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miércoles, 16 de noviembre de 2011

BACHENDE... la nostalgia de un recuerdo...


El coto de Bachende visto desde el puente
 SE LO LLEVÓ EL PANTANO...

En el puente de Huelde: Eduardo, Begoña, Silvia, Noemí, Mila y Vicente.
 ...BACHENDE    “El Internacional”
                  
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Texto y fotos: Eduardo García Carmona
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Coto de Bachende desde la carretera
            Qué bonito sobrenombre tenía el desaparecido coto de Bachende, “El Internacional” y es que en sus aguas disfrutaron pescado aficionados de los cinco continentes.

Este acotado fue uno de los primeros creados en la provincia de León.

Los accesos para llegar a este coto eran muy fáciles. ¿Quién no conocía dónde estaba el viejo Riaño?. Muchísimas personas saben que ahora está bajo las aguas del pantano que lleva su propio nombre.

         Hasta la localidad de Las Salas prácticamente todo es igual: río, paisaje, pueblos... La carretera y otras circunstancias han cambiado sensiblemente para mejor. Después de esta localidad comienzan los recuerdos....En “la era”, acampados, pasamos grandes días de descanso y pesca mi amigo Juan Moreno y yo. En algunas ocasiones acompañados de José “relojes”, Vicente “el pesca”, Antonio Adan y sus respectivas familias, al completo. Lo que comenzamos, medio en broma, llamando “la semana del padre”: siete días alejados del mundanal ruido, dedicados por completo al contacto con la naturaleza, especialmente con el río y todo lo que le rodeaba, se llegó a convertir en una crónica anual, contada en Diario de León, de las aventuras y situaciones allí vividas. La semana llegó a convertirse en la quincena, para finalizar con el mes completo de vacaciones. Nos integramos tanto en el lugar y con sus gentes, que llegamos a considerarnos de aquel lugar. Conocíamos, palmo a palmo, todo el terreno desde La Salas a Riaño. Cada rincón del río tenía su nombre y en El Escudiello su lugar de baño, donde los jóvenes lugareños y allegados que visitaban la zona en verano, acudían a disfrutar.

Mila, Vicente, Eduardo y Begoña, antes de cerrarse el pantano de Riaño.
         Pero en este viaje imaginario hacia Bachende, nos despedimos de Las Salas...

¡Adiós querida Manuela, Serafín, Loly, Belén y demás buena gente del lugar! ...

Veo de frente el muro del pantano. Ese gigante de cemento, esa obra faraónica todavía no tenía sus compuertas cerradas. A la derecha partía la carretera hacia Remolina y el arroyo del mismo nombre que vierte sus aguas al Esla. ¡Cuantas veces hicimos el camino andando y cuantas veces comentábamos los hermoso que es ese pueblo. Ya estamos metidos en el túnel viejo, hoy bajo las aguas. En pleno mes de Julio el frescor se agradecía. Las gotas de agua que se filtraban de la montaña caían sobre el parabrisas del coche... Al salir, miramos y remiramos lo que nuestros ojos alcanzan a ver entre los picos elevados de la montaña. En nuestra retina  queda el recuerdo. Allí estaba Huelde y su pequeño, pero particular puente, atravesado por un Esla que jamás volveremos a ver.

En la puerta del Bar de Huelde: Vicente, Paco, esposa, Eduardo y Noemí.
         En Huelde entramos en Casa Paco, parada obligada del pescador, donde siempre éramos bien atendidos... y donde nos servían, siempre, un riquísimo vino blanco amontillado, fresquito, que no sé de donde lo traían, pero que estaba delicioso. Con esto llega la charla y las preguntas: ¿que tal las truchas? ¿Se mueven hoy?... ¿Y el río?... Era la  rutina de todos los pescadores.

         El "Internacional", el coto de Bachende, terminaba precisamente aquí, en el puente de Huelde. Mas allá, estaba el comienzo, en el puente de Bachende antes de enfilar la última curva para coger  la recta que nos llevaba hasta Riaño, aquél Riaño del recuerdo, con olor a establo y pan y con bullicio y vida en todas su calles. Pero antes,  en este recorrido del recuerdo, nos encontrabamos con un paraje ideal, bonito cien por cien, con altas rocas que vigilaban a un lado, con praderas, arboledas y con el Esla por medio, que tenia en este acotado tablas largas y hermosas para disfrutar del lance pescando. Justo en el medio del acotado, el arroyo de Anciles. A su lado la estrecha carretera que nos llevaba, entre rocas, a ese hermoso pueblecito. Anciles está más vivo y real en mi mente, ahora en verano que en el invierno, cuando estaba poco habitado y solitarias sus callejuelas. ¡Qué fuente tenía Anciles, con agua pura, cristalina y fría! Fuente con historia propia, la historia que le dieron los pastores.

Pepe "relojes" pescanmdo en una hermosa tabla de Bachende.
         Todo el coto de Bachende era bueno para la práctica de la pesca y fácil de caminar. Era mejor la margen que se encontraba pegada a la carretera, donde encontrábamos praderas y mucha arboleda. Enfrente, a pies del Esla,  la montaña con sus rocas blanquecinas, por eso resultaba más complicado pescar en la otra parte parte. 

Eduardo pescando en Bachende en 1982
MI ÚLTIMA JORNADA DE PESCA EN BACHENDE 

         Recuerdo la última vez que pesqué allí. Era el verano del 1982. El río Esla bajaba mermado, muy mermado, en su caudal, según mi cuaderno de pesca. Era aconsejable  pescar al sereno de la mañana o al atardecer y hacerlo aguas arriba.

         Aunque todo el acotado era bueno para el arte de pescar, destacaba, entre otros, el comienzo del mismo en el puente de Bachende, con unos buenos rápidos de agua.

Trucha de casi 5 kilos pescada en el Pantaño de Riaño.
         Si recomendamos el principio, también era excelente el final. El tramo desde el puente de Huelde, terminación del coto, aguas arriba, tenía una tabla hermosa para el lance, hablamos de la tabla de "el puerto", donde los pescadores disfrutaban de lo lindo, con  la bravura y calidad de la trucha que tenía.

Juan Moreno, Eduardo y Vicente.
         Eran muchos los aficionados que pescaban en este acotado a cebo, entonces estaba permitido. Se conseguían, por la mañana temprano, excelentes ejemplares en la zona del pozo de la "ese", o en el de los "peñones".

         El acotado de Bachende fue una maravilla para el pescador, con el recreo visual de un paraje sin igual y un contraste bello y hermoso... el verdor de los prados y arboleda y las rocas reflejándose en las limpias aguas del Esla.

         Mi tocayo, Eduardo Redondo, era el guarda de este acotado, que vigilaba con esmero y cariño, siendo  respetuoso y atento para el pescador. Era, además de guarda, un amigo para los pescadores.

         Dejamos Bachende, hermosura de acotado que lo fue, de rica y sabrosa trucha. Lo dejamos con pena en el corazón,

         Hasta siempre Bachende. Nunca podrás salir de nuestra mente, al menos de los que pudimos gozar pescando en ese tramo desaparecido. Nos quedamos con nuestra imaginación repleta de imágenes bellas, algunas plasmadas en fotografías dentro de este reportaje.


EL PANTANO DE RIAÑO, LUGAR PARA EL OCIO, RECREO Y LA PESCA 

         Riaño es una localidad nueva, con edificios que prestan todos los servicios, algunos de los que carecía el antiguo pueblo. Sólo se puede ver hoy alguna piedra del pasado. Es el caso de la iglesia de Pedrosa del Rey que preside esta parte de la montaña y que tiene una portada románica del siglo XII. Una iglesia trasladada piedra a piedra para que no se ahogase en el pantano junto a las casas de los lugareños, labradas con roca caliza de las montañas vecinas y construidas por los propios habitantes y alguna en “hacendera” o “facendera local” como se dice en la montaña.

Truchas de Bachende 
         Ni siquiera los vecinos que habitan hoy la villa son sus antiguos moradores. Muy pocos se quedaron. Tal vez algún hijo de los hijos que ha conservado tradiciones. Ya no es Riaño una villa dedicada al ganado, a la tierra y al pastoreo. Es una villa más de servicios que ganadera, aunque también ofrece mucho encanto, con un paisaje muy distinto al de antaño. Aquella fue destruida en Julio de 1987 para tardar poco más de seis años el crearse y construir la nueva.

Cupo en Bachende. Año 1982
El pico Yordas, El Nebloso y otras montañas siguen presentes, pero me atrevo a apuntar que más tristes, viéndose en el espejo permanente de las aguas del pantano.

El nuevo pueblo tiene una distribución en barrios: el de arriba y el de abajo. El de arriba, con la calle principal, es un escaparate que se mira en el embalse. Los edificios disponen de soportales que albergan tiendas y otros establecimientos, dándole un aire moderno a la localidad. Es la zona de mayor ocio para el visitante con buenos bares, cafeterías, restaurantes y hoteles.

Juan Moreno pescando en Bachende.
         El barrio de abajo, más próximo al agua,  tiene un recinto ferial donde se compran y venden los mejores ejemplares de ganado bovino, equipo y ovino de toda la comarca. Se trata de una zona residencial con casas individuales que pretende ser un reflejo de lo que fue el viejo Riaño, aunque sin conseguirlo. Tampoco se ha conseguido, ni se conseguirá hacer desaparecer dos fechas en la mente de los más antiguos moradores de este valle de la montaña leonesa: 25 de Febrero de 1966 y 7 de Julio de 1987. La primera de la fechas fue cuando Francisco Franco autorizó la ejecución de la presa de Remolina, aunque todos la conocen por Riaño. La segunda es la fecha del comienzo de la demolición del viejo Riaño y otros pueblos del valle.

Los capilotes de la montaña riañesa.
Una flor que nace en este valle, “el capilote”, fue elegida como símbolo reivindicativo de unas gentes que no querían  abandonar sus casas, ni el valle. 

Pantano de Riaño desde embarcación.
          PESCAR EN EL PANTANO 

Es imprescindible partir del embarcadero que existe en la población, si se pretende conocer el pantano desde el agua, en barca. Existen viajes turísticos patrocinados por el ayuntamiento de la localidad. Quien posea embarcación podrá disfrutar de lo lindo, porque las aguas de este pantano ofrecen miles de oportunidades de pesca, especialmente de trucha, con aguas de arroyos de la montaña que vierten su caudal al mismo y donde las truchas abundan.