren de viejos. Y puedo decirle otra cosa: la carne de
estos gallos es más rica que la de los otros, tiene poco momio porque este
gallo no es de ceba, pero sustancia, ¡ay, madre, qué sustancia tienen estos
animales! ¿Si sube gente por pluma? Más cada día, y eso que el negocio está
difícil, que hay que ver lo que cuesta hoy alimentar a estos bichos. Si le
dijera que por un saco de trigo de cincuenta kilos estoy, pagando dos mil
pesetas, no se lo cree. Y los mis pollines se comen un saco de esos en quince días,
incluso ha habido meses de gastar tres sacos, que a mí me gusta echarlos a los
pobrines y ellos nunca se sacian. Eso sin contar otras quiebras que hace tres
años, con eso de la contaminación, la gente no pudo pescar y una servidora se
quedó con toda la pela en casa. ¡Ni una pluma vendí!
.jpg)
Y lo mismo le digo de
los bichos esos, el raposo o el garduño, o como los llamen, que el invierno
pasado a mí me mató cinco pollos y treinta a la mi hija, hágase cuenta, pero de
los mejorcitos, ¿eh?, muchos de ellos de flor de escoba, eso sin contar los
pavos que cría para Navidad.
¿Mosquitos? Eso depende. Hay plumas de mucha obra
de las que salen hasta tres, pero lo corriente es uno o dos. De todos modos, si
el mazo de plumas se vende a doscientas pesetas y el mosco a ochenta, ya ve
usted si trae cuenta. Eso si no compra usted colgaderas, que tienen más obra y
cunden más. Así es que los clientes suben de todas partes, de León, de
Santander, de Bilbao, ¡hasta de Madrid suben, hágase idea! Pero a nosotros nos
trae más cuenta que vengan los plumeros, los del oficio, porque aunque pierdas
mil pesetas con ellos, te dan el dinero junto y se llevan todo, lo bueno y lo
malo.

Para la mosca seca se
usa una pluma especial, las colgaderas esas que son un poco ablancadas, o esas
otras pequeñitas, de junto a la cabeza, que es peligroso quitarlas porque a lo
mejor el gallo se muere. Yo sólo las quito a veces para complacer a una
amistad, para un señor que responda, ¿me entiende?, que hay uno de Madrid que
cada vez que viene por casa me pide unas plumas de esas, pero muy atento me
advierte: 'Señora Amelia, si el gallo se muriera por esto, el día que vuelva
por aquí se lo pago entero, ya lo sabe'.